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Bolsonaro alcanza los primeros 100 días de gobierno con su aprobación desplomada

Escándalos internos del gobierno y las opiniones explosivas del presidente, han sido temas de primera plana en los medios de comunicación locales.
Escándalos internos del gobierno y las opiniones explosivas del presidente, han sido temas de primera plana en los medios de comunicación locales. Adriano Machado / Reuters

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cumple sus primeros 100 días de Gobierno en medio de un ambiente poco favorable en las encuestas, que lo ubican como uno de los presidentes más impopulares en la historia reciente del gigante latinoamericano.

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“No nací para ser presidente, nací para ser militar”. El presidente de Brasil Jair Bolsonaro hizo esta peculiar declaración tan solo cinco días antes de cumplir sus primeros 100 días en el Gobierno del mayor país de América Latina. “No tengo la mínima ambición, no se me subió a la cabeza el hecho de ser presidente. Yo me pregunto, miro a Dios y pregunto: ¿Dios mío, qué hice para merecer eso? Solo hay problemas. Pero tenemos que seguir en frente, nosotros podemos cambiar Brasil”, añadió el mandatario, que el pasado 28 de octubre fue elegido con el 55% de los votos.

Sus palabras suscitaron fuertes críticas entre sus detractores, que no esconden sus dudas acerca de su capacidad de liderazgo. “¿Imagináis el piloto de un avión en caída libre que diga a los pasajeros: ‘no nací para ser piloto’?”, ironizaba uno de los memes publicados en las redes sociales por varios políticos de la oposición.

Esta perplejidad aparece reflejada en el último sondeo de DataFolha, publicado el pasado domingo 7 de abril. Bolsonaro consiguió la peor valoración desde 1990 para un presidente en su primer mandato. El 63% de los encuestados considera su gestión pésima, mala o regular, y solo el 32% la define como buena u óptima. “No voy a perder mi tiempo comentando el sondeo de DataFolha, la empresa que dijo que perdería las elecciones en la segunda vuelta”, espetó el presidente tras conocer los resultados.

Lejos de hacer cualquier tipo de autocrítica, Bolsonaro se muestra orgulloso de los resultados conseguidos hasta ahora y estaría incluso pensando en las elecciones de 2022, como él mismo admitió esta misma semana. “La presión es muy grande para que sea candidato para la reelección, si mi estado de salud lo permite”, dijo el líder brasileño, que no parece dar demasiada importancia al estudio de DataFolha, según el cual el 39% de los ciudadanos lo considera “poco inteligente”.

Según Bolsonaro, ha cumplido el 95 % de las metas que se propuso para los primeros 100 días

El excapitán del Ejército mostró confianza en sí mismo al afirmar que ha cumplido el 95% de las 35 metas establecidas para los 100 primeros días de Gobierno. Entre ellas citó la incipiente aprobación de una paga extra para las familias que reciben la Bolsa Familia, la ayuda social implementada en la época de Luiz Inácio Lula da Silva.

Además, el 15 de enero Bolsonaro lanzó el polémico decreto que flexibiliza la posesión de armas, anunciado a bombos y platillos durante la campaña electoral. También presentó en el Parlamento la igualmente polémica reforma de las pensiones, cuyo trámite está empantanado por la fuerte oposición de una parte de los diputados y de la sociedad civil.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a su llegada al Palacio del Planalto, en la ciudad de Brasilia.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a su llegada al Palacio del Planalto, en la ciudad de Brasilia. Joédson Alves / EFE

Sin embargo, la prensa brasileña contradice su discurso triunfalista y destaca que hasta ahora se ha hecho muy poco. Una de las grandes promesas electorales de Bolsonaro, es decir, declarar la guerra contra la criminalidad, está aún lejos de concretarse. El ministro de Justicia y Seguridad Pública Sérgio Moro, que en calidad de juez encabezó la operación Lava Jato contra la corrupción, presentó el llamado paquete anticrimen el 4 de febrero. Esta ley pretende elevar las penas en caso de crímenes cometidos con armas de fuego y blinda con una impunidad casi total a los policías y militares que matan en legítima defensa, entre otras cosas. Duramente criticada por los defensores de los derechos humanos, este paquete todavía no tiene fecha para ser analizado en las Cámaras.

Escándalos y opiniones explosivas del presidente, en primera plana

La mayoría de las 35 medidas anunciadas, como estimular la agricultura familiar; implantar un centro tecnológico para la desalinización del agua; reducir la maquinaria administrativa; fomentar la independencia del Banco Central o lanzar una campaña de alfabetización ni siquiera han llegado a cobrar protagonismo en el debate público de los últimos tres meses. La gran apuesta por la reforma de las pensiones, los rifirrafes en el Parlamento, los escándalos que culminaron en el despido de dos ministros y las declaraciones explosivas de Bolsonaro en su cuenta de Twitter han acaparado la atención de los medios de comunicación y de los ciudadanos.

