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OPINIÓN

Prosur: la arriesgada apuesta de Sebastián Piñera e Iván Duque

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, habla junto al presidente de Colombia, Iván Duque, luego de llegar al Aeropuerto Internacional de Cúcuta en un avión con ayuda para Venezuela el 22 de febrero de 2019.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, habla junto al presidente de Colombia, Iván Duque, luego de llegar al Aeropuerto Internacional de Cúcuta en un avión con ayuda para Venezuela el 22 de febrero de 2019. Presidencia de Chile / vía Reuters

El Gobierno chileno presentará a Prosur el próximo viernes 22. El presidente Piñera argumentó que Unasur era un organismo "burocrático" e "ideologizado" y sus críticos advierten que quiere cambiar "ideologismos" de izquierda por otros de derecha.

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Hace exactamente dos meses la Cancillería chilena anunciaba que el presidente Piñera estaba liderando una iniciativa que dejaría atrás uno de los tantos acuerdos firmados por los gobiernos del continente y que sufrieron el mismo destino: ir perdiendo trascendencia hasta quedar convertidos en siglas con escaso sentido para los gobiernos que los firmaron, y por supuesto, para los millones de habitantes de América del Sur. ¿Qué tienen en común Mercosur, la Alianza del Pacífico, el Pacto de Lima, Aladi, Celac o el Consejo de Defensa Sudamericana? Que ninguno parece funcionar.

Unasur nació en 2004, liderada por Hugo Chávez y se inspiró en la -en ese entonces- exitosa Unión Europea. El sueño bolivariano del expresidente venezolano en un momento marcado por la supremacía de gobiernos de centroizquierda. La era de Lula, Kirchner, Toledo y Lagos. Lo cierto es que este organismo tuvo una partida auspiciosa. Se hablaba de una moneda única, de botar las fronteras, de unir las economías. Pero las dificultades empezaron de inmediato.

Habrían de pasar cuatro largos años hasta que Unasur se diera una gobernanza y designara a Michelle Bachelet como su presidenta. Y el organismo se fue volviendo costoso, lento, burocrático. Escasos logros para mostrar, pero sí muchos funcionarios y diplomáticos viajando entre un país y otro.

 
Pero el principal golpe para Unasur fueron los cambios políticos que iba experimentado Sudamérica. La izquierda dejó de tener la hegemonía y lentamente se fue instalando un nuevo ciclo: el de los gobiernos de derecha. El giro ideológico repercutió en la pérdida de continuidad de proyectos programas y políticas en marcha. Y por supuesto, el organismo internacional quedó con la impronta de Chávez. El golpe final, considerando la crisis que vive la Venezuela de Maduro.

En la convocatoria para la creación de Prosur, que se desarrollará este viernes 22 en Santiago, el mandatario chileno justificó la necesidad de dar por muerto a Unasur con dos argumentos: exceso de burocracia y de ideologismo. El primero, –al que se debe sumar la ineficiencia- es compartido por casi todos los países integrantes, lo que llevó a que la mayoría de ellos se retiraran o congelaran su participación. De los 12 países del continente hoy solo quedan cinco integrantes, presididos por Bolivia. El último en abandonar el organismo fue Ecuador.

¿Del “ideologismo” de izquierda al “ideologismo” de derecha?

Pero donde el mandatario chileno parece tener detractores es respecto a lo que denominó “exceso de ideologismo”. De hecho, fue el propio expresidente Ricardo Lagos quien primero levantó la voz señalándole a Piñera que ese argumento no tenía validez considerando que los organismos internacionales no se podían mover de acuerdo al color político dominante. Y luego vendrían los excancilleres ligados a la antigua Concertación y luego Nueva Mayoría, quienes han criticado duramente al presidente por su intento de crear un referente cuyo objetivo principal es excluir a Venezuela y potenciar un pensamiento liberal de derecha. Es decir, canjear “ideologismo” por “ideologismo”.

