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¿Por qué los estudios sobre el glifosato divergen tanto?

El consumo de glifosato en Francia asciende a más de 8.000 toneladas por año.
El consumo de glifosato en Francia asciende a más de 8.000 toneladas por año. Yves Herman / Reuters

El informe sobre glifosato presentado ante el Parlamento el jueves pasado presenta los diferentes métodos de trabajo de las agencias de medición. El herbicida fue calificado de cancerígeno por la OMS, pero no por las agencias europeas.

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“Rara vez recibimos a tantos periodistas”, se alegra Gérard Longuet, director de la Oficina parlamentaria encargada de evaluar las opciones de las decisiones científicas y tecnológicas (OPESCT) al ver que unos 50 periodistas acuden a la presentación del informe sobre el glifosato. Pero no es tan sorprendente puesto que el domingo 12 de mayo, en una entrevista con el periódico 'Midi Libre', el senador del partido centrista UDI Pierre Médevielle planteó lo siguiente: "El glifosato es menos cancerígeno que la charcutería o la carne roja, las cuales no están prohibidas". Esas declaraciones, que retoman argumentos de los defensores de los pesticidas, fueron interpretadas como si fueran las conclusiones de la investigación parlamentaria en las redes sociales y en el Senado.

La entidad encargada del estudio, el OPESCT, tuvo que salir al paso al día siguiente: "Es una conclusión personal del señor Pierre Médevielle", rebatió el diputado Cédric Vilani (partido de gobierno LREM). Como vicepresidente de la oficina OPESCT, ese matemático de formación recordó que el objeto del informe no fue llegar a una conclusión sobre el carácter cancerígeno del glifosato, sino mostrar las metodologías de las agencias de medición.

De hecho, de las 150 páginas que contiene el informe, sólo 17 hablan del glifosato. El nombre del herbicida comercializado por Monsanto solo fue citado una vez en la conferencia de prensa.

Unas diferencias de criterio y una crisis de confianza

En ese trabajo que duró 18 meses, dos diputados (Philippe Bolo y Anne Médevielle) y dos senadores (Pierre Médevielle y Pierre Ouzoulias) analizan cómo, en el 2015, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el glifosato entre los "cancerígenos probables", mientras que la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA) consideró como "improbable que el glifosato fuera un factor cancerígeno para los humanos". Es de recalcar que solo la agencia de California sigue las recomendaciones del CIIC; las agencias de Japón, Canadá, Australia, EE.UU. y Francia están de acuerdo con la EFSA.

"Esa diferencia de criterio (…) deja perplejo tanto al público como a los responsables políticos" y propicia "una crisis de confianza hacia los expertos", revela ese documento.

Para explicar tanta divergencia, el informe apunta a "una diferencia fundamental de percepción entre peligro y riesgo", subraya la diputada de los franceses viviendo en el exterior Anne Genetet (partido de gobierno LREM). El CIIC se concentra en la cuestión del peligro asociado al glifosato, mientras que la EFSA estudia los riesgos para la salud humana y el medio ambiente.

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"No molestar a la industria"

Su método de medición no usa tampoco las mismas fuentes. El CIIC solo toma en cuenta estudios académicos, mientras que la EFSA incluye conclusiones de representantes de la industria, las cuales no suelen estar disponible para el público.

Se ganó así varias críticas: se acusa a las agencias de medición "de minimizar los riesgos asociado para no molestar a la industria" en su informe y de haber copiado "por extenso" (...) partes completas del dossier de evaluación elaborado por la industria", como lo dejaron al descubierto los 'Monsanto papers'en el 2018, pero también de haber ignorado algunos estudios y de no ser lo suficientemente transparente.

El CIIC tampoco se salva completamente: algunos especialistas estiman que la elección de los estudios está sesgada y que la clasificación teórica en cinco niveles de peligrosidad está demasiado alejada de la realidad humana.

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Piden "Más transparencia"

El informe no se inclina a favor de la EFSA ni del CIIC, pero concluye que la primera "parece tener más exigencias que el CIIC para evidenciar un vínculo significativo entre el cáncer y el glifosato (...) lo cual podría explicar por qué existen dos evaluaciones cuyas conclusiones no coinciden en nada", indican los parlamentarios.

En ese informe, los parlamentarios abogan por una mejor transparencia de los datos, en particular hacia el público. También se debe "controlar las relaciones de interés de declaradas de conformidad con obligaciones deontológicas fuertes para el personal y los expertos de las agencias". Ahora bien, ¿cómo es posible respetar a la vez esas exigencias y el secreto industrial? El informe no da ninguna pista en ese sentido.

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