Tras una semana tensa y repleta de rumores, el 18 de febrero Bolsonaro despidió a Gustavo Bebianno, ministro de la Secretaría General de la Presidencia. Amigo personal del presidente, Bebianno coordinó su campaña electoral y fue uno de los hombres fuerte del nuevo Ejecutivo.

Envuelto en un escándalo de propinas electorales, Bebianno perdió la confianza de su jefe por mantener contacto con periodistas de la ‘TV Globo’, declarada enemiga por Bolsonaro, pero también a causa de la aversión de su hijo Carlos Bolsonaro, que lo atacó varias veces en Twitter.

Esta semana Bolsonaro también ha reemplazado al ministro de Educación, el colombiano Ricardo Vélez Rodríguez. Es una figura controvertida que fue nombrada para implementar la ‘escuela sin partido’, el proyecto de Bolsonaro que pretende prohibir la educación de género y el “adoctrinamiento marxista” en las escuelas. En las pocas semanas que ocupó el cargo, Vélez propuso grabar a los profesores en clase y obligar a los alumnos a cantar el himno de Brasil. También tildó los turistas brasileños de “caníbales” durante sus viajes porque “roban cosas de los hoteles y el chaleco salvavidas del avión”.

El exministro de Educación de Brasil, Ricardo Velez Rodriguez, hace gestos durante una reunión del LIDE (Grupo de Líderes de Empresarios) en Campos do Jordao, Brasil, el 5 de abril de 2019.
El exministro de Educación de Brasil, Ricardo Velez Rodriguez, hace gestos durante una reunión del LIDE (Grupo de Líderes de Empresarios) en Campos do Jordao, Brasil, el 5 de abril de 2019. Amanda Perobelli / Reuters

Estas declaraciones generaron mucho malestar entre los brasileños e incluso algunos brotes de xenofobia. La semana pasada, tras las polémicas sobre la celebración del golpe de 1964, el exministro afirmó que pretendía revisar los libros de texto sobre la dictadura militar.

La nueva era comenzó: ahora los chicos se visten de azul y las chicas de rosa"

Damares Alves, ministra de las Mujeres, de la Familia y de los Derechos Humanos

Suma y sigue. El Ministro de Turismo, Marcelo Álvaro Antônio, por su parte, está siendo investigado por la Policía Federal por haber participado supuestamente en el desvío de fondos electorales durante la campaña en el Estado de Minas Gerais. De momento, Bolsonaro no ha querido deshacerse de él, pero también ha advertido de que no dudará en hacerlo si se demuestra que es culpable.

La ministra de las Mujeres, de la Familia y de los Derechos Humanos, Damares Alves, también ha dado mucho de qué hablar. Tres días después de la investidura de Bolsonaro, el pasado 1 de enero, declaró en un vídeo: “La nueva era comenzó: ahora los chicos se visten de azul y las chicas de rosa”. Las imágenes se viralizaron y generaron otra polémica. La sospecha de haber adoptado a una niña indígena de forma irregular y sus declaraciones estrafalarias contra la ideología de género han contribuido a convertirla en el hazmerreír del Ejecutivo conservador.

Bolsonaro, ¿estadista o “eterno candidato?

Por su parte, Bolsonaro y sus tres hijos también han contribuido a alimentar las controversias dentro y fuera de Twitter. En pleno carnaval, el jefe de Estado publicó en su cuenta oficial un vídeo en el que se ve a un hombre orinar sobre otro mientras baila en una calle de São Paulo.

"No me siento cómodo en mostrarlo, pero tenemos que exponer la verdad para que la población tenga conocimiento y siempre tome sus prioridades. Esto es lo que se han vuelto muchas comparsas callejeras en el carnaval brasileño. Comente y saque sus conclusiones", escribió el mandatario. En un tuit posterior, Bolsonaro llegó a preguntar: “¿Qué es la lluvia dorada?”, lo que generó reacciones de escándalo y de sorna entre los internautas. Posteriormente, los autores del video informaron que se trataba de una performance artística que pretendía sensibilizar sobre la identidad de género.

Jair Bolsonaro arremete contra el Carnaval de Brasil

También ha sido criticada la tendencia de Bolsonaro a actuar como un eterno candidato en vez de comportarse como un estadista. El propio presidente de la Cámara, Rodrigo Maia, declaró recientemente que el jefe del Ejecutivo precisa dedicar “más tiempo para cuidar de la reforma de las pensiones y menos tiempo” a las redes sociales. Para este político de la base aliada, ni Bolsonaro ni el ministro de Economía, Paulo Guedes, están desarrollando la importante labor de articulación de consenso dentro del Parlamento para conseguir aprobar esta reforma, que el sector financiero exige al nuevo Gobierno.