Lo cierto es que, al presidente chileno, Prosur se le fue convirtiendo en algo similar a su controvertido viaje a Cúcuta para la fallida entrega de ayuda humanitaria. Muchas explicaciones en las semanas previas, críticas de diferentes actores internos, y lo que es peor, terminó por transformarse es una disputa entre oficialismo y oposición. Los partidarios de Chilevamos llegaron a calificar de “boicot” la posición liderada por Heraldo Muñoz, el ex canciller de Michelle Bachelet que gracias al viaje de Piñera a Colombia tomó un rol protagónico, afianzando, de paso, su imagen como presidenciable de la centroizquierda.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera y el líder de la oposición venezolana Juan Guaidó asisten al concierto "Venezuela Live Aid" en el puente transfronterizo Tienditas entre Colombia y Venezuela.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera y el líder de la oposición venezolana Juan Guaidó asisten al concierto "Venezuela Live Aid" en el puente transfronterizo Tienditas entre Colombia y Venezuela. Presidencia de Chile / vía Reuters

 
Los partidos de oposición se han encargado las últimas semanas de instalar un relato que ha dejado al presidente Piñera como movido por un afán personal de convertirse en un líder regional, por sobre los objetivos declarados de unidad de Sudamérica o del retorno de la democracia en Venezuela.

La solitaria dupla Piñera-Duque recoge críticas a las bases de Prosur

Pero tampoco el presidente chileno ha logrado un apoyo muy entusiasta de parte de sus pares. Pese a que Macri y Bolsonaro asistirán a la cita denominada Foro para el Progreso y Desarrollo de América Latina, han evitado referirse a Prosur, e incluso fueron más prudentes que el propio Piñera y optaron por no asistir a la frontera entre Colombia y Venezuela el 23 de febrero.

Sin embargo, el mandatario ha encontrado en Iván Duque, el presidente de Colombia, a un aliado que parece vibrar con sus mismas causas, además de secundarlo en todo. Sin ir más lejos, ambos convirtieron a Venezuela en un eje de sus agendas políticas y comunicacionales desde hace ya varios meses.

Por otra parte, el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, anunció que no se sumará a Prosur, argumentando que, dado que está en su último año de mandato, prefiere dejarle la decisión a su sucesor.  En el caso de Evo Morales, si bien no se descarta que aparezca en el Foro del viernes, ha sido explícito en que su país se mantendrá en Unasur, ofreciendo incluso la sede del organismo construida en Cochabamba para reactivar a esta instancia. A propósito de ideologismo, Uruguay y Bolivia fueron los dos países que no reconocieron a Juan Guaidó, quien no asistirá a la cita, pese a haber sido invitado por el presidente chileno.

Desde Brasil y Perú también han surgido voces críticas a Prosur. De hecho, los excancilleres de Lula y Humala, expresaron que esta instancia solo contribuiría a dividir más a un continente ya fraccionado por el caso de Venezuela, llegando incluso a insinuar que Estados Unidos podría ser el auspiciador del nuevo organismo internacional.

Por el momento, la presencia de Bolsonaro en Chile parecer estar tomándose la agenda, mucho más que Prosur. De hecho, varias organizaciones –entre ellas el Movilh, Movimiento de Liberación Homosexual- han anunciado que se movilizarán para protestar contra el presidente brasileño, acusándolo de tener una posición agresiva contra las minorías. Además, parlamentarios del Frente Amplio y la ex Nueva Mayoría amenazaron con no estar presentes en ningún acto protocolar para manifestar su molestia.

Y de paso, tanto el canciller Roberto Ampuero, como su viceministra, Carolina Valdivia, han salido casi a diario a hacer frente a los detractores del acuerdo, desplegando un discurso defensivo y que pareciera querer anticiparse a una convocatoria menor de lo esperado. “Yo me quedaría con que hay una invitación y esperamos que estén todos presentes…no creo que lo numérico sea aquí relevante”, señaló Varela. En buen chileno, poniéndose “el parche antes de la herida”.

* Germán Silva Cuadra es analista político en Chile y colaborador de France 24

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