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Arte+France 24

Evan Atar, el médico de los supervivientes en Sudán del Sur

Es uno de los médicos más conocidos de su país, Sudán del Sur. En octubre pasado, el Dr. Evan Atar Adaha ganó el Premio Nansen otorgado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que reconoce a las principales figuras humanitarias. Con razón.
Es uno de los médicos más conocidos de su país, Sudán del Sur. En octubre pasado, el Dr. Evan Atar Adaha ganó el Premio Nansen otorgado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que reconoce a las principales figuras humanitarias. Con razón. ARTE

Con 53 años, el médico Evan Atar, mejor conocido como 'Dr. Atar', desarrolla una loable labor en Sudán del Sur. Su dedicación lo llevó a convertir un deteriorado centro de salud en la localidad de Bunj en un hospital.

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Más que un centro asistencial, el espacio se ha convertido en la esperanza para cerca de 200.000 personas en Sudán del Sur.

Evan Atar inició esa labor hace siete años, para ese entonces la nación, que cuenta con 12 millones de habitantes, solamente tenía 120 médicos. En la actualidad, el hospital que dirige cuenta con 100 camas y el único quirófano de la zona. Cada martes practica diversas operaciones.

Nació en el seno de una familia de agricultores y a pesar de no contar con las mejores condiciones para desarrollar sus estudios, los hizo. Recuerda que un cuento de su madre lo impulsó hacia los libros. "Iba a estudiar unas horas y luego volvía para cuidar las cabras y el ganado", cuenta.

Cursó sus estudios en Egipto y los finalizó en 1997. Poco tiempo después recibió una oferta para trabajar en una misión en Sudán. En la actualidad se desempeña en Malban, pero antes ejerció en un hospital de la región de Krumuk, en el sureste de Sudán.

"En 2011 comenzó la guerra en Sudán, fue muy peligroso, pude recoger los pocos equipos y nos trasladamos. Pude haber ido a Etiopía pero no lo hice por mis pacientes", recuerda Atar.

Acuerdo de paz, una nueva esperanza para la nación africana

En la actualidad, el Dr. Atar trabaja con 80 empleados y todos comparten una cosa en común: son de la zona y son refugiados. Uno de ellos es Daniel, su jefe de enfermeros y quien ha sido su mano derecha desde que conoció a Atar en el año 2003.

Antes de sumarse a las labores de enfermería luchó con los rebeldes en Sudán del Sur. "No nos trataban como personas, una vez quemaron mi casa y mi cosecha", afirma Daniel.

"Decidí sumarme al equipo médico luego de recibir un disparo en mi brazo derecho (…) Tras recuperarme quise integrarme a labores de ayuda", dijo el jefe de enfermeros.

El hospital funciona con recursos provenientes del fondo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y Samaritanian´s Purse, una organización estadounidense de ayuda humanitaria.

Atar duerme en una pequeña tienda ubicada a un costado del hospital. Su familia está en Kenia, específicamente en Nairobi y solo la ve tres veces al año. Cada noche desarrolla el mismo ritual, comunicarse con su familia gracias a los avances tecnológicos.

Es muy crítico de las acciones del Gobierno de Sudán del Sur. "La comunidad internacional vio como despilfarramos los recursos y los fondos (…) con lo que nos dieron tendríamos hoy 100 hospitales en el país", sostiene.

No obstante, el acuerdo de paz alcanzado en septiembre ha abierto una nueva esperanza para el país y el Dr. Atar ya tiene en mente cuál será su próximo paso: ampliar el actual hospital de Bunj.

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