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Economía Argentina: "Cada vez que queremos crecer tenemos que pedir prestado"

El economista Daniel Heymann sostiene que Argentina necesita políticas coordinadas para salir de la espiral inflacionaria.
El economista Daniel Heymann sostiene que Argentina necesita políticas coordinadas para salir de la espiral inflacionaria. IIEP-BAIRES

Daniel Heymann se ha ha dedicado al estudio de la inflación y los procesos de devaluación en Argentina. Cree que no hay salida para la espiral de precios si no se ejecutan un conjunto de políticas coordinadas.

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"Lo que se necesita es que haya un movimiento acompasado y común hacia la tasa de inflación más baja, acompañada por la política macroeconómica: política monetaria, política fiscal, política cambiaria", dice Daniel Heymann en esta entrevista con France 24 en Español.

El economista, profesor de macroeconomía de la Universidad de Buenos Aires, habla de la historia, las causas y las posibles formas de controlar el desbocado incremento de precios en Argentina, que en marzo alcanzó el 54,7% interanual, con un impacto especial sobre productos básicos como los alimentos, servicios públicos y transporte.

France 24: Argentina tiene una tradición inflacionaria con la que parece no poder romper, ¿cuál es su explicación para la historia inflacionaria en Argentina? ¿Cuáles serían sus principales factores y por qué no se puede controlar?

Daniel Heymann: Cuando uno habla de inflación tiene explicaciones que van desde causas últimas que tienen que ver con puja distributiva, con visiones sociales, etc., a preguntas muy concretas sobre la determinación del precio mes a mes. Si hablamos de lo primero, Argentina ha tenido enormes altibajos en la tasa de inflación, no es una cosa de inflación persistente, permanente.

A su modo, la inflación prácticamente desapareció en la época de la convertibilidad (1991-2002, que determinaba que un peso equivalía a un dólar), de una manera que era frágil, pero se hizo. A la salida de la crisis de la convertibilidad hubo un período de recuperación muy intensa con inflación relativamente baja para lo que es Argentina. Hacia el 2005 había una inflación del 10% al año, lo cual se compara muy favorablemente a lo que vemos hoy.

Y luego no; luego, efectivamente, junto con este fenómeno extraño del toqueteo de los índices de precios (durante el gobierno de Cristina Fernández se dejó de informar el índice de inflación de forma confiable) se dio una aceleración inflacionaria. Quiere decir que hace más o menos diez años estamos conviviendo con una inflación del orden o por arriba de 20% anual, con saltos inflacionarios en períodos de devaluación.

Un fenómeno que Argentina trae de su pasado inflacionario es la intensidad del traspaso del tipo de cambio a los precios, la vinculación fuerte entre tipo de cambio (precio del dólar) y precios, que no se da en otras economías. O sea que las devaluaciones del tipo de cambio en Argentina tienden a ser fuertemente inflacionarias, con caída del salario real y caída del nivel de actividad. Eso es un fenómeno que se ha dado varias veces últimamente: en el 2014, en el 2016 y ahora en el 2018-2019.

France 24: ¿Y por qué Argentina no puede controlar ese traslado?

D.H.: Primero, controlar la inflación no es una cosa misteriosa. Una gran cantidad de países lo han hecho. Pero para estabilizar, para desinflar, en todo caso, hacen falta condiciones de partida que Argentina no ha tenido.

Para una inflación como la Argentina, y en general, pero especialmente para una inflación como la Argentina, es muy difícil imaginar un proceso de reducción de la inflación si al mismo tiempo se busca aumentar la competitividad de la economía con el tipo de cambio, o cuando se fuerza un aumento del tipo de cambio, por ejemplo, porque desaparece el crédito internacional, como pasó el año pasado. Los aumentos del tipo de cambio real van típicamente asociados con aumentos de la inflación.

...teniendo que mover estos precios centrales de la economía hacia arriba, es natural que se acelere la inflación"

Desde el punto de vista fiscal, que es otra precondición importante, uno de los mecanismos de ajuste fiscal es el aumento de las tarifas del sector público: aumento de electricidad, gas, etc., que venían con niveles muy bajos hace unos años, altamente subsidiados, lo cual generaba presión fiscal. Pero si aumentan las tarifas típicamente aumenta la inflación.

Así que teniendo que mover estos precios centrales de la economía, que son el tipo de cambio y las tarifas de servicios públicos, hacia arriba, es natural que se acelere la inflación. Y eso nos ha pasado ya en varios episodios en los últimos años.

Y luego está el tema de coordinación de expectativas. Porque una cosa es aplicar una política y otra cosa es que los precios, la tasa de inflación, cedan fácilmente sin costos en términos de nivel de actividad e, incluso, de atraso de ciertas variables como el tipo de cambio.

France 24: Hubo un período en el que las tarifas estaban congeladas para los consumidores, subsidiadas (en el gobierno de Cristina Fernández), y sin embargo la inflación seguía...

