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Haití, la otra crisis de América

Un hombre pasa al lado de neumáticos encendidos y un ataúd de una víctimas de las protestas antigubernamentales, puesto en la calle por familiares y manifestantes, en Puerto Príncipe, Haití, el 4 de marzo de 2019.
Un hombre pasa al lado de neumáticos encendidos y un ataúd de una víctimas de las protestas antigubernamentales, puesto en la calle por familiares y manifestantes, en Puerto Príncipe, Haití, el 4 de marzo de 2019. Jeanty Junior Augustin TPX / Reuters

Corrupción, economía maltrecha y emergencia social motivaron las multitudinarias marchas que se apoderaron del país durante las últimas semanas. La nación más pobre de Latinoamérica acumula sus crisis y depende de la ayuda exterior para no colapsar.

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Mientras Venezuela está al centro de la atención debido a una crisis que crece en intensidad día a día, hay otro país en América que atraviesa una situación explosiva, pero que al que no se ha concedido semejante seguimiento: Haití, nación caribeña compuesta por unas 11 milones de almas, ha sido el escenario de violentas protestas que han revelado una profunda crisis.

Fue la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que dio la alarma sobre la gravedad de la situación actual. El pasado 27 de febrero, en un comunicado, la entidad expresó su "preocupación" sobre el "desabastecimiento" de productos básicos que golpea a Haití a raíz de la crisis en curso, pero también informó que las protestas dejaron al menos 26 personas muertas y 77 heridos.

Un saldo trágico que marca un episodio más en las actuales tensiones sociopolíticas y en la historia convulsa de ese país de apenas 27.000 km2. Primer territorio latinoamericano en ser liberado del yugo colonial y primera nación negra, la trayectoria de Haití se caracteriza por la inestabilidad institucional y las falencias económicas que se arrastraron hasta hoy. En el blanco de los manifestantes: Jovenel Moïse, un presidente impopular que ha concentrado todas las críticas a causa de una coyuntura que se volvió insostenible para millones de sus administrados.

Esta última oleada de protestas, que estallan esporádicamente, se desató a raíz del intento del Gobierno de alzar el precio de los combustibles, en julio pasado, por recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI). Una medida difícilmente aceptable en un país con una inflación galopante, donde además aproximadamente el 60% de la población vive con menos de 2 dólares estadounidenses por día y donde el Producto Interno Bruto, la riqueza del país, por habitante se evaluaba, en 2014, a 830 $, siete veces menos que la vecina República Dominicana.

Un hombre levanta el puño durante una marcha por las calles de Puerto Príncipe, el 23 de noviembre de 2018, exigiendo la renuncia del presidente haitiano, Jovenel Moise.
Un hombre levanta el puño durante una marcha por las calles de Puerto Príncipe, el 23 de noviembre de 2018, exigiendo la renuncia del presidente haitiano, Jovenel Moise. Hector Retamal / AFP

"Vivimos en un país con desigualdades muy notorias, tenemos por un lado un pequeño grupo que se enriquece y, por otro lado, la mayoría que se empobrece día a día", explicó a France 24 Valéry Daudier, periodista de la redacción del diario 'Le Nouvelliste'. "Entonces tan solo un empujoncito basta para que se levante la población contra el poder, que además no es popular".

Petrocaribe: una posible "maquinaria de corrupción" sin precedentes

El empujoncito de las más recientes protestas fue un informe muy critico acerca de la gestión de los fondos de Petrocaribe; un programa de cooperación lanzado por la Venezuela de Chávez con varios países de la región, en 2005, cuyo objetivo era financiar proyectos de infraestructuras a través de la bonanza petrolera de Caracas.

En este documento publicado por una alta Corte administrativa, de los más de 2.230 millones de dólares presupuestados por los 6 gobiernos averiguados por esta auditoría, solo unos 1.730 millones aparecen tras revisión, lo que representa un hueco de 500 millones de dólares.

Se cuestiona el actuar de 15 responsables políticos y altos funcionarios, entre 2008 y 2016, por este posible desfalco. Ni los primeros ministros ni los presidentes se libran de este escándalo, y el actual mandatario, Jovenel Moïse, aunque no tenía funciones políticas en ese período, aparece en el informe por su papel como empresario.

