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El cine venezolano resiste a pesar de la crisis

Rodaje de la película 'Gilma' en Caracas, el 1 de marzo de 2019
Rodaje de la película 'Gilma' en Caracas, el 1 de marzo de 2019 Captura de pantalla / France 24

La falta de recursos estatales y problemáticas como la seguridad y la escasez han afectado a la industria cinematográfica de Venezuela. Productores multiplican esfuerzos para seguir rodando en el país pese a las dificultades.

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La crisis económica y social que vive Venezuela ha afectado a diversos sectores productivos del país. Entre ellos, el cine no escapa a esa realidad. Esta industria, que supo vivir momentos de bonanza a principios de esta década, se enfrenta a grandes obstáculos.

El cine venezolano había logrado un impulso a partir de la puesta en marcha de la Ley de la Cinematografía Nacional en 2005, normativa que creó el Fondo de Promoción y Financiamiento del Cine (FONPROCINE), mecanismo a través del cual el Estado destinaba un porcentaje de lo recaudado en la taquilla de las salas a la producción cinematográfica.

“Entre 2009 y 2013, fueron años bastante esplendorosos para el cine venezolano. Se produjeron muchas películas, las cuales ganaron premios en festivales de cine como Venecia y San Sebastián. Y también fueron importantes para el mercado nacional, con filmes que lograron entre 400 y 600 mil espectadores y hasta 2 millones en un caso”, explicó Carlos Malavé, vicepresidente de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela (ACACV).

Sin embargo, el declive económico del país se llevó consigo a la industria del cine y, en la actualidad, los fondos estatales, que eran puntal del financiamiento de la producción, son prácticamente nulos.

“En estos momentos estamos viviendo una situación muy dura porque evidentemente hay pocos recursos para el cine. Por ejemplo, el Instituto de Cine está dándole a un productor para hacer una película el equivalente a 10 o 15 dólares”, agregó Malavé, quien también es presidente de la Cámara de Productores de Largometrajes (CAVERPOL).

Según Malavé, la caída de la producción ha provocado que productores y otros experimentados trabajadores de la industria hayan emigrado del país en busca de nuevas oportunidades.

Y agregó que, a pesar de que los costos de producción siguen siendo económicos, tanto productores nacionales como extranjeros deben considerar otros aspectos a la hora de decidir rodar en Venezuela, como la seguridad, la escasez de alimentos y la falta de renovación de los artefactos tecnológicos. A todo eso, se suma que el público carece de recursos para ir al cine.

“La crisis económica y social que tenemos en el país hace que la gente, antes de sacar una entrada al cine, prefiera comprar un pedazo de pan, comida o medicinas”, subrayó.

Los productores sortean los obstáculos e impulsan un cine como reflejo de la realidad

Beto Benites y Constanza Profeta son coproductores de la película 'Gilma', que se está rodando en Caracas, la capital venezolana. Ambos se asociaron junto a otros colegas para sacar adelante una película que trata temáticas actuales como la crisis hospitalaria y la violencia contra la mujer.

“No son pocas las películas que se están produciendo en Venezuela. A muchos, tanto aquí como en el exterior, les extraña cómo se sigue haciendo cine en el país. El cineasta siempre va a encontrar la manera de hacerlo. Cada quien está inventando un modelo de producción”, destacó Benites, un productor peruano radicado en Venezuela quien subrayó que los fondos estatales del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) se redujeron “a nada”.

“Evidentemente producir en tiempos de crisis es muy complejo, desde la escasez de los alimentos hasta la falta de servicios o dificultades para ciertos suministros. Pero bueno, como productores tenemos que ingeniárnoslas para sacar el proyecto adelante. Eso nos mueve”, agregó Profeta.

Para estos productores, el cine también es una herramienta de visibilización de problemas reales y, en 'Gilma', reflejan la historia –basada en hechos reales- de una mujer víctima de violencia de género que debe ser cuidada durante su hospitalización por su sobrina, Isabel, a quien ha criado. El filme aborda así el problema de la violencia de género y las dificultades que atraviesa el sistema de salud.

“La película toca temas muy sensibles, que son muy actuales y que no solo son de la realidad venezolana, sino muy latinoamericanos”, recalcó Profeta.

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