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Con actos a favor y en contra, Brasil conmemoró un nuevo aniversario del golpe de 1964

Manifestantes participan en una protesta contra la conmemoración del aniversario del golpe de 1964 en Río de Janeiro, el 31 de marzo de 2019.
Manifestantes participan en una protesta contra la conmemoración del aniversario del golpe de 1964 en Río de Janeiro, el 31 de marzo de 2019. Ricardo Moraes, Reuters

Las Fuerzas Armadas recordaron el golpe de Estado que abrió la puerta a una dictadura de dos décadas, conmemoración reinstaurada por el Gobierno de Jair Bolsonaro. Hubo marchas en repudio a la medida.

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Las Fuerzas Armadas de Brasil conmemoraron este domingo 31 de marzo el 55° aniversario del golpe de Estado de 1964 en medio de un clima de división en el país entre simpatizantes y detractores del movimiento que desembocó en una dictadura militar de dos décadas, la cual dejó más de 400 muertos, desapariciones forzadas de personas, torturas, represión y vulneración de las instituciones.

Los actos, que se realizaron en forma discreta en los cuarteles, pusieron fin a la prohibición que había impulsado desde 2011 la expresidenta Dilma Rousseff. El actual mandatario, Jair Bolsonaro, reinstauró los eventos protocolares esta semana, tras superar una batalla que llegó hasta la Justicia brasileña.

Bolsonaro, un ex capitán de Reserva del Ejército que cuenta con varios militares en su Gabinete, había impulsado la idea de “conmemorar” la fecha del movimiento, algo inédito desde el regreso de la democracia en 1985. Y es que el presidente de Brasil -que luego modificó los términos para pedir “rememorar” la fecha- ha negado que ese periodo fuera una dictadura y considera que la instauración de los militares en el poder fue parte de un proceso de reorganización que la sociedad demandaba.

En concreto, en los cuarteles militares de Brasil se realizaron actos sencillos, que incluyeron la lectura de una nota en la que se expresó que “el 31 de marzo estaba incluido en el ambiente de la Guerra Fría” y las Fuerzas Armadas, "atendiendo el clamor de la amplia mayoría de la población y la prensa, asumieron un papel de estabilización" en un “convulsionado” momento político.

Por su parte, Bolsonaro, que se encuentra de viaje en Israel, no hizo declaraciones públicas, pero el Gobierno divulgó a la prensa un breve video a través de Whatsapp en el que recuerda que “un 31 de marzo” el Ejército “nos salvó” de la “amenaza comunista”.

Cientos de personas protestaron en Río de Janeiro y Sao Paulo

Como contrapartida, cientos de personas se movilizaron en distintos puntos de Brasil para repudiar la decisión de Bolsonaro, aunque las marchas no fueron numerosas.

Uno de los actos más concurridos fue en Río de Janeiro, donde se movilizaron unas 400 personas, mientras que, en Sao Paulo, cientos de manifestantes acompañaron a familiares de víctimas del régimen militar en una caminata en el céntrico Parque Ibirapuera.

Por su parte, organismos de derechos humanos, partidos de izquierda, algunos medios de comunicación y hasta sectores de centro y derecha expresaron su repudio a la dictadura, período al cual catalogaron como una “página tenebrosa” de la historia.

"Al insistir en un tono de celebración, el presidente ha demostrado una vez más que es ambiguo acerca de los principios democráticos que afirma defender", escribió el periódico Folha de Sao Paulo en un editorial esta semana.

No obstante, entre los brasileños no existe una visión amplia sobre la dictadura militar que gobernó entre 1964 y 1985. Algunos recuerdan esos años como un momento de orden y seguridad relativa, que contrasta con la situación de violencia de las últimas décadas.

Según una encuesta de Datafolha publicada en octubre de 2018 –que contó con la participación de 9.137 personas y un margen de error de dos puntos porcentuales-, el 51 por ciento de los brasileños tiene una valoración negativa de ese período, 32 por ciento lo considera positivo y 17 por ciento se abstuvo de opinar.

El Golpe de 1964, un acción cívico-militar en medio de la crisis económica

La llegada al poder de los militares en Brasil en 1964 contó con el apoyo de sectores de la sociedad en un contexto de crisis económica y en tiempos de Guerra Fría.

Joao Goulart ascendió a la presidencia del país en 1961 tras la renuncia de Janio Quadros, de quien era vicepresidente. Sectores de derecha se resistieron a la llegada de Goulart, a quien tachaban de comunista.

En plena Guerra Fría, la disputa ideológica se profundizó y, en los últimos días de marzo de 1964, se agudizaron los movimientos en los cuarteles militares, que provocaron la huida de Goulart de Brasilia a su estado natal de Río Grande do Sul.

La oposición de derecha en el Congreso declaró “vacante” la presidencia, a pesar de que Goulart seguía en el país, nombró como mandatario provisional al líder de la Cámara Baja, Ranieri Mazzilli, y el Parlamento, en unas elecciones indirectas, entregó el poder al general Humberto de Alencar Castelo Branco.

La serie de gobiernos militares que se sucedieron desde entonces impusieron un régimen sostenido en la represión y la vulneración de las instituciones, como el Congreso, que fue cerrado.

De acuerdo a un informe de la Comisión de la Verdad presentado en 2014, en Brasil fueron asesinadas o “desaparecidas” 434 personas, mientras que más de 50 mil fueron torturadas. Ese documento también identificó a 377 agentes como responsables de las torturas.

Sin embargo, a diferencia de otros países de la región, Brasil nunca juzgó a nadie por los abusos cometidos durante la dictadura. Una amplia ley de amnistía de 1979 sigue vigente y beneficia tanto a militares como a miembros de los grupos armados de izquierda que también funcionaron en aquella época.

Con EFE y Reuters

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