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Boleto de vuelta

Las bases estadounidenses en Okinawa, un amargo legado de la Segunda Guerra Mundial

Okinawa, suroccidente de Japón, fue escenario de una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial: murieron al menos 200.000 personas. A pesar de que han pasado décadas, el trauma y los efectos de la guerra siguen presentes, especialmente porque Estados Unidos no ha abandonado el archipiélago considerado como estratégico, una presencia militar que los lugareños no quieren.

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Estados Unidos tomó la decisión de invadir Okinawa en marzo de 1945. En ese momento la zona fue declarada como "la llave del imperio", desde donde posteriormente la nación norteamericana estableció una invasión final a todo Japón.

La acción fue calificada como el mayor asalto anfibio en la denominada Guerra del Pacífico y la última gran batalla de la Segunda Guerra Mundial. Durante 82 días las tropas estadounidenses enfrentaron a un enemigo agresivo y al cual no le tembló el pulso para reclutar civiles.

Los enfrentamientos dejaron cerca de 80.000 soldados muertos en las filas japonesas, entre los que se incluyen unos 4.000 suicidas. En el otro lado, las pérdidas de los aliados ascienden a 14.000 hombres. Entre los estimados se contabiliza la muerte de 150.000 civiles caídos en atentados de Estados Unidos, en combate o suicidios colectivos mientras las fuerzas estadounidenses avanzaban.

La presencia de bases estadounidenses generan miedo y descontento

En la actualidad, los japoneses tratan de borrar ese pasado violento; por ello el archipiélago se muestra como un paraíso ideal para disfrutar de las bondades del océano Pacífico. Sin embargo, la presencia estadounidense se mantiene por considerar la zona un punto estratégico. Allí permanecen 32 bases militares utilizadas durante la guerra con Corea y Vietnam o en conflictos como los de Irak y Afganistán.

Por años, los residentes de Okinawa, donde se encuentran más de la mitad de las bases estadounidenses, han exigido su salida. La presencia de militares foráneos ha generado incidentes como violaciones, asesinatos y accidentes.

Adicionalmente denuncian que la presencia militar obstaculiza su desarrollo turístico y genera daños ecológicos.

El descontento público provocó que el Gobierno japonés cerrara la base estadounidense en Futenma, ubicada en el corazón de la isla principal. No obstante, se construye una nueva base en un área de 160 hectáreas en una zona menos poblada de la isla.

Las autoridades locales se oponen a esta transferencia ya que la población negó dicha transferencia en un referendo realizado en febrero. A pesar de ello, los trabajos continuarán según lo anunciado por el Gobierno japonés, lo cual motivó nuevas manifestaciones y debates sobre el estatus especial del archipiélago.

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