En el actual movimiento social, "Petrocaribe es lo que hizo inclinar la balanza y que casi le costó el poder al presidente, ya que su nombre es citado en este caso", comentó Valéry Daudier.

"Lo que impacta es que no hemos notado grandes proyectos llevándose a cabo", explicó Daudier. De hecho, de los 409 proyectos documentados por la auditoría, se evidencia que muchos fueron inflados o que quedaron abandonados. "Se construyeron tramos de carreteras, una pequeña escuela, un viaducto, y ya, no hay nada más concreto", agregó el periodista. "La gente pide cuentas sobre Petrocaribe, hay sospechas de sobrefacturación" y que el programa haya servido como "maquinaria de corrupción" para las élites haitianas.

Elegido a finales de 2016 a raíz de un escrutinio que reunió apenas el 18% de los inscritos, y que fue la repetición de un proceso anulado en 2015, la legitimidad de Jovenel Moïse ha sido cuestionada desde su llegada. Ahora, es asediado desde varios frentes. "Por un lado la oposición política tiene su plan, quiere derrocar al Presidente, pero también está la juventud haitiana que tiene su propio plan", explicó Valéry Daudier.

En un país donde la edad mediana es de 23 años, el periodista recordó que fueron más que todo los jóvenes quienes protagonizaron las mareas humanas que surgieron. "En la calle no hay realmente una oposición que mande, sino muchos jóvenes que se sumaron al movimiento" a través de Internet, en momentos durante los cuales "las redes sociales jugaron un papel clave" para alentar la protesta.

Los jóvenes haitianos no quieren llegar "ni la Presidencia, ni al Parlamento, no quieren nada, quieren empezar de cero"

Una franja de la población con aspiraciones bien distintas a la clase política. "Reclaman la salida del jefe del Estado, pero no solo esto, quieren un otro sistema, hacer ‘tabula rasa’", afirmó el periodista. No quieren llegar "ni la Presidencia, ni al Parlamento, no quieren nada, quieren empezar de cero", agregó.

En este movimiento que tomó un inédito tono "se reclama un cambio de poder, pero los que se encuentran en emboscada tampoco son creíbles", aseguró Daudier. Una clase política que además de no tener una fiabilidad para lidiar con temas claves como la corrupción, no ha generado liderazgo que pudiera proponer una alternativa.

El Presidente de la República de Haití, Jovenel Moïse, durante la Cumbre Anual Concordia 2018 - en el Grand Hyatt New York, el 25 de septiembre de 2018 en la ciudad de Nueva York, EE. UU.
El Presidente de la República de Haití, Jovenel Moïse, durante la Cumbre Anual Concordia 2018 - en el Grand Hyatt New York, el 25 de septiembre de 2018 en la ciudad de Nueva York, EE. UU. Riccardo Savi/Getty Images for Concordia Summit / AFP

"Si el Sr Moïse se fuera hoy, sería el mismo problema: ¿quién lo remplazaría? Nadie sabe, nadie puede pretender remplazarlo", enfatizó el comunicador.

En cuanto a la calma momentánea que se presencia en las calles haitianas, no fue porque el descontento se apaciguó, según Daudier. "Si el poder ha podido tomar un respiro fue solamente porque la población estaba cansada de permanecer tanto tiempo, 10 días, en sus casas, y a la gente le hacia falta retomar su trabajo para ganarse la vida". Y como los anuncios gubernamentales no conllevaron a "nada en concreto" ,es muy probable que el movimiento se reanude dentro de pocas semanas.

La fragilidad institucional no es asunto nuevo en esta pequeña nación caribeña. "Entre 1986 y 2018, Haití tuvo a 19 presidentes y solamente en 3 ocasiones sus mandatos llegaron a sus términos", explicó a France 24 Claude Joseph, politólogo haitiano que enseña en la universidad estadounidense Connecticut.

Una debilidad estatal que puede en parte explicarse por las recurrentes dificultades económicas, y viceversa. La moneda nacional, la gourde, sufre constantemente de los desequilibrios en los intercambios y, por ende, se devalúa como en la actualidad.