Los hijos de Bolsonaro avivan las críticas contra el presidente

El papel de los tres hijos de Bolsonaro ha sido otro elemento llamativo en estos primeros tres meses de Gobierno. Eduardo, que el año pasado fue el diputado más votado de la historia de Brasil, tuvo mucha visibilidad durante la visita de su padre a Estados Unidos y a Chile. En el encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca reemplazó al ministro de Exteriores, Ernesto Araújo, el mismo que afirmó que el calentamiento global sería un “complot marxista” y que el nazismo fue un movimiento de izquierdas”.

Durante la visita a Chile, Eduardo dijo a la prensa brasileña que “de alguna manera será necesario el uso de la fuerza en Venezuela”, llegando a sugerir una posible intervención militar contra Nicolás Maduro, algo que la plana mayor del Ejército brasileño se obstina desmentir. Finalmente Eduardo Bolsonaro se retractó, lo que no evitó que la oposición se preguntase por qué se comporta como un ministro.

El diputado federal brasileño, Eduardo Bolsonaro, es visto después de una reunión entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el presidente de Paraguay, Mario Abdo, en el Palacio de Itamaraty en Brasilia, Brasil, 12 de marzo de 2019.
El diputado federal brasileño, Eduardo Bolsonaro, es visto después de una reunión entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el presidente de Paraguay, Mario Abdo, en el Palacio de Itamaraty en Brasilia, Brasil, 12 de marzo de 2019. Ueslei Marcelino / Reuters

Ese mismo cuestionamiento podría aplicarse a Carlos, el hijo concejal que durante la visita oficial de Bolsonaro a EE.UU. se presentó en el Palacio presidencial de Brasilia para despachar algunos asuntos de su padre. Este comportamiento inédito dejó en evidencia la falta de confianza de Jair Bolsonaro en el vicepresidente, el general Hamilton Mourão. En los pasillos del poder se vocifera que aspira secretamente a ocupar su lugar. Esta semana Bolsonaro reconoció que debe su elección a la destreza de su hijo Carlos con las redes sociales y que por esta razón mercería ser nombrado ministro.

Pero la mayor polémica es la que envuelve a su hijo senador Flávio. Investigado por la sospecha de haberse embolsado de forma ilícita y a través de un testaferro el salario de empleados fantasmas cuando era concejal en Río de Janeiro, Flávio también ha sido acusado de haber contratado a familiares del jefe de la ‘Oficina del Crimen’, el grupo de milicianos y paramilitares acusados de realizar ejecuciones a sangre fría, entre ellas la de la concejala negra Marielle Franco.

La noticia de que uno de los asesinos materiales de esta activista vivía en el mismo condominio de Bolsonaro y que su hijo menor habría tenido una relación sentimental con la hija del asesino, profundizó las sospechas acerca de una relación entre las milicias y la familia Bolsonaro, que en el pasado se mostró favorable a la legalización de esta organización criminal.

La impulsividad de Flávio quedó evidente durante la visita de su padre a Israel, en la que participó. “Quiero que se exploten todos”, escribió el senador en su Twitter en alusión al grupo Hamás, que había criticado la postura de Jair Bolsonaro en el conflicto entre Palestina e Israel. Posteriormente, Flávio canceló el tuit, pero eso no evitó una reacción agresiva por parte de esta organización.

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100 días frenéticos en el Brasil de Bolsonaro

Sin duda, los primeros 100 días de Jair Bolsonaro han sido intensos incluso por la actualidad de Brasil, que registró varios episodios trágicos, desde el accidente en la región minera de Brumadinho, que dejó casi 300 víctimas mortales, hasta el incendio en la sede juvenil del club de fútbol Flamengo, en Río de Janeiro, que se cobró la vida de 10 personas. Un ataque a mano armada en una escuela de Suzano, en la región de São Paulo, también sacudió a la sociedad brasileña por la forma brutal en que las 10 víctimas fallecieron y agudizó el debate sobre la flexibilización de la posesión y del porte de armas.

Cabe destacar que la era Bolsonaro también trajo de vuelta la figura de los exiliados políticos, algo inusitado desde la redemocratización de 1985. El primero fue el escritor Anderson França, un activista de la causa negra que se refugió en Portugal tras recibir numerosas amenazas de muerte. Mismo camino tomó el activista gay Jean Wyllys pocos días antes de recoger su acta de diputado. Wyllys alcanzó cierta popularidad cuando escupió al entonces diputado Bolsonaro durante de la votación del impeachment contra la ex presidenta Dilma Rousseff, después de que Bolsonaro dedicara su voto al general que había torturado a Dilma durante la dictadura.

Más recientemente Márcia Tiburi, candidata al Gobierno de Río de Janeiro para el Partido de los Trabajadores, optó por refugiarse en París, aprovechando el traslado profesional de su esposo,  por la misma razón: amenazas constantes contra su vida.

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