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Bolivia: Hallan evidencia de uso de alucinógenos por chamanes de hace 1.000 años

Vista del templo de Kalasasaya en el complejo arqueológico de Tiwanaku, a 71 kilómetros de La Paz. Tiwanaku pervivió entre el año 200 antes de Cristo y el 1.150 de nuestra era.
Vista del templo de Kalasasaya en el complejo arqueológico de Tiwanaku, a 71 kilómetros de La Paz. Tiwanaku pervivió entre el año 200 antes de Cristo y el 1.150 de nuestra era. Javier Aliaga / France 24

El hallazgo en una cueva de Bolivia del bolso de un chamán de hace mil años con rastros de cocaína, hojas de coca y plantas alucinógenas como la ayahuasca, evidencian el consumo de drogas con fines ceremoniales en la antigua cultura de Tiwanaku.

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El morral contenía un par de tabletas de rapé o pequeñas bandejas para machacar las plantas, espátulas para hacer dosificaciones, un estilizado cilindro para inhalar y una pequeña bolsa formada con tres hocicos de zorro con los restos de las drogas citadas.

Las tabletas de rapé están coronadas por parejas de figuras humanas o gemelares y el tubo inhalador está tallado también como una figura humana con trenzas de pelo humano.

El uso de las sustancias psicotrópicas con fines ceremoniales y medicinales entre los hechiceros tiwanacotas es algo que los arqueólogos y antropólogos estudian en Bolivia desde hace años, pero para el gran público todavía es una faceta casi desconocida.

El significativo descubrimiento fue realizado por los arqueólogos bolivianos Juan Albarracín y José Capriles hace unos años en la llamada "Cueva del Chileno", situada en la región andina de Potosí, pero recién ahora se difunden sus estudios.

Las piezas están expuestas en el Museo Nacional de Arqueología de La Paz, donde se valora su importancia porque son de los pocos objetos orgánicos bien conservados que se han hallado en relación con el consumo de sustancias en Tiwanaku.

Piezas del ajuar perteneciente a un chamán de la antigua cultura de Tiwanaku, que fue encontrado en una cueva del sudoeste de Bolivia con tabletas de rapé o bandejas para machacar sustancias psicoactivas y un inhalador para consumirlas.
Piezas del ajuar perteneciente a un chamán de la antigua cultura de Tiwanaku, que fue encontrado en una cueva del sudoeste de Bolivia con tabletas de rapé o bandejas para machacar sustancias psicoactivas y un inhalador para consumirlas. Javier Aliaga / France 24

La cultura de Tiwanaku pervivió entre el año 200 antes de Cristo y el 1.150 de nuestra era logrando una influencia en territorios de los que hoy es el norte de Chile y Argentina y el sur del Perú.

David Trigo: usaban drogas para llegar a un éxtasis chamánico

El director de ese museo, el arqueólogo David Trigo, destacó, en declaraciones a France 24, que el consumo de los psicotrópicos en Tiwanaku está asociado a los fines ceremoniales religiosos y no a un consumo masivo o adictivo de parte de la población de esa cultura.

Consideró llamativo que en el bolso se hayan detectado restos de cocaína, algo que no es habitual en este tipo de hallazgos.

En cambio, no se consideró extraña la presencia de rastros de la planta vilca, también conocida como anadenanthera colubrina, cuya principal sustancia es el alucinógeno bufotenina.

En sus investigaciones, los descubridores del bolso también se mostraron sorprendidos por la aparición en esa remota zona andina, entre el Salar de Uyuni boliviano y el desierto de Atacama chileno, de trazos del alucinógeno ayahuasca, natural de la Amazonía.

Esa presencia revelaría un intercambio comercial de sustancias entre los pueblos andinos y los de la Amazonía.

Entre los arqueólogos, según Trigo, hay un debate sobre cómo contar el uso de drogas de parte de las culturas prehispánicas en particular a los niños para evitar una mala interpretación.

El enfoque de tema, agregó el arqueólogo, es que "seguramente las usaban para llegar a un éxtasis chamánico, que, obviamente, después se va perdiendo con el tiempo".

Los monumentos de Tiwanaku aluden al consumo de psicotrópicos

En las ruinas de la antigua ciudadela religiosa de Tiwanaku, a 71 kilómetros de La Paz, la iconografía de algunos monumentos revelaría el uso de bandejas para la preparación de sustancias psicotrópicas y del propio consumo.

Una de esas figuras emblemáticas es la del monolito Bennett, una escultura de más de siete metros de altura y 20 toneladas de peso representando a un sacerdote que en una mano sostiene un "keru" o vaso ceremonial y en la otra una tableta de rapé.

Vista del monolito Ponce del complejo arqueológico de Tiwanaku. La escultura tiene en sus manos un vaso ceremonial y una tableta de rapé invertidad, usada para preparar sustancias psicotrópicas.
Vista del monolito Ponce del complejo arqueológico de Tiwanaku. La escultura tiene en sus manos un vaso ceremonial y una tableta de rapé invertidad, usada para preparar sustancias psicotrópicas. Javier Aliaga / France 24

El director del museo de Tiwanaku, Julio Condori, declaró a France 24 que la tableta de rapé sostenida por el monolito Bennett podría ser considerada como un cetro, "un símbolo de mando, no de poder, (sino) de mando para la sociedad".

Condori, que es el primer aimara arqueólogo a cargo del museo de Tiwanaku, coincidió que los elementos alucinógenos eran usados en la cultura tiwanacota con propósitos sacerdotales y medicinales.

Varios los arqueólogos bolivianos y extranjeros señalan que en el denominado monolito Ponce y en la famosa Puerta del Sol, que exhibe tallas de hombres alados con cabezas de cóndor, también hay alusiones al consumo de las sustancias estimulantes.

De la cultura de Tiwanaku, que fue anterior a la de los Incas, los diversos investigadores han dicho que fue un espacio de peregrinaje religioso, un imperio con una fuerza militar de conquista y un estado jerarquizado o segmentado.

Condori señala que el nuevo enfoque es considerar a Tiwanaku como una "marka", es decir como una organización espacial y sociopolítica que tenía "a la religión" como un factor importante de influencia territorial y de alianzas con diferentes pueblos.

La Unesco declaró el año 2000 Patrimonio Cultural de la Humanidad a un área de 75 hectáreas de Tiwanaku, lo que hoy apenas representa un 10 % de las casi 700 hectáreas de construcciones enterradas en el altiplano boliviano que guardan más secretos de esa civilización.

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