"Haití no produce casi nada", comentó Joseph. "En 2017, el balance comercial se encontraba en déficit por más de un 35% del PIB", en una situación en la cual las exportaciones quedan muy por debajo de las importaciones. Primera consecuencia para la población, uno de los fundamentos del descontento actual, "los precios de los productos importados aumentan constantemente", explicó el profesor.

Fragilidad institucional y catástrofes naturales

Primer efecto perverso de este desamparo económico: el endeudamiento. En permanente aprieto para financiarse, el Estado tiene que buscar préstamos con organizaciones internacionales u otras entidades. En el presupuesto de la nación 2017 - 2018, los pagos relativos a la deuda pública representaban casi el 17% del gasto total, unos 230 millones de dólares sobre un total de 1.400 millones. "Con este dinero podríamos construir hospitales, centros de salud, escuelas o universidades", enfatizó Claude Joseph.

Por otra parte, Haití es vulnerable por su propia ubicación, propicia a repetidas catástrofes naturales. Los potentes y cada vez más frecuentes huracanes del Caribe suelen golpear al país, como Matthew en 2016 que dejó a centenares de muertos. Los terremotos también desatan a menudo su furia, y aquel día de 2010, uno provocó un verdadero cataclismo.

Esa tarde de enero, con un epicentro ubicado a apenas 25 kilómetros de la capital, Puerto Principe, la tierra tembló con una magnitud de 7,3 en la escala de Richter y arrasó con el pais entero. En esta tragedia, más de 220.000 personas perdieron la vida y todo quedó por reconstruir, incluso el Palacio presidencial.

Un helicóptero de la US Navy despega del patio del destruido Palacio Presidencial de Haití para trasladar a heridos a un hospital militar en el centro de Puerto Príncipe, luego del devastador terremoto, el 21 de enero de 2010.
Un helicóptero de la US Navy despega del patio del destruido Palacio Presidencial de Haití para trasladar a heridos a un hospital militar en el centro de Puerto Príncipe, luego del devastador terremoto, el 21 de enero de 2010. Thomas Coex / AFP

Un evento que movilizó a la comunidad internacional, que desplegó rápidamente recursos humanos y financieros para atender a la emergencia y facilitar un pronto levantamiento de Haití.

Sin embargo, el esperado impulso al desarrollo para esta nación dolida a raíz de esta ola de solidaridad, nunca se dio. Los estudios publicados posteriormente demostraron cómo este flujo de dinero circuló en un circuito cerrado, que permitió atender lo más urgente, pero no más.

"La gestión de los fondos movilizados luego del terremoto es una prueba flagrante de que la responsabilidad de los problemas de Haití no es solamente atribuible a los haitianos", según Claude Joseph. "De los 6.000 millones de dólares desembolsados entre 2010 y 2012, menos del 10% pasó por el sistema haitiano", agregó.

"Haití es el país con mayor número de ONG por habitante"

Mantenidas bajo perfusión financiera, las autoridades locales vieron su margen de acción aún más reducida, lo cual fomentó una mayor inestabilidad política.

Además, la imagen de la presencia extranjera entre los haitianos sufrió un grave declive luego de que los cascos azules de las Naciones Unidas provocaran una grave epidemia de cólera y que se revelaran los excesos de ciertas organizaciones no gubernamentales.

No se puede tampoco afirmar que el efecto de la cooperación ha sido solamente nefasto, pero cabe resaltar que acentuó las debilidades de un país que necesitaba fortalecerse. "Haití es el país con mayor número de ONG por habitante", comentó Joseph, "el Estado tiene que poder coordinar sus actividades".

Jalado por marcos de acción decididos en el exterior, el Gobierno puede tener dificultades a desarrollar su propia agenda. "Una mejor política de desarrollo con un apoyo internacional debe dejar cancha libre al Estado para definir sus propias prioridades", resumió el politólogo.

Este jueves 7 de marzo fue el FMI que acudió una vez más en socorro de un Ejecutivo enredado en una crisis socioeconómica. Con 229 millones de dólares prestados sin intereses sobre 3 años es un posible respiro. El portavoz de la institución aseguró que este acuerdo busca "lidiar con el Estado frágil" y que los haitianos "más pobres se encontrarán entre los primeros beneficiarios".

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