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OPINIÓN

Chile: los Piñera-Morel toman el control del Gobierno

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, con la primera dama Cecilia Morel Montes, antes de pronunciar un discurso en las Naciones Unidas el 27 de septiembre de 2018 en la ciudad de Nueva York.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, con la primera dama Cecilia Morel Montes, antes de pronunciar un discurso en las Naciones Unidas el 27 de septiembre de 2018 en la ciudad de Nueva York. Stephanie Keith / Getty Images / AFP

El presidente chileno hizo un giro respecto al diseño político-comunicacional con el que empezó su segundo mandato y pasó nuevamente a concentrar todo en torno a su figura y la de su esposa. ¿Qué busca?

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El presidente de Chile Sebastián Piñera acaba de cumplir un año en el Gobierno y el diseño político y comunicacional con el que inició su segundo mandato acaba de sufrir un giro radical. Atrás parece estar quedando el mandatario más cauto, más institucional, más cercano a los partidos que se le vio en su regreso al poder.

De vuelta de vacaciones, a fines de febrero, el presidente dio la primera señal de que las cosas comenzaban a cambiar. El primer lugar tomó la decisión de viajar a Cúcuta, Colombia, para entregar personalmente la ayuda humanitaria para Venezuela, pese a todos los riesgos que eso llevaba.

La actividad resultó ser un paso en falso, tal como se lo habían advertido sus asesores. Solo concurrieron dos jefes de Estado, restando a los más importantes de la región (Macri y Bolsonaro). Tampoco se concretó la entrega de ayuda, y para remate, el músico español Miguel Bosé la emprendió contra la expresidenta Michelle Bachelet desviando la atención del foco del evento, pero particularmente victimizando la figura de la Alta Comisionada de DD.HH. de la ONU.

Sebastián Piñera, junto al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero, inspecciona un avión de la Fuerza Aérea de Chile con ayuda humanitaria para Venezuela en Santiago, Chile, el 21 de febrero de 2019.
Sebastián Piñera, junto al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero, inspecciona un avión de la Fuerza Aérea de Chile con ayuda humanitaria para Venezuela en Santiago, Chile, el 21 de febrero de 2019. Presidencia de Chile / vía Reuters

 
Las encuestas fueron lapidarias con la evaluación del viaje y repentinamente la “causa venezolana”, que parecía ser el foco central de la agenda y relato de La Moneda, desapareció.

La única excepción fue durante el lanzamiento de Prosur, la cruzada de Piñera con la que intenta asumir un liderazgo en la región. Pero para su mala suerte, el protagonismo se lo llevó el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien se dio el lujo de pasearse como un desafiante rockstar, pese a las críticas de diversos sectores sociales, organizaciones de derechos humanos y de minorías sexuales. Además, durante la visita del mandatario brasileño, la oposición dio sus primeras muestras de unidad después de un año completo para el olvido, lo que se tradujo en que ni el presidente del Senado, Jaime Quintana (Partido por la Democracia, PPD) y de la Cámara de Diputados, Víctor Fuentes (Partido Demócrata Cristiano, PDC) asistieron al almuerzo oficial en honor del excapitán de Ejército de Brasil.   

Por ahora, lo de Prosur no pasó más allá de una declaración de intenciones, ya que el encuentro –al que no asistieron los presidentes de Bolivia, Uruguay, y por supuesto, Venezuela- culminó sin una estructura, ni proyectos específicos y con la sola promesa de volverse a juntar en un año más.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri; el presidente de Colombia, Ivan Duque; el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, asisten a la cumbre de Prosur.
El presidente de Argentina, Mauricio Macri; el presidente de Colombia, Ivan Duque; el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, asisten a la cumbre de Prosur. Rodrigo Garrido / Reuters

 
El giro de Piñera después de Prosur contra el legado de Bachelet

 Al día siguiente del encuentro sudamericano, Piñera sorprendió incluso a sus propios ministros y partidos que lo apoyan anunciando que para intentar sacar adelante las reformas que el mismo mandatario ya ha denominado su “legado”, convocaría a la oposición para buscar un acercamiento. Lo cierto es que el oficialismo hoy tiene minoría en el Congreso, por tanto, no tiene otra opción. Sin embargo, Piñera dio el paso excluyendo a los ministros que deben tramitar estos proyectos en ambas Cámaras y se reunió a solas con los presidentes de todos los partidos con representación parlamentaria, con la excepción del Partido Comunista (PC).

