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Venezolanos en Bolivia: entre la solidaridad y la violación de sus derechos

Los venezolanos Darnel Lucena (der) y Juan Romero (izq) conversan en el barrio de San Miguel, en la zona sur de La Paz. Ambos son migrantes que venden arepas para sobrevivir en Bolivia.
Los venezolanos Darnel Lucena (der) y Juan Romero (izq) conversan en el barrio de San Miguel, en la zona sur de La Paz. Ambos son migrantes que venden arepas para sobrevivir en Bolivia. Javier Aliaga / France 24

Los inmigrantes venezolanos en Bolivia confían en reconstruir sus vidas contando con la solidaridad de la población, aunque su vulnerabilidad ha sido patente con la expulsión de seis de ellos por manifestarse contra la embajada de Cuba en La Paz.

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La medida fue criticada por la oposición y Amnistía Internacional que pidieron no violar los derechos de los migrantes venezolanos, cuyo número global es desconocido, aunque ellos hablan de centenares y posiblemente miles repartidos en varias ciudades bolivianas, sobre todo en las del este, donde el clima es más cálido.

En diálogo con France 24, algunos venezolanos cuentan que cuando eligieron Bolivia como destino, sus compatriotas les preguntaban si valía la pena hacer esa travesía hasta el centro de Suramérica conociendo que el Gobierno de Evo Morales se reclama socialista y respalda a Nicolás Maduro en medio del grave éxodo migratorio que sufre ese país.

"A diferencia de la situación en que se encuentra Venezuela, aquí hay calidad de vida en el tema de los servicios, la comida es muy accesible. Pienso que con el sueldo mínimo (296 dólares) una persona puede vivir tranquilamente", comenta Darnel Lucena, de 28 años, que se declara muy sorprendido por las diferencias entre las dos economías.

Él es un ingeniero de sistemas proveniente de La Guaira, Caracas, que desde hace más de dos meses se gana la vida como vendedor ambulante de arepas en el barrio de San Miguel, una de las zonas comerciales y residenciales de mayores ingresos de La Paz.

Llegó a Bolivia hace ocho meses para instalar una red informática para una empresa, empleo que duró un semestre y ahora está a la espera de conseguir un nuevo trabajo estable, aunque también sueña con montar en La Paz un verdadero negocio de arepas al paso y una consultora para hacer páginas web.

Mientras cuenta su historia en San Miguel, un grupo de venezolanos se le acerca para intercambiar noticias de su país y compartir postres.

Lucena salió de Venezuela hace tres años porque la empresa de cable en la que trabajaba redujo su personal, pero "la situación no estaba tan grave" como ahora, que el salario mínimo es de 18.000 bolívares soberanos, igual a solo cinco dólares mensuales.

En La Paz, con la venta de arepas, reúne entre 21 y 28 dólares diarios, que le permiten cubrir sus gastos y enviar una remesa mensual de 50 dólares a su madre.

Es habitual ver en las calles y en los autobuses de La Paz a venezolanos que piden limosna contando la historia de la inflación y la devaluación de su moneda.

Juan Romero, de 33 años, amigo de Lucena, lleva tres meses en La Paz, donde arribó a través de un periplo de cinco días por el territorio brasileño con su esposa y dos hijos de 4 y 9 años. Ellos vienen desde Puerto La Cruz, en el estado venezolano de Anzoátegui.

Romero también vende arepas, su esposa trabaja en un restaurante y el niño mayor logró este año ingresar a una escuela estatal de La Paz, algo que considera muy afortunado y atribuye al "buen trato" que reciben los venezolanos de parte de la población boliviana.

A una cuadra de ellos, José Farfán, de 25 años, proveniente de Caracas, limpia parabrisas a cambio de unas monedas. Farfán está hace dos meses en La Paz y antes también radicó en Colombia, Ecuador y Perú, pero a esos países "llegaba mucho venezolano y ya no se hacía mucha plata", según cuenta.

"Bolivia es bien, la gente lo recibe bien a uno. No hay xenofobia, a uno lo tratan bien", subraya al asegurar que en su periplo sufrió por discriminación sobre todo en Ecuador.

El venezolano José Farfán limpia los parabrisas de coches en el barrio de San Miguel, en la zona sur de La Paz.
El venezolano José Farfán limpia los parabrisas de coches en el barrio de San Miguel, en la zona sur de La Paz. Javier Aliaga / France 24

Farfán, que vive con su esposa en La Paz, evita con esfuerzo quebrarse emocionalmente cuando recuerda que en casa de su madre en Venezuela dejó a sus pequeños gemelos y solo puede mandarles dinero, aunque esta semana no le ha ido bien con la limpieza de los parabrisas debido a las lloviznas intermitentes en la sede del gobierno boliviano.

Ildo Griz: "Si quieres entender a un venezolano, mírale los pies"

Lo primero que hacen los venezolanos al llegar a La Paz, situada a 3.600 metros sobre el nivel del mar, es visitar la Casa del Migrante, de la Pastoral de Movilidad Humana de la Iglesia Católica, que está a cargo del sacerdote brasileño Ildo Griz.

"Si tú quieres entender a un venezolano, mírale los pies, mira sus calzados totalmente rotos. Cuando llegan a la casa de acogida te dicen que han caminado dos o tres meses", destaca Griz, en declaraciones a France 24.

Celebra que la población haya sido comprensiva con la emigración venezolana y pide a las autoridades una mirada "mucho más humana y no tanto desde lo legal".

Esto a propósito de una decisión de mediados de marzo del ministerio de Gobierno de detener a 14 venezolanos y expulsar a seis de ellos por manifestarse contra la embajada de Cuba pidiendo "Libertad para Venezuela" y confrontando a los funcionarios cubanos.

El Gobierno boliviano acusó a los venezolanos de estar en "acciones conspirativas" y "actividades políticas que afectan al orden público, a cambio de dinero" para justificar la expulsión, lo que le valió las críticas de opositores bolivianos y de Amnistía Internacional.

En la cuenta de Twitter @AmnistiaOnline, el organismo criticó al ministro de Gobierno, Carlos Romero, por expulsar "sin un proceso justo" a los venezolanos y le pidió "dejar de perseguir y expulsar arbitrariamente a personas que necesitan protección internacional".

Franco Albarracín: "No es un caso aislado, sino la punta del iceberg"

Para el abogado de la organización no gubernamental Asamblea de Derechos Humanos de La Paz, Franco Albarracín, existe un supuesto "patrón sistemático de comportamiento” del Gobierno contra los derechos de los migrantes venezolanos.

Albarracín dijo a France 24 que el caso de los expulsados no puede considerarse "un caso aislado, sino como la punta del iceberg" porque, según aseguró, existirían ya varias denuncias de migrantes supuestamente acosados por los funcionarios de migración.

Algunos de los venezolanos con los que conversó France 24 reprobaron que sus compatriotas hayan participado en una manifestación contra la embajada de Cuba señalando que ellos estaban en Bolivia para tener una oportunidad de supervivencia.

"Cómo voy a hacer en Bolivia cosas que ni siquiera hacía en Venezuela", dijo uno de ellos en el anonimato lamentando la expulsión que deja más vulnerables a sus compatriotas que fueron trasladados hasta una de las fronteras del país, aunque oficialmente no se sabe a cuál de ellas.

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