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El bus de Europa

#BusEuropaF24, etapa 1: en Francia, los 'chalecos amarillos' se meten en las europeas

Unos manifestantes con una bandera francesa participan de una protestas antigubernamental convocada por el movimiento los 'Chalecos Amarillos' ('Gilets Jaunes') en Lyon, en el centro-este de Francia, el 11 de mayo de 2019.
Unos manifestantes con una bandera francesa participan de una protestas antigubernamental convocada por el movimiento los 'Chalecos Amarillos' ('Gilets Jaunes') en Lyon, en el centro-este de Francia, el 11 de mayo de 2019.

Este movimiento inédito ha obligado a las formaciones políticas a mover sus líneas, pero también hizo emerger tres listas que participarán a las elecciones. El refuerzo del poder adquisitivo se encuentra en el centro de los reclamos.

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Cumplen seis meses, sacudieron la presidencia de Emmanuel Macron y ahora esperan dañarle su fiesta europea. Los 'chalecos amarillos' hacen frente a su primer encuentro electoral y, si bien ha sido laborioso para ellos constituirse en una fuerza política autónoma, sus reclamos llegaron a primera línea del escenario político francés y se apoderaron de la campaña de las elecciones que renovarán el Parlamento Europeo.

Con el fin de apaciguar esta crisis suscitada por las marchas semanales, además de tomar medidas excepcionales, el Gobierno organizó su llamado “Gran Debate Nacional”, una iniciativa anunciada para captar y ejecutar las medidas que pretendían ir en el sentido de una mejora del poder adquisitivo, tras las primeras semanas de unas intensas protestas que hasta ahora no han cesado.

La ‘fiebre amarilla’ no ha desaparecido pese a las maniobras del Ejecutivo. Vestido por franceses poco acostumbrados a manifestar, el chaleco se convirtió en símbolo que expone un malestar social menospreciado por la clase política y pocos son los integrantes de este movimiento que se satisficieron de las medidas anunciadas para paliar lo que más reclaman: una mejora de sus condiciones económicas.

El costo de la vida, en el centro de las preocupaciones

Esta condición se mide generalmente por hogares a través del “ingreso bruto disponible”, que varía en función de los salarios, de los precios de la canasta básica, de los subsidios del Estado y de los impuestos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INSEE), este ingreso ha perdido cierto peso durante las últimas décadas.

Otros estudios resaltan el alto costo de la vida en Francia, como el sitio 'Glassdoor', que, en base a los sueldos anuales y los costos, calculó un “índice de nivel de vida” en algunos países europeos, ubicando así a Francia en un rango inferior a Suecia o Alemania.

Una de las asistentes a las manifestaciones femeninas de los 'chalecos amarillos' en París, Francia, el 6 de enero de 2019.
Una de las asistentes a las manifestaciones femeninas de los 'chalecos amarillos' en París, Francia, el 6 de enero de 2019. Gonzalo Fuentes / Reuters

Desde que el movimiento empezó, los 'chalecos amarillos' han arremetido contra la política económica de Emmanuel Macron, que, según ellos, deteriora su poder adquisitivo.

Los cálculos del Instituto de Políticas Públicas, hechos sobre los dos presupuestos nacionales adoptados bajo el mandato del mandatario centroderechista, señalan que el 20% más pobre de Francia, junto al 20% más adinerado, son los que habrían padecido más en su bolsillo la acción del presidente. Mientras que los que se ubican entre estas dos franjas, la “clase media”, habrían sido económicamente favorecidos por esta política. En este análisis, los que baten todos los récords de ganancias son los ‘ultraricos’, el 1% de la población.

Los 'chalecos' recordaron también la existencia de otra fractura interna: aquella que marca la diferencia entre el campo y la ciudad. Desindustrializadas, aisladas, casi olvidadas, muchas zonas rurales francesas sufren las consecuencias de unas políticas de desarrollo que se han empeñado a reforzar grandes polos urbanos.

Entre las razones del descontento se encuentra la falta de servicios públicos, como, por ejemplo, la salud. Se estima que 8 millones de personas viven en un llamado “desierto médico”, encontrándose en la imposibilidad de ver a un profesional de la salud más de dos veces al año.

Aparece, de igual manera, la pérdida de dinámica económica de los centros históricos de las ciudades pequeñas y medianas a causa del desarrollo sin control de centros comerciales que aspiran toda la actividad, o la falta de soluciones de transporte que ha llevado a las personas a depender de manera desproporcionada de sus vehículos y de los costos subyacentes, como la gasolina, el primer reclamo que se conoció de los 'chalecos amarillos'.

Una campaña nacional para unos retos europeos

Las problemáticas nacionales agitan los ánimos independientemente de que se trate de una campaña europea. Muchos son los temas que no incumben directamente al Parlamento Europeo que se elegirá, pero las formaciones políticas trataron de responder al reclamo social de la ‘ola amarilla’ que atraviesa a Francia.

Entre los puntos programáticos está la instauración de un salario mínimo europeo, que se encuentra tanto en las propuestas de la lista de Macron como en las de la izquierda radical. En la misma dinámica, varios partidos llaman a una armonización fiscal en la Unión Europea para evitar el fenómeno llamado “dumping”, la competencia desleal entre trabajadores de diferentes países.

El tema de la justicia climática se impuso también en varias campañas. La idea de pagar nuevos impuestos para financiar la transición ecológica exaspera a una parte de la población, que señala, por ejemplo, que gravar a las multinacionales y las grandes fortunas sería más eficaz. Al igual que el uso de los fondos que se podrían recuperar al combatir la evasión fiscal a nivel europeo.

De las 34 listas que competirán el 26 de mayo en Francia para la designación de los diputados de Estrasburgo, tres emanan directamente del movimiento de los 'chalecos amarillos'. Pero en práctica, sin fondos y sin experiencia, quedan diluidos en el poder de las formaciones tradicionales, y criticados por otros ‘amarillos’, que siempre han rechazado cualquier participación en el escenario político.

En el nuevo duelo que se dibuja entre el partido de Macron y la extrema derecha de Marine Le Pen, al igual que en las presidenciales de 2017, los mismos intereses europeos y gran parte de los del electorado quedan en veremos. Una coyuntura que podrá difícilmente convencer al 77 % de los jóvenes de entre 18 y 25 años que, se prevé, no votarán.

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