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Arte+France 24

'La voz de los niños': el periódico donde los menores denuncian el trabajo infantil en India

Tienen entre 10 y 17 años. Sentados en el suelo en una pequeña habitación debaten bajo la mirada benévola de Jyoti, editora en jefe de "La voz de los niños"...
Tienen entre 10 y 17 años. Sentados en el suelo en una pequeña habitación debaten bajo la mirada benévola de Jyoti, editora en jefe de "La voz de los niños"... ARTE

Es un periódico único en el mundo. 'La voz de los niños' retrata la dura realidad de los pequeños que trabajan y viven en las calles de India. Aquí, menores de entre 10 y 17 años se vuelven periodistas y cuentan historias que les cambian la vida.

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Es un espacio de niños para niños, donde comparten sus relatos a todo un país. Cada semana un amplio grupo de pequeños de entre 4 y 11 años se reúne en la sede del periódico en Nueva Delhi. Aunque realicen practicas lúdicas al inicio de cada encuentro no están allí para jugar. Van para retratar su cruel cotidianidad. Para ello no hay barreras. Entre ellos no existen miedos ni prejuicios, solo la ilusión de ser escuchados.

"Algunos padres mandan a sus hijos a mendigar o a recoger basura. Cuando los niños vuelven a casa, los padres cuentan el dinero, cuentan cada moneda, y después todos consumen drogas juntos", comentó uno, con una sinceridad propia de su corta edad. Sus relatos parecen sacados de un cuento de terror.

Tan solo en la capital del país, entre 50.000 y 100.000 niños viven en precarias condiciones en las calles. Pero son más de dos millones los que realizan trabajo infantil en todo la nación. "Todos viven en ese ambiente, conocen bien la situación y hablan de ella sin tapujos", dice Deepak, uno de los jóvenes que escribe para 'Balaknama' o 'La voz de los niños'.

Abusos, drogas y una oportunidad: el 'Balaknama'

En el periódico, de tiraje mensual, trabajan diez menores de 17 años que finalizan labores cuando cumplen la mayoría de edad. Ellos son los encargados de investigar las historias, escribirlas, crear el diseño del rotativo, decidir qué sale en cada edición y posteriormente, de distribuir sus 5.000 copias en hindi y 3.000 en inglés.

Los jóvenes periodistas, como sus entrevistados, vienen de las calles. Jyoti, la editora principal, pasó su infancia entre los artículos que robaba y las golpizas que recibía de los policías, cuya sensibilidad no bastaba para entender sus necesidades. "Por eso me drogaba. Al menos cuando lo hacía no me dolían las palizas", dijo la reportera, que es vista por muchos pequeños del humilde vecindario en que vive como una hermana mayor.

Ahora investiga qué clase de sustancias consumen los niños y cómo llegan a ellas. Gutka es la más popular: una mezcla de tabaco, nuez de acera y químicos que consumen la mitad de los niños y que ella identifica en sus dientes. Pero la oportunidad de que sus voces sean escuchadas y sus historias den un giro es el 'Balaknama', el nombre como se conoce localmente a este original medio.

Shambu, el joven de 17 años que dirige la redacción, logró algo muy poderoso con una de sus historias: retratar cómo algunos menores se dirigían a las vías del tren para recoger pedazos de cadáveres que quedaban atrapados allí. Tras su reportaje, el gobierno prohibió este trabajo a los menores. Aunque fue un triunfo, reconoce que los niños cada día se exponen a trabajos más riesgosos, engrosando las cifras de deserción escolar.

Escribir para que los niños vuelvan a la escuela, el corazón del periódico

'La voz de los niños' fue fundando en 2003 por la ONG india Chetna, cuya función es rehabilitar a pequeños de la calle. La organización financia al rotativo y envía maestros a los barrios más marginados de la capital para educar a los niños que no tienen la posibilidad de ir a una escuela.

Deepak es un caso ejemplar. Su madre murió cuando era pequeño y su padre lo abandonó. En la calle aprendió a ver de sí mismo pero se educó gracias a uno de los profesores que fue hasta su vecindario y logró convertirse en uno de los periodistas del rotativo. "Cada niño que veo debajo de un puente es un diamante, pero pocas personas saben cómo hacerlo brillar", aseguró. Se entristece cuando va a repartir los periódicos al mercado y ve a niños trabajando de sol a sol.

Se acerca a ellos, les entrega la edición del mes y los escucha: "me gustaría estudiar", dice uno, "pero debo mantener a mi familia, a nadie le importamos". El joven reportero se asegura de avivar una esperanza en ellos: "léelo", les dice. El periódico no solo les devuelve la ilusión, sino en muchos casos la educación e identidad que pierden en las calles.

Y aunque su meta es algún día llegar a ser presentador de televisión, sueña con poder vaciar las calles de pequeños y abarrotar las escuelas con su presencia. Sabe por experiencia que la calle no es lugar para nadie.

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