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El bus de Europa

#BusEuropaF24, etapa 2: En Italia, los migrantes como instrumento de la extrema derecha

Migrantes a punto de subirse en un ferry, en el puerto de la isla italiana de Lampedusa, para ser transferidos a Porto Empedocle, en Sicilia, el 18 de febrero de 2015.
Migrantes a punto de subirse en un ferry, en el puerto de la isla italiana de Lampedusa, para ser transferidos a Porto Empedocle, en Sicilia, el 18 de febrero de 2015. Alberto Pizzoli / AFP

El omnipresente Matteo Salvini lidera la intensa campaña de las elecciones europeas, en la cual no duda usar la xenofobia para movilizar a sus votantes. En el día a día, la acción del italiano debilita aún más la condición de los migrantes.

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Pretende instaurar una sanción de hasta 5.000 euros por cada migrante rescatado. En el blanco del ministro del Interior y viceprimer ministro, Matteo Salvini, están las ONG que operan en el Mar Mediterráneo, primeros testigos del drama humano que a menudo se presenta entre África y Europa.

En plena campaña, sin frenos, el líder de la derechista Liga acomete en contra de los exiliados y los que les ofrecen ayuda. "Nuestra línea no cambia y no cambiará, nadie desembarca en Italia", aseveró recientemente al defender su política de los "puertos cerrados". Ignorando las normas internacionales, el ministro, que acusó a algunas organizaciones de actuar con la complicidad de traficantes de migrantes, se niega a recibir en suelo italiano a más personas rescatas en alta mar. Una postura que casi le valió un juicio por "secuestro".

Salvini ha sacado provecho de la cacofonía que ha reinado acerca del tema migratorio entre los países de la Unión Europea (UE), que nunca lograron acordar una política común, y posibles repartos de los migrantes, dejando solas a las naciones receptoras, como Italia. Eso significó dejar la cancha libre al argumento que gira entorno a la protección de los intereses nacionales ante una UE deficiente.

Las medidas antimigratorias, núcleo de la acción de Salvini

No obstante, la cuestión no se limita a los migrantes que llegan por vía marítima. En septiembre pasado se aprobaron unas directrices, recopiladas en el llamado "decreto Salvini", que atacan no solamente a la inmigración irregular, sino que también cercan a los refugiados y al derecho de asilo. Entre los puntos más polémicos está la supresión de la protección humanitaria, lo cual supone una flexibilización de las expulsiones, salvo casos extremos, y un amontonamiento de las personas en ‘súpercentros’ de retención, cuyas condiciones que se viven son denunciadas por los activistas de derechos humanos.

En Italia, según las cifras oficiales, hay unos cinco millones de inmigrantes legales y se estima en 500.000 el número de personas que permanecen sin permiso en el territorio nacional. En Milán, centro económico del país, el tejido social ha tratado de absorber a las poblaciones recién llegadas, a través de mecanismos de solidaridad que pretenden favorecer la integración de las personas. Con el "decreto Salvini", la atmósfera se tensó, la represión sobre los indocumentados se acentuó y ahora pone en peligro las iniciativas que se habían implementado.

Pero la acción de Matteo Salvini no carece de cuestionamientos, empezando por los primeros que tienen que lidiar con el tema migratorio: los alcaldes. Varios políticos locales se opusieron de frente al ministro y contestaron los fundamentos legales de sus medidas.

El ministro del Interior y viceprimer ministro de Italia, Matteo Salvini, habla durante el programa de entrevistas italiano "Porta a Porta", emitido por el canal italiano Rai 1, en Roma, el 20 de junio de 2018, mientras se ve una imagen con inmigrantes en el mar.
El ministro del Interior y viceprimer ministro de Italia, Matteo Salvini, habla durante el programa de entrevistas italiano "Porta a Porta", emitido por el canal italiano Rai 1, en Roma, el 20 de junio de 2018, mientras se ve una imagen con inmigrantes en el mar. Andreas Solaro / AFP

Sin embargo, el ministro del Interior no le teme a la adversidad, ni a la importancia del adversario, ni siquiera si se trata de la Santa Sede. Este lunes 13 de mayo, un cercano al papa Francisco, el cardenal Konrad Krajewski, restableció la luz de un edificio de Roma, ocupado ilegalmente por 400 familias y que había sido cortada por las autoridades. El clérigo argumentó conforme a los principios del Pontífice.
Furioso, Salvini, quien no duda hacer campaña agarrando Biblia y rosario, dijo esperar que el oficial del Vaticano pagara las facturas del lugar.

Defensor de los derechos de los migrantes y partidario de soluciones multilaterales en materia humanitaria, el discurso de Francisco choca a menudo con la agenda de la extrema derecha italiana. De hecho, la Iglesia respondió a la crisis facilitando hospedajes a familias sin soluciones.

Un Gobierno frágil y una división de la ultraderecha a nivel europeo

Salvini sabe lo que vende electoralmente y no es precisamente una fricción con los jefes del catolicismo la que lo detendrá. Con el lema "Primero Italia: el sentido común en Europa", la lista de la ultraderechista Liga domina las encuestas para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 26 de mayo. Si los sondeos se vuelven realidad, el bando de Salvini podría multiplicar por cinco su resultado en comparación al sufragio europeo de 2014, pasado de 6% a 32% de los votos.

Seguro de su popularidad a nivel nacional, Matteo Salvini ha abogado a favor de una alianza "nunca vista" a nivel de la UE. Actualmente divididos en tres diferentes grupos políticos en el Parlamento de Estrasburgo, el viceprimer ministro italiano se ha empeñado a tratar de aliarlos, junto a la francesa Marine Le Pen, siguiendo el llamado del sulfuroso Steve Banon, exconsejero de Donald Trump.

Foto publicada por la oficina de prensa del primer ministro húngaro, Victor Orbán, durante la visita del viceprimer ministro y ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, cerca de la valla en la frontera húngaro-serbia, en el pueblo de Roszke.
Foto publicada por la oficina de prensa del primer ministro húngaro, Victor Orbán, durante la visita del viceprimer ministro y ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, cerca de la valla en la frontera húngaro-serbia, en el pueblo de Roszke. AFP photo / Hungarian Prime Minister's Press Office / Balazs Szecsod

Pero entre visiones económicas o geoestratégicas, no faltan los disensos entre las formaciones ultraderechistas europeas. El polémico mandatario húngaro, Victor Orban, con el cual Salvini quiso mostrar una gran cercanía, se quedará con el amplio grupo conservador, pese a los regaños por sus derivas. Misma dinámica con el austriaco Sebastian Kurz, quien privilegia una postura pragmática ante los comicios.

En las intenciones de voto en Italia, 10 puntos detrás de la Liga, está el Movimiento 5 Estrellas (M5S), con el cual Salvini está gobernando. Una alianza más frágil que nunca. Este lunes, el otro viceprimer ministro y líder del M5S, Luigi di Maio denunció "el regreso de escuadrones del extremismo en las calles" y la "tensión social" que domina en el país. En un claro llamado a Salvini, Di Maio llamó a la calma a "todas las fuerzas políticas, incluso las presentes en el Gobierno".

Menos visible, aunque es por él que hay un Ejecutivo conformado en Italia, el primer ministro, Giuseppe Conte, expresó públicamente su temor a que Salvini quiera hacer colapsar la coalición gobernante. En campaña permanente, calculador y con una aplastante presencia sobre el escenario nacional frente a sus colegas, es posible que Matteo Salvini gane más en generar enfrentamientos en vez de alianzas en los próximos meses.

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