D.H.: Si usted congela las tarifas no con eso solamente va a bajar la inflación. Para que la inflación baje tiene que haber una acompasada reducción de las tasas de variación del conjunto de los precios de la economía.

No es una cosa mágica, algunos países han conseguido hacerlo, pero lo que se necesita es que haya un movimiento acompasado y común hacia la tasa de inflación más baja, acompañada por la política macroeconómica: política monetaria, política fiscal, política cambiaria.

Con un solo precio no alcanza.

France 24: ¿Las estrategias, las políticas que se están implementando ahora, sirven?

D.H.: Creo que es una utopía pensar en hacer política de desinflación sin política monetaria. Por otro lado, en una economía como la argentina hacer política contra la inflación a pura política monetaria le falta el hecho de que uno necesita que el conjunto de precios de la economía se mueva en la misma dirección.

La política monetaria puede reducir la demanda agregada (bienes y servicios totales que una economía está dispuesta a adquirir a ciertos precios), pero una reducción de la demanda eventualmente, si tiene efectos sobre el nivel de precios, es indirecto y no proporcional en lo inmediato.

Si no se pone freno a un salto potencial del tipo de cambio, la desestabilización de precios puede ser muy intensa"

La política del Banco Central (de bandas de intervención en las que compra o vende divisas, para controlar el precio del dólar) más que una política antinflacionaria es una política para prevenir, para tratar de prevenir un salto del tipo de cambio. Difícilmente se podría esperar que tenga pretensiones fuertes sobre la tasa de inflación.

Por otro lado, si no se pone freno a un salto potencial del tipo de cambio, la desestabilización de precios puede ser muy intensa también.

France 24: ¿Y respecto a las últimas medidas de congelamiento de ciertos precios?

D.H.: Cuando se presentaron las medidas se habló de "medidas de alivio". Yo creo que en todo caso hay que interpretarlo de esa manera. No es un programa antiinflacionario.

France 24: ¿Y en el mediano o largo plazo, este tipo de medidas suele tener un efecto positivo o puede ser contraproducente?

D.H.: Son (poco más de) 60 productos. Honestamente no le veo una implicancia macroeconómica.

Es que uno de los problemas argentinos es que vivimos, especialmente desde el punto de vista del tipo de cambio, atrapados entre el temor a que el tipo de cambio se dispare, porque eso tiene impacto además sobre el nivel de actividad, sobre el salario real, sobre las tasas mismas de inflación, y el atraso cambiario.

Y el atraso cambiario (un peso que vale demasiado respecto del dólar) se paga pronto en Argentina, porque el financiamiento externo está cortado y, entonces, cuando se atrasa el tipo de cambio, en algún momento vuelven las presiones sobre el tipo de cambio.

Esa es una situación de frazada (manta) muy corta.

Pero en el momento en el cual más o menos podamos haber alcanzado un equilibrio de precios relativos, un tipo de cambio real que nos permita un salario real más o menos decente, con una mejora de la competitividad de las exportaciones, que es otra cuestión esencial, a partir de ahí, y con las tarifas más o menos acomodadas, yo creo que ahí se puede empezar a pensar en un programa antiinflacionario en serio.

Este año va a ser un poco mejor que en los últimos períodos, en parte por una cuestión climática"

Pero hay una etapa de ajuste de precios relativos que no se puede obviar.

Es una cuestión de ver cómo evolucionan las exportaciones. Desde ese punto de vista una de las variables clave está implícitamente en el comportamiento de las exportaciones. Este año va a ser un poco mejor que en los últimos períodos, en parte por una cuestión climática, por la cosecha (el ingreso de dólares depende esencialmente de la exportación; en Argentina las ventas al exterior están liderada por los granos, que en 2018 sufrieron una caída por una fuerte sequía).

Hay que ver si aparecen algunos atisbos de dinamismo que nos muestren que el tipo de cambio puede a mediano plazo tener un nivel de resistencia donde está, en el sentido de que con esos precios relativos la economía es capaz de generar divisas como para sostener su nivel de gasto en dólares.

France 24: ¿Cuándo fue la última vez que Argentina hizo eso?

D.H.: En la salida de la crisis (de 2001-2002). Ayudada muy fuertemente por los precios internacionales, pero a la salida de la crisis, entre el 2003 y el 2007 esas condiciones estaban. Después se dejó, se permitió, probablemente por interés de profundizar la demanda interna, una incorporación de la inflación de nuevo en los comportamientos de la gente.

El tipo de cambio era altísimo a la salida de la crisis, a un costo social importante, en desempleo y salario real. Ahora, hasta el 2007, 2008 ese tipo de cambio había caído y claramente el salario real y el nivel de precios internos tenía que subir en términos de dólares, no podía ser tan barata la Argentina.

