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Brasil: así transcurrió el primer año de prisión del expresidente Lula

Una manifestante sostiene una máscara del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva durante una manifestación en Brasilia en contra de los actos conmemorativos del golpe de Estado de 1964. Marzo 31 de 2019.
Una manifestante sostiene una máscara del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva durante una manifestación en Brasilia en contra de los actos conmemorativos del golpe de Estado de 1964. Marzo 31 de 2019. Ueslei Marcelino / Archivo Reuters

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se presentó a las autoridades brasileras el 7 de abril de 2018. Desde entonces solo ha salido de la cárcel una vez. Sus seguidores y abogados siguen pidiendo libertad para el exmandatario.

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“No sirve de nada intentar acabar con mis ideas, ellas ya están flotando en el aire y no tienen cómo encarcelarlas. No sirve de nada intentar frenar mis sueños, porque cuando deje de soñar, yo soñaré a través de sus cabezas y de sus sueños”. Estas son las palabras que el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pronunció en su último discurso público el 7 de abril de 2018, poco antes de entregarse a la Policía, delante de una muchedumbre de fieles seguidores que acudió a su feudo electoral en São Bernardo do Campo (Estado de São Paulo) para darle un último abrazo.

Condenado a 12 años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero por el caso del apartamento de Guarujá (litoral de São Paulo), Lula se convirtió en el primer ex presidente de Brasil entre rejas, aunque no en el último, porque casi un año después sería el turno del ex presidente Michel Temer. El otrora vicepresidente de Dilma Rousseff, que llegó al poder luego de la destitución de la mandataria, fue arrestado el pasado 21 de marzo y liberado cuatro días más tarde mientras espera en libertad ser llamado a juicio.

La celda de Lula da Silva en Curitiba tiene 15 metros cuadrados

El que fue el presidente más popular de Brasil, capaz de alcanzar en 2010 un 87% de aprobación, ocupa desde hace un año una celda adaptada especialmente para él en la cuarta planta de la sede de la Policía Federal de Curitiba. Esta ciudad se volvió famosa en todo el mundo por la investigación Lava Jato, que destapó la mayor trama de corrupción de Brasil.

La celda de Lula mide 15 metros cuadrados. Es un lugar espartano, sin grandes lujos, aunque dotado de baño privado y de televisión. Desde el principio de su cautiverio, esta habitación se convirtió en un comité electoral y en la embajada entre rejas del Partido de Trabajadores. Desde aquí el ex presidente articuló la campaña para las elecciones presidenciales de 2018, en las que permaneció activo como candidato hasta que los tribunales lo permitieron. De hecho, Lula solo dejó el campo libre a su delfín, Fernando Haddad, el 11 de septiembre, menos de un mes antes de la primera vuelta.

En esta misma celda, Lula, que tiene 73 años, ha recibido a personajes ilustres como el expresidente de Uruguay, José Mujica, y el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, entre otros. Han sido 572 visitas en los primeros seis meses de encarcelamiento. En la parte exterior, muy cerca de la sede de la Policía Federal, el campamento Lula movilizó varios centenares de personas entre abril y noviembre del año pasado, que apoyaron a diario a Lula con música, asambleas y manifestaciones de protesta.

Por el gran trasiego que ha generado su presencia en Curitiba, Lula se ha convertido en un preso incómodo. Su presencia ha alterado la rutina de trabajo y de convivencia de la Policía y de los vecinos, en una ciudad que antes del comienzo de la Lava Jato era conocida por ser un remanso de paz.

Eso sí, el recluso más mediático de Brasil no ha disfrutado de ningún trato preferencial. Lula pasó la Navidad solo en su celda, sin derecho a una cena especial, ni a la visita de sus familiares. A lo largo de un año solo ha salido de la prisión una vez, el pasado 2 de marzo, para ir a São Bernardo do Campo al entierro de su nieto Arthur, fallecido con tan solo siete años. Lula había recibido dos veces la visita de su nieto preferido, con quien jugó en el suelo y en la cama de su celda. Según las personas que le acompañaron aquel día, el llanto desconsolado del que fue el hombre más poderoso de Brasil duró más de 12 horas.

El 29 de enero, el expresidente también perdió a su hermano Genival Inácio da Silva, de 79 años. En aquella ocasión, sin embargo, el juez responsable de autorizar su salida de la cárcel demoró demasiado y finalmente Lula prefirió quedarse en la prisión, ante la imposibilidad de llegar a tiempo al sepelio.

Todas las peticiones de casa por cárcel de los abogados de Lula han sido negadas

Hoy su rutina sigue igual: realiza encuentros semanales con sus abogados, a la espera de la ansiada prisión domiciliar; ve la televisión e incluso los videos de las sesiones plenarias del Partido de los Trabajadores. Lula se suele levantar a las 7.00 am. A las 8.00 un agente penitenciario destraba la puerta de su celda y lo encuentra invariablemente con una camiseta del partido o del club de fútbol Corinthians. Tres veces por semana un enfermero mide su nivel de glicemia en la sangre porque Lula es pre-diabético. También realiza ejercicios físicos.

El deseo de Lula de abandonar en breve la prisión fue ensombrecido por la segunda condena en primera instancia. Fue dictada el pasado mes de enero por el caso relacionado con la finca de Atibaia. Entre las dos condenas, suma 25 años de prisión. El exmandatario siempre ha defendido su inocencia. De hecho, se declara un preso político y sugiere que su encarcelamiento fue un plan urdido por políticos y jueces para evitar que ganase las pasadas elecciones presidenciales, en las que era considerado favorito en los sondeos.

A lo largo de los últimos 12 meses, sus abogados han presentado varios recursos contra las condenas, llegando incluso a pedir la anulación de la primera, ya que consideran que no hubo pruebas. En julio de 2018 el juez Rogério Favreto aprovechó que estaría fuera de funciones un fin de semana y emitió un habeas corpus a favor de Lula. El expresidente llegó a preparar las maletas para dejar la prisión, pero pocas horas después la decisión de este juez fue derribada por una instancia superior.

En esas circunstancias algunos medios de la prensa brasileña publicaron que Lula estaría padeciendo una depresión, algo que sus amigos y sus familiares niegan tajantemente. Las personas más próximas aseguran que el expresidente está más bien rabioso.

En la víspera del aniversario de su arresto, los seguidores del expresidente se preparan para una nueva movilización para pedir la libertad de Lula da Silva. La presidenta nacional del partido de los Trabajadores escribió este sábado: “En el Sur, en Floripa, ¡uniendo fuerzas en defensa de la democracia y de la libertad del presidente Lula!”

“Hay un recurso presentado en el Tribunal Superior de Justicia, que todavía no ha sido juzgado, y el juicio del Tribunal Supremo Federal en abril [sobre prisión en segunda instancia, recientemente aplazado]. Lula incluso puede ser liberado. Es pronto para hacer una evaluación”, señala Celso Vilardi, abogado criminalista y profesor de la Fundación Getúlio Vargas.

En las próximas semanas el Tribunal Superior de Justicia podría analizar por primera vez el recurso de Lula contra la condena por el caso del apartamento de Guarujá. Sus abogados han presentado 18 tesis jurídicas que pretenden revertir la condena y que básicamente solicitan tres cosas: anulación del juicio en las instancias inferiores, revisión del tamaño de la pena y prescripción.

Mientras tanto, el Instituto Lula y movimientos afines al Partido de los Trabajadores han empezado una campaña para que el ex presidente sea nominado para el Premio Nobel de la Paz.

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