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La sonrisa en el retrato, otra barrera rota por Leonardo Da Vinci

Vista de la Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci, expuesta en el Museo del Louvre de París. Archivo.
Vista de la Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci, expuesta en el Museo del Louvre de París. Archivo. AFP

La Mona Lisa es la obra más famosa del artista italiano. La enigmática sonrisa de Liga Gherardini ha cautivado a millones, pero ese gesto no siempre fue considerado aceptable en los retratos, algo que Da Vinci comenzó a cambiar.

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El Retrato de Lisa Gherardini, más conocida como Mona Lisa o Gioconda, es la obra más conocida del artista italiano Leonardo Da Vinci. La tímida sonrisa de la mujer retratada es uno de sus elementos más característicos, al igual que su intrigante mirada.

Esa sonrisa, misteriosa e irresistible, fue un toque distintivo de Da Vinci. Pero también un signo de un cambio de época en la forma de retratar a las personas.

El pintor italiano fue uno de los primeros en romper la tradición de pintar retratos de personas con rostro serio. Eso ocurría porque sonreír era considerado un gesto vulgar e inapropiado, generalmente asociado a locos, bufones y prostitutas. Da Vinci fue uno de los pioneros en dejar atrás esa creencia e inspiró a decenas de artistas a seguir sus pasos.

“Después de años de investigación, Da Vinci se dio cuenta de que la sonrisa era una de las expresiones faciales más sutiles, la más ambigua y, ciertamente, la que tiene más significado”, explicó Vincent Delieuvin, especialista en arte renacentista.

Si bien la sonrisa de la Mona Lisa fue la más famosa, Da Vinci pintó diferentes tipos de retratos con ese gesto y, en ellos, reflejó expresiones de lo más diversas, desde lo lúdico a lo ambiguo.

Las 10 cosas que probablemente no sabías de Leonardo Da Vinci

Como genio que trascendió disciplinas, Da Vinci también fue un gran científico y, desde ese lugar, se convirtió en un estudioso de la anatomía humana, buscando darles el mayor realismo posible a sus obras. En esa labor, dibujó cientos de bocetos y hasta llegó a diseccionar cadáveres.

Además, incursionó en diversas técnicas de pintura innovadoras, con el objetivo de capturar las expresiones faciales más sutiles, como lo puede ser una sonrisa. Una de ellas es el “sfumato”, que consiste en superponer capas de pintura delgadas como el papel para crear un efecto de luz y sombra.

“Las líneas y los bordes son casi imperceptibles. Se ven borrosos, como si estuvieran ocultos detrás de una capa de humo. Y eso es lo que da vida a las pinturas”, remarcó Delieuvin.

Otro legado más de Leonardo Da Vinci que, 500 años después de su muerte, sigue vigente.

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