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Colombia: Museo itinerante recuerda a víctimas del conflicto armado en Montes de María

Paula Carrillo / France24

Nace un museo en una zona donde confluyeron todos los grupos armados del conflicto colombiano, bajo dos innovadores principios: la participación de las víctimas, y el carácter ambulante de sus instalaciones.

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Del árbol de la vida, eje del Museo Itinerante “El Mochuelo”, cuelgan 1.400 nombres. Orlando Oviedo, Cristian Vergara, Luis Felipe Tejedor, Judith Fernández… Todos murieron violentamente en un conflicto armado que se ensañó especialmente con la región de Montes de María, norte de Colombia, por varias décadas.

Son tantos los nombres, tantas las hojas que componen este árbol, que su lectura se dificulta. Cerca de 117 masacres, cuyas víctimas se contabilizan entre las cerca de 3.000 de la zona. Los más duros episodios ocurrieron hace 20 años. Pese a ello, es común que los actuales pobladores tengan familiares asesinados. Detrás de las sonrisas de esta zona caribeña se esconde el silencio que dejaron las armas en aquella época.

“Al principio no podíamos hablar del hecho porque llorábamos”, asegura Soraya Bayuelo, periodista impulsora del proyecto desde la comunidad. Esta mujer de 60 años perdió a su hermano a manos de grupos paramilitares de extrema derecha, y a su sobrina adolescente, a raíz de una bomba de la guerrilla FARC, de izquierda.

“Yo de todas maneras, rompí (a llorar) cuando vi el árbol de la vida, toda esta carga emocional, y pendiente a ver si había quedado el nombre de ellos por ahí, pero no los he visto”, agrega, serena, esta líder social.

Pese al dolor, las víctimas participaron en el contenido de lo expuesto en el museo, así como en el montaje. “Si te metes a internet, encuentras trabajos de Montes de María, pero siempre hechos por especialistas que venían de afuera, tomaban los datos, y se iban”, afirma Jairo Barreto, sobreviviente de la masacre de El Chengue (2001).

Para él, exponer lo que pasó representa una garantía de no repetición de aquella mañana en que 27 personas (entre ellas, tres tíos suyos) fueron sacadas de sus casas a la fuerza y muertas a golpe de maceta en la plaza del pueblo. Barreto logró escapar para contarlo, y seguir defendiendo el derecho a la vida, cuando una paz frágil, tras la desmovilización de grupos paramilitares y el reciente acuerdo de paz con las FARC, intenta alzar vuelo.

Las alas de “El Mochuelo”

De la vinculación de la comunidad con el proyecto surgió el nombre de El Mochuelo, un ave que solo se encuentra en los Montes de María, región estratégica que une el interior de Colombia con el mar Caribe.

Eso, además de sus semejanzas con la cultura de la zona, según Bayuelo: “El Mochuelo es un ave de trino muy lindo, canta muy hermoso”. Al mismo tiempo, “es muy pequeño pero muy fuerte y resistente”, agrega.

Y así como el animal se mueve por toda la región, el museo pretende llegar a comunidades apartadas. Algunas de ellas, sin carreteras pavimentadas, luz eléctrica permanente o servicio de acueducto, pero con la huella de las armas.

La gran cabina hecha en módulos de madera ligera y con pasillos interiores circulares se alza en una mañana. Telares, lámparas, planta eléctrica, paneles con nombres, fotos y videos: todo se puede montar y desmontar en poco tiempo.

Acordeones y gaitas ambientan la exposición

Desde hace 11 años, cuando se empezó a gestar la idea, el proyecto atrajo la atención de instituciones colombianas como el Centro Nacional de Memoria Histórica, pero también de la comunidad internacional. Francia aportó 500.000 euros para “el proyecto más importante de cooperación no reembolsable que hemos implementado sobre el tema de la paz en Colombia en los últimos años”, de acuerdo con el embajador de ese país en Colombia, Gautier Mignot.

Era “algo que las poblaciones de los Montes de María esperaban hace mucho tiempo”, agrega.

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