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Elecciones en España: ¿Quién es Santiago Abascal, el líder de Vox?

Santiago Abascal en un mitin en Barcelona, España, el 30 de marzo de 2019.
Santiago Abascal en un mitin en Barcelona, España, el 30 de marzo de 2019. Sergio Perez / Reuters

El dirigente de Vox, Santiago Abascal, representa al sector más duro de la derecha española, algo que parece asumir sin complejos, sobre todo desde que las encuestas augurasen a su partido un prometedor aterrizaje en las elecciones del 28A.

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Nacido en Bilbao (País Vasco) en 1976 y licenciado en sociología, el deporte y la familia son sus dos pilares básicos. Aficionado al montañismo, la fotografía de animales salvajes, el cultivo de bonsáis y el motorismo, Santiago Abascal, el dirigente de Vox, está convencido de que la mayor riqueza de este mundo son sus cuatro hijos.

Divorciado y vuelto a casar, creció como político a la sombra del derechista Partido Popular (PP), en el que estuvo afiliado desde joven y con el que ocupó diferentes cargos públicos en el País Vasco. Abascal se comenzó a alejar de esta formación en 2009, por considerar que estaba traicionando los principios que arroparon su nacimiento como principal partido conservador.

Abascal, de la derecha a la ultraderecha

Adoptó entonces un perfil más agresivo para retomar las causas genuinas de la derecha española. Cuatro años más tarde funda Vox para alcanzar la presidencia en 2014 de este partido que pasó desapercibido hasta las elecciones regionales de Andalucía del pasado mes de abril, en las que obtuvo un resultado impactante al cosechar el 11% de los votos a pesar de su extremismo ideológico.

Desde entonces, Vox solo ha hecho que crecer de la mano de Abascal, según certifican todas las encuestas que anticipan que puede superar el 10% de las sufragios en las elecciones generales del 28 de abril.

Vox, el partido de extrema derecha que ha cambiado la política en España

El presidente de Vox, con su planta fornida y la barba cuidadosamente recortada, se expresa con pocos miramientos y sabe conectar con aquellos electores que echan en falta el coraje de la derecha para enfrentar sin remilgos la migración irregular, el auge del feminismo, y desafíos como el proceso independentista en Cataluña, que ponen en peligro la unidad de España, el mantra preferido de Vox junto al orgullo patriótico.

Con su discurso, Abascal reivindica también tradiciones puestas en jaque por las organizaciones humanitarias, como los toros o la caza, al tiempo que reivindica la historia de España y su rol de gran imperio que aportó al mundo mucho más de lo que arrebató.

Tradición, antifeminismo y nacionalismo

Sus referencias xenófobas y antifeministas no solo le han granjeado las críticas de la izquierda española y amplios sectores de la población. También despiertan el recelo del PP y, sobre todo, de Ciudadanos (Cs), el partido de centroderecha que observa con prevención algunos de los postulados más exagerados de Abascal.

En cualquier caso sus pronunciamientos, que tocan los resortes emocionales de muchos votantes, han contribuido a endurecer el discurso del conjunto de la derecha española ante el temor de que sus electores busquen refugio en la formación ultraconservadora que se define como un partido político en defensa de la honradez, los valores patrios y la unidad de España.

La expulsión de los migrantes irregulares, la suspensión de la autonomía catalana hasta acabar con el independentismo, la recentralización del Estado y la derogación de la ley de violencia de género por considerar que discrimina jurídicamente a los hombres, figuran entre las propuestas más polémicas del partido que lidera Abascal.

Santiago Abascal en un mitin en Sevilla, España, el 24 de abril de 2019.
Santiago Abascal en un mitin en Sevilla, España, el 24 de abril de 2019. Marcelo del Pozo / Reuters

El sociólogo vasco no se considera un político de extrema derecha y tampoco le gusta que le califiquen de xenófobo. Prefiere definir a Vox como un partido que ama profundamente a España y defiende a capa y espada los intereses de sus ciudadanos: "los españoles primero", advierte.

Abascal coincide en lo fundamental con sus pares europeos de extrema derecha sobre la amenaza que representa la migración irregular para los países del viejo continente. También comparte con ellos que la soberanía nacional prevalezca sobre ciertas imposiciones de Bruselas, la capital de la Unión Europea (UE), en temas que resulten incompatibles con la voluntad del Gobierno o el Parlamento español.

En este contexto, el líder de Vox sintoniza con los dirigentes de la extrema derecha de Francia, Marine Le Pen, y de Italia, Matteo Salvini, con quienes mantiene una relación fluida.

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Atípico e inclasificable

"La inmigración hay que regularla en función de las necesidades de la economía nacional", "hay muchos españoles en paro (desempleo) a los que no les llegan las ayudas sociales que sí alcanza la inmigración porque las instituciones públicas dice que ellos sí tienen arraigo", "derogaría la ley totalitaria de la ideología de género, que hace que se criminalice a la mitad de la población por su sexo", "quiero libertad contra ese feminismo que nos quiere oprimir", son algunas de sus frases más sonadas.

Pero Abascal no es un político burdo; maneja con inteligencia las provocaciones. Y de ahí que arremeta contra la migración irregular, pero reivindique a los trabajadores extranjeros que aportan su esfuerzo dentro de la legalidad. Defensor de la familia tradicional, también matiza lo necesario cuando asegura que al Estado no debe importarle lo que hace la gente debajo de las sábanas.

En este sentido, Abascal resulta inclasificable. Y llama la atención que algunas de sus demandas que causan indignación pública, sobre todo en las redes sociales, sean defendidas por el derechista PP sin que provoquen el mismo alboroto.

También es un personaje atípico, hasta el punto de que acostumbra a llevar pistola, una Smith & Wesson, en un país donde las armas de fuego son inusuales entre los civiles. Su experiencia vital en el País Vasco, donde algunos políticos del PP y del PSOE figuraron entre los objetivos terroristas de la organización separatista ETA, marcó definitivamente a Abascal que se procuró los medios para su defensa personal tras convertirse en uno de los adversarios más acérrimos del nacionalismo vasco.

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