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La compleja tarea de formar un nuevo gobierno en Irlanda del Norte

La primera ministra británica Theresa May y el primer ministro de Irlanda Leo Varadkar asisten al funeral de la periodista Lyra McKee en la catedral de Santa Ana en Belfast, Irlanda del Norte, el 24 de abril de 2019.
La primera ministra británica Theresa May y el primer ministro de Irlanda Leo Varadkar asisten al funeral de la periodista Lyra McKee en la catedral de Santa Ana en Belfast, Irlanda del Norte, el 24 de abril de 2019. Clodagh Kilcoyne / Reuters

El asesinato de la periodista Lyra McKee, a manos de un disidente del Nuevo Ejército Republicano Irlandés, motivó el reinicio de las negociaciones para formar un gobierno en Irlanda del Norte, tras casi dos años de vacío político en esa provincia.

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Stormont, como se conoce la Asamblea de Irlanda del Norte en Belfast, es un edificio imponente. No solo por su tamaño y ubicación en medio de un parque, sino por lo que significa para esta nación, que fue centro de uno de los conflictos más sangrientos de los últimos tiempos en Europa.

Esta es la gran materialización de una parte del Acuerdo de paz del Viernes Santo, firmado el 10 de abril de 1998, y que trajo paz política a esta región; convulsa por una violencia que surgió de una mezcla de motivos religiosos y nacionalistas. El conflicto dejó más de 3.000 muertos en 30 años de confrontaciones.

Así lo recuerda el director del Instituto de Justicia Transicional de Ulster University, el profesor Rory O’Connell en entrevista con France 24 desde Belfast: “Lo más importante es que el gobierno local fue clave para lo que llamamos el Capítulo Uno del Acuerdo de 1998, que buscaba poner fin al conflicto de décadas conocido como The Troubles”.

Desde entonces, la Asamblea de Irlanda del Norte ha sido liderada por un gobierno de coalición entre el Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte (DUP), que defiende la permanencia de Irlanda del Norte dentro del Reino Unido y el Sinn Féin, de corte nacionalista y a favor de la unificación de la isla de Irlanda.

El profesor Colin Harvey, de Queen's University Belfast, resalta la magnitud del acuerdo. “Irlanda del Norte es una sociedad posterior al conflicto con instituciones diseñadas a través de un acuerdo de paz para ayudar a la transición. El Ejecutivo y la Asamblea son importantes componentes del proceso de paz para compartir el poder y son un intento institucional para asegurar que las dos comunidades trabajen juntas sobre la base del respeto mutuo y la paridad de estima”, analiza.

Tanto el Sinn Féin como el DUP representan espectros políticos antagónicos pero han podido gobernar con cierta estabilidad desde que se firmó el Acuerdo de Paz. Sin embargo, en enero de 2017 esa aparente armonía se rompió por un escándalo sobre un programa de lanzamiento de energía verde que salpicó a la líder del DUP, Arlene Foster.

Aunque los resultados de esa investigación no han concluido, el Sinn Féin se levantó de la mesa rompiendo la coalición. Lo que significa que desde hace 26 meses y hasta hoy no hay sesiones en esa Asamblea.

 
La problemática alianza entre el DUP y Downing Street

Con las elecciones generales de 2017 en el Reino Unido, la primera ministra, Theresa May, perdió gran parte de su poder político en Westminster. Para alcanzar las mayorías, y poder formar un gobierno conservador, May negoció una alianza con el DUP que con apenas diez sillas en el Parlamento se ha convertido en una fuerza política tan poderosa como fundamental.

Aunque el DUP no parte formal del Gobierno, sus diputados juegan un rol importante a la hora de tomar decisiones. Tanto, que la oposición de esta colectividad al acuerdo del Brexit de May ha sido una de las razones por las que el Parlamento ha rechazado en tres oportunidades el texto acordado entre Londres y Bruselas, luego de dos años de negociaciones.

Que el DUP haga parte de la coalición de Gobierno de Theresa May en Londres ha desplazado la prioridad de conformar un gobierno en Irlanda del Norte.

El profesor O’Connell señala que “este es un resultado legítimo de las elecciones generales, pero también es problemático. La combinación de la prominencia del DUP y la política abstencionista de Sinn Féin (esos parlamentarios no toman sus asientos en Westminster) significa que la mayoría de las voces de Irlanda del Norte en el Parlamento no reflejan la opinión mayoritaria de Irlanda del Norte sobre la cuestión fundamental del Brexit”.

Para el profesor Harvey la alianza DUP-May no ha sido benéfica. “El acuerdo ha tenido un impacto perjudicial en la política aquí. Se supone que el Gobierno británico debe ejercer una rigurosa imparcialidad en su enfoque, de acuerdo con el Acuerdo de Viernes Santo, y esto ha sido cuestionado. También plantea problemas prácticos de confianza básica para las otras partes en las negociaciones: todos saben que el DUP ahora disfruta de una posición especial y una relación con el Gobierno británico. Esto es profundamente inútil. El actual Gobierno británico ha sido imprudente e irresponsable en su enfoque del proceso de paz, incluida su relación con Irlanda del Norte durante las negociaciones del Brexit”.

El riesgo creciente es romper la armonía política que dejó el Acuerdo del Viernes Santo

Aunque el Acuerdo de Paz del Viernes Santo es considerado un ejemplo internacional para negociaciones de conflictos armados, porque cesó la violencia al tiempo que creó una atmósfera de paz política en el país, los factores que crearon las profundas divisiones parecen intactas.

Tras 20 años, las divisiones entre republicanos en su mayoría católicos y unionistas mayoritariamente protestantes, son palpables. Los temas a discutir actualmente son un reflejo de ello.

Sobre la mesa se encuentran la ley del idioma irlandés, que es una profunda diferencia de antaño entre las partes, el matrimonio del mismo sexo y el aborto que son legales en el resto del Reino Unido y la República de Irlanda, pero no en Irlanda del Norte.

Tras más de dos años sin un gobierno local, el riesgo creciente es romper la armonía política que dejó el Acuerdo del Viernes Santo. Por ello, el llamado de la primera ministra Theresa May y  de su similar de la República de Irlanda, Leo Varadkar.

Los expertos prevén que esta nueva fase de diálogos puede tardar incluso semanas antes de arrojar un resultado concreto.

 “El problema no es solo una cuestión de diferencias políticas, ha habido una ruptura de confianza entre los partidos principales. Y encima de todo está el Brexit. Esto divide a los partidos y a la comunidad. El Brexit es apoyado por una mayoría de unionistas, pero una mayoría de nacionalistas se opone. Puede haber caminos hacia adelante incluso en este tema, pero no son sencillos”, sentencia O’Connell.

El efecto Brexit no solo tendría implicaciones para la paz política en Irlanda del Norte, sino de todo el Reino Unido.

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