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Arte+France 24

Los migrantes y el Aquarius: una dramática travesía por el Mediterráneo

Stefano De Luigi, un fotógrafo italiano, sigue una misión del Aquarius para rescatar a refugiados de Libia y ofrece su visión de la dura realidad en el Mediterráneo.
Stefano De Luigi, un fotógrafo italiano, sigue una misión del Aquarius para rescatar a refugiados de Libia y ofrece su visión de la dura realidad en el Mediterráneo. Arte

La vida de miles de migrantes que cruzan a diario el mar Mediterráneo para llegar a Europa se debate entre la solidaridad de barcos de rescate como el Aquarius y la indiferencia de algunos líderes europeos que les cierran sus fronteras.

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Las aguas que sirven de paraíso a unos afortunados se convierten en el infierno de los menos privilegiados. Los migrantes. Todo comienza en las costas de Libia, donde un grupo de unas 130 personas aguardan hasta más allá de la media noche para zarpar rumbo al viejo continente, lugar por el que están dispuestos a poner en riesgo sus vidas. Para llegar a su destino, primero deben sobrevivir a las intempestivas y caprichosas aguas del mar Mediterráneo, donde les esperan toda suerte de peligros.

El grupo es variopinto. Lo integran desde mujeres embarazadas hasta pequeños que viajan solos, horrorizados por la realidad de sus países de origen. Las guerras, hambrunas y la falta de oportunidades son una realidad que cuesta llevar a hombros.  

Los barcos de goma, que no están en capacidad de transportar a ese número de viajeros, son forzados a navegar mar adentro. Desde ahí sobrevivir se convierte en una hazaña. Si tienen suerte, son interceptados por el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Roma, que envía alertas a barcos como el Aquarius, donde trabajan algunas ONG, y de inmediato localizan la embarcación y emprenden la operación de rescate.  

"Si no, pueden durar en el mar hasta dos días", detalló el fotógrafo italiano Stefano De Luigi, que acompañó algunas de las misiones. Pero esas lanchas no están preparadas para una travesía de esa duración y terminan naufragando. El año pasado, según la agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, 2.000 personas murieron ahogadas en el Mediterráneo central. Las capacidades de búsqueda y rescate, para su desgracia, son reducidas en comparación al número de migrantes que intenta cruzar a diario, que en 2018 rozaba los 100.000.

De los peligros del Mediterráneo a la indiferencia de las costas europeas

En enero de 2018 De Luigi retrató dos rescates. El primer grupo de migrantes corrió con mejor suerte. El Aquarius lo localizó a tiempo. Allí viajaba una mujer embarazada, un niño de unos dos años y varios jóvenes. Una vez en el barco la rutina es así: atienden a los afectados de salud. Luego a todos los clasifican por edad y nacionalidad. "¿Habla español o francés?, ¿viene solo o acompañado?"”, les preguntan mientras algunos no salen del estupor.

Después les entregan comida, ropa seca, una manta y los ubican en la cubierta del barco para pasar la noche, donde el frío es implacable. Allí estarán hasta llegar a tierra firme. Mientras eso ocurre, les advierten a todos que deben convivir como una familia, aunque todos sean extraños.

Cuando parece que ya han superado el mayor obstáculo se encuentran con la reticencia de gobiernos como el de Italia y Malta que no los dejarán desembarcar. El primero, porque argumenta que quiere cerrar las puertas al "tráfico ilegal de seres humanos". El segundo comentó en junio del año pasado que la situación del Aquarius, que había rescatado a 629 migrantes en el Mediterráneo "no era de su competencia". Malta es, para precisar, una de las islas europea más cercana a las costas de Libia.

Las misiones más difíciles se dan cuando el barco naufraga, lo que ocurrió con el segundo grupo. La imagen más fuerte que capturó De Luigi fue la de dos rescatistas intentando reanimar a un niño que se había ahogado. La aterradora escena tenía de fondo a varias personas que chapuceaban en el mar, intentando mantenerse a flote mientras los socorristas, con tiempo y recursos limitados, priorizaban a quién rescatar.

El fotógrafo logró retratar el trayecto final de un conjunto de migrantes que estaba por llegar a las costas italianas. Algunos rostros, endurecidos durante el camino, empezaron a dibujar medias sonrisas cuando avistaron tierra firme. Otros con la mirada fija, parecían perdidos en sus pensamientos, como recordando lo que dejaron atrás, como si la certeza por saberse a salvo no fuera suficiente. Sus ilusiones pronto tocarán tierra, aunque sus desventuras no cesen todavía.

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