Durante los primeros cinco años, más o menos, se estaba en un nivel que permitía una evolución del comercio exterior muy positiva. Hubo superávit mellizos: superávit fiscal (el Estado recauda más dinero del que gasta) y superávit externo (el país exporta más de lo que importa). Eso se fue deteriorando a lo largo del tiempo, al punto que si usted miraba el tipo de cambio 2015 o el tipo de cambio 2017 y principios de 2018 no estaba muy lejos del tipo de cambio real de la época de la convertibilidad, un tipo de cambio realmente bajo.

Entonces pasamos del muy alto al muy bajo y, de la misma manera, del superávit comercial y el superávit de cuenta corriente, el exceso de generación de dólares respecto del gasto en dólares, pasamos al déficit creciente. En 2017 pedimos prestado del exterior US$28-30.000 millones.

France 24: ¿Pedir prestado era inevitable?

D.H.: En primer lugar no es inevitable y en segundo lugar, tiene patas cortas para la Argentina.

France 24: ¿Qué opción había además de ir al Fondo Monetario Internacional?

D.H.: Uno podía eventualmente pensar hacia fines de 2007, principios de 2008, que no era posible indefinidamente seguir con ese proceso. Pero, entre paréntesis, durante el gobierno anterior se liquidaron reservas (de dólares), o sea que también hubo implícitamente reducción de activos externos.

Ese proceso viene de 2011, más o menos y atraviesa los dos gobiernos (el de Cristina Fernández y el del actual presidente Mauricio Macri). Seguro que no se podía seguir indefinidamente, pero el mazazo fue brutal, porque el corte de financiamiento fue una parada súbita.

Sin un apoyo financiero (...) hubiera sido un trauma realmente mucho mayor incluso de lo que fue"

Y ahí el tipo de cambio sostenible era obviamente más alto y pasó lo que pasó: pegó el salto y se dio el fenómeno tradicional, aumentó la inflación. Hoy estamos en ese punto, el tipo de cambio real sostenible es más alto que en 2017, principios de 2018, no cabe duda, porque no hay financiamiento.

El Fondo era una alternativa de última instancia, tiene sus problemáticas de condicionalidades difíciles. Pero bueno, también es cierto que sin un apoyo financiero, el pasar de endeudamiento de US$30.000 millones a nada, por exagerar un poco la cosa, hubiera sido un trauma realmente mucho mayor incluso de lo que fue.

No se me ocurren alternativas muy brillantes, aceptando los problemas que eso trae. Viene lleno de condicionalidades difíciles, con un interlocutor que tiene márgenes de flexibilidad estrechos. Pero, de nuevo, en ese momento el corte del crédito fue brutal.

France 24: ¿El problema es económico o político?

D.H.: Por supuesto que hay temas políticos. Argentina es un país en el que el conflicto distributivo es una especie de tradición nacional. De eso se hablaba en los años 50 y en los años 60. No es novedad, pero es claro que eso se da. Conflicto distributivo de precios y salarios y fiscal, está todo el mundo pidiéndole al sector público, y en muchos casos es perfectamente legítimo, tenemos una pobreza enorme, una pobreza que la sociedad incluso se resiste a aceptar, y eso está muy bien. Pero eso tiene implicancias fiscales.

Creo que hay problemas, temas, intrínsecamente económicos. Déjeme que le de un numerito, nomás: si usted toma el volumen de exportaciones del año pasado o del anteaño, solo volumen, descontando efecto precio, es más bajo que en el 2005. No por mucho, pero es algo inferior al de 2005, 14 años atrás. Mientras tanto, las importaciones crecieron.

Entonces tenemos un problema crónico: cada vez que queremos crecer tenemos que pedir prestado (porque no entran suficientes divisas a la economía).

Por eso estabilizar con necesidad de devaluar es muy difícil en Argentina. Para estabilizar uno necesita esos precios relativos y, particularmente, el tipo de cambio en una situación sostenible.

France 24: ¿Alcanza con los sectores exportadores actuales, como el agro, expandiéndose, o tiene que haber nuevos?

D.H.: Primero hay que empezar por lo que hay. Estamos hablando no ya de un horizonte de diez años sino de un horizonte de un par de años. En un horizonte de diez años estamos de acuerdo en que la Argentina tiene que hacer un esfuerzo por diversificar, profundizar, tecnificar, aumentar la productividad. Pero eso primero exige salir del pozo.

France 24: ¿Existe la posibilidad de tener una economía, una sociedad sostenible y con un relativo bienestar manteniendo una inflación alta?

D.H.: Yo creo que los costos de la inflación son profundos. La desinflación es una cosa importante pero vale la pena pensarla como una operación conjunta de política económica, no poner a la inflación como el único objetivo, que fue lo que trató de hacer el Banco Central en 2006-2007, que trató de hacer las metas de inflación. La verdad es que tampoco dio resultado.

Tiene que haber un movimiento acompasado fiscal, monetario y de precios, los precios en conjunto.

Para crecer en serio yo creo que la inflación tiene que ceder, pero le diría que no veo una desinflación completa y persistente a corto plazo, ni siquiera a un par de años de plazo. Lo que sí espero que haya, si se dan las condiciones, es un proceso sostenido de baja de la inflación.

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