En ese partido han señalado que no fueron invitados y en La Moneda que el PC no aceptó la convocatoria. ¿El resultado? De manera unánime, todos los conglomerados de oposición expresaron posteriormente su rechazo a avanzar en la Reforma Tributaría, Laboral, Educacional, Salud y del Servicio Ambiental. La principal razón es que Sebastián Piñera intenta modificar las mismas reformas que fueron aprobadas durante el gobierno de Michelle Bachelet.

Con este verdadero cierre de puertas, La Moneda agotó la última instancia de conversación. Pero la agenda de Piñera no se agotó solo con este nuevo paso en falso. A pocas horas de terminar los encuentros con los presidentes de partidos, el Ejecutivo ingresó al Congreso el controvertido proyecto que permitiría el control de identidad a menores de 14 años –hoy es a los 18-. Las reacciones de la oposición no se hicieron esperar, saliendo a rechazar con fuerza la iniciativa, además de ironizar con las verdaderas intenciones de Piñera. De hecho, Álvaro Elizalde, presidente del Partido Socialista, le había solicitado el día anterior que una de las condiciones para poder avanzar en un diálogo era retirar esta iniciativa.

Sin duda, el interés por avanzar rápido en el control de identidad estuvo condicionado por la positiva evaluación que tiene en los ciudadanos el proyecto. La razón es simple. Un porcentaje importante de quienes participan en el delito de “moda” –los llamados ‘portonazos’ en que un grupo de delincuentes bloquea el paso a un auto que está entrando en un domicilio- son menores de edad. Y aunque Unicef ya manifestó su desacuerdo con la iniciativa, el Gobierno intentará seguir adelante pese a que no tiene ninguna posibilidad de que se convierta en ley.

La dupla Piñera-Morel, ¿como los Kirchner-Fernández?

Y el jefe de Estado seguiría sorprendiendo con su nueva estrategia. Cecilia Morel, la primera dama, volvía a retomar un rol más político, tal como lo hizo en el primer gobierno de su marido. Desde 2018 mantenía un perfil acotado a labores sociales.

Al finalizar la semana en la que Piñera dialogó con cuatro partidos, y en una larga entrevista al diario ‘El Mercurio’, Morel hizo un balance de la fase de diálogo. Curioso, ya que lo que correspondía era que el propio presidente o alguno de sus ministros hubiera cumplido ese rol. ¿El presidente tendrá en su diseño que la persona de continuidad sea su esposa y no los cuatro o cinco precandidatos que ya se perfilan para las elecciones de 2021? Si antes fueron los Kirchner-Fernández y lo intentaron los Obama, ¿por qué no la dupla Piñera –Morel?

 
Pero la sorpresa mayor vendría en el área de salud y la prevención de drogas. En una inusual cadena nacional de TV, Piñera lanzó un plan para combatir el flagelo de las drogas inspirado en el modelo de Islandia. Llamó la atención que no estuviera acompañado de los ministros de Salud y Educación y que hiciera permanente alusiones a Cecilia Morel, llegando a decir que los chilenos podían confiar en ellos. Además, el programa se bautizó como “Elige vivir sin drogas”, muy parecido a “Elige vivir sano” que lidera Morel desde el primer gobierno de su esposo.

Los partidos del conglomerado oficialista, Chile Vamos, han expresado su molestia primero en privado y ahora en público. Han señalado que el Gobierno está actuando con improvisación y guiado por las encuestas, lo que está implicando que se abandone la “doctrina” que profesa la derecha chilena. En el partido más tradicional, la Unión Demócrata Independiente (UDI), incluso han señalado que es mejor “ganar en la derrota” que hacer concesiones a la centroizquierda en proyectos que consideran emblemáticos como la Reforma Tributaria.

Por el momento, el presidente parece estar más concentrado en asegurar su legado, o mejor dicho, el de los Piñera-Morel.

 

* Germán Silva Cuadra es analista político en Chile y colaborador de France 24

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