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China insta a que más países se unan a su Nueva Ruta de la Seda

Líderes participan de una mesa redonda en el cierre del segundo foro internacional de la Nueva Ruta de la Seda en Beijing, el 27 de abril de 2019.
Líderes participan de una mesa redonda en el cierre del segundo foro internacional de la Nueva Ruta de la Seda en Beijing, el 27 de abril de 2019. Aleksey Nikolskyi / Sputnik / AFP

En el segundo y último día del foro internacional en Beijing, el presidente Xi Jinping animó a que nuevas naciones participen de la ambiciosa propuesta comercial. La cumbre cerró con acuerdos por 64 mil millones de dólares.

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En el cierre del foro internacional celebrado en Beijing, el presidente de China, Xi Jinping, animó a que más países se unan a su ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, iniciativa comercial con la que pretende expandir la influencia de su país, conectándolo con Asia, Europa y más países.

En un nuevo llamado a luchar contra el proteccionismo comercial, el mandatario chino señaló la necesidad de la cooperación multilateral entre las naciones, que abarque tanto la “infraestructura” y “la economía digital” como una apertura comercial mayor de China, la implementación de un “sistema financiero diversificado y un mercado de capitales diverso” y la realización de “intercambios culturales”.

En una mesa redonda con los líderes participantes del encuentro, Xi Jinping remarcó la importancia de la “interconectividad” entre las naciones y consideró que esa meta es la “línea principal” de su proyecto –denominado oficialmente de la Franja y la Ruta-, a la vez que destacó que “un gran número de carreteras, ferrocarriles, puertos y otros proyectos de desarrollo de infraestructura están en funcionamiento o han logrado resultados fructíferos”.

"Bajo el actual contexto global de compleja situación económica, creciente inestabilidad e incertidumbre, carencia de dinamismo y presión bajista, reforzar la cooperación internacional para la interconectividad es más significativo", agregó.

Por su parte, una vez concluido el foro, el mandatario chino anunció que, al cabo de los tres días de reuniones, se cerraron acuerdos comerciales por un valor de 64 mil millones de dólares y los participantes acordaron un total de “203 objetivos”, los cuales serán publicados por las autoridades chinas aunque sin fecha cierta.

De esta manera, Xi Jinping pareció cerrar con más optimismo este segundo foro sobre la Nueva Ruta de la Seda, que contó con la participación de 37 jefes de Estado y representantes de 150 países.

La cumbre resultó un intento de despejar las dudas surgidas entre algunos socios escépticos y críticos que aún no se han sumado a la iniciativa. Los ejes de los cuestionamientos están puestos en el alto costo del desarrollo de la infraestructura, el potencial endeudamiento excesivo producto de los créditos entregados por China –que podrían resultar impagables para países pobres, los cuales, según los detractores del proyecto, quedarían “atrapados” en una deuda con el gigante asiático-, una proliferación de la corrupción –dado que gran parte de los trabajos son destinados a empresas estatales chinas- y el impacto ambiental de un proyecto que no cuenta con un estudio sobre esos efectos.

El viernes 26 de abril, en su alocución de apertura del foro, Xi Jinping salió al cruce de esos cuestionamientos al señalar que la iniciativa busca una cooperación con resultados positivos para todos los participantes, que estará regida por los principios del mercado, que contará con una mayor apertura comercial china a inversiones extranjeras, y que será “ecológica, sostenible y transparente”.

Y en su presentación ante la prensa para dar sus conclusiones finales este sábado 27 de abril, el mandatario chino reiteró que trabajarán para mejorar “los canales de financiación” y “reducir los costes”.

Un total de 125 países participan de la Nueva Ruta de la Seda

Xi Jinping celebró que este segundo foro internacional diera “más resultados” que el primero, celebrado en 2017 y vaticinó que “más y más amigos y socios se unirán a la cooperación de la Franja y la Ruta”, la cual disfrutará “de una mejor calidad y de perspectivas más brillantes”.

En concreto, y a pesar de las dudas, el segundo Foro le permitió a China elevar la cantidad de países asociados. En total, 125 países y 29 organizaciones internacionales han firmado su adhesión al proyecto de infraestructura financiado por el gigante asiático desde su lanzamiento en 2013.

Perú fue uno de los que aprovechó el segundo foro internacional para firmar el Memorando de Entendimiento –principal documento de adhesión al plan- y sumarse así al grupo que ya integran aliados de China, como Rusia o Pakistán, y otros países latinoamericanos como Bolivia, Chile o Uruguay.

Sin embargo, el proyecto sigue despertando escepticismo en actores de peso como Japón y Corea del Sur, dos potencias asiáticas que no se han sumado a la iniciativa; la Unión Europea, que pretende ver resultados concretos para analizar una adhesión en bloque –aunque Italia se separó y ya forma parte del proyecto-; y, evidentemente, Estados Unidos, que considera la propuesta como una herramienta de China para ampliar su influencia y, como consecuencia, reducir la de Washington.

Para el financiamiento –que tiene cifras poco claras, pese a la promesa china de transparencia-, China ha establecido el Fondo Ruta de la Seda, créditos de grandes bancos estatales, el Banco de Desarrollo de China y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura. Esos préstamos, para los críticos del proyecto, persiguen el objetivo de ahogar a economías de países receptores como Pakistán, Montenegro o Yibuti.

Para aliviar esas tensiones, China ha reevaluado y condonado pagos de intereses adeudados, como fue el caso de Etiopía. Además, el proyecto se ha visto golpeado por el desplome de varios nuevos proyectos, lo que ha llevado a China a tomar esa postura.

Organizaciones como Human Rights Watch también han denunciado el excesivo control de China sobre los desarrollos y el impacto medioambiental, que se da en casos como el puerto de Hambantota de Sri Lanka (del que China controla el 85% y ha generado protestas de ambientalistas por su amenaza al ecosistema local); la ciudad portuaria de Gwadar, en Pakistán (donde pescadores denuncian falta de transparencia y posible impacto por la construcción de una carretera que bloquearía su acceso al mar); o la represa de Myitsone en Myanmar (donde HRW denuncia que China incrementó la presión para retomar ese proyecto, suspendido luego de las protestas en todo el país contra el proyecto por su potencial daño al medio ambiente y al patrimonio cultural de la etnia Kachin).

Con Reuters, AP y EFE

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