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EL BUS DE EUROPA

#BusEuropaF24, etapa 6: en Polonia, los nacionalistas recuerdan que los derechos nunca son definitivos

Unos manifestantes sostienen una gran bandera del arco iris en una protesta , en Varsovia, Polonia, el 7 de Mayo de 2019, en apoyo a Elzbieta Podlesna, autora de una imagen que representa a la Virgen María con un halo de color arco iris, que recuerda a la bandera LGBT, que fue detenida por "ofensa a las creencias religiosas".
Unos manifestantes sostienen una gran bandera del arco iris en una protesta , en Varsovia, Polonia, el 7 de Mayo de 2019, en apoyo a Elzbieta Podlesna, autora de una imagen que representa a la Virgen María con un halo de color arco iris, que recuerda a la bandera LGBT, que fue detenida por "ofensa a las creencias religiosas". Kacper Pempel / Reuters

Con el riesgo de vulnerar ciertos derechos, el Gobierno llama a la fibra conservadora de muchos ciudadanos con el fin de ganarse el pulso europeo. Varsovia alimentó fricciones con Bruselas a raíz de sus ataques contra las mujeres y las instituciones.

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Este sábado 18 de mayo, unos 20.000 polacos salieron a las calles para defender valores “proeuropeos” frente al nacionalismo que amenaza, según ellos, a la integridad de la Unión Europea (UE).

A la cabeza de esta multitud estuvo Donald Tusk, exprimer ministro de Polonia, actual presidente del Consejo Europeo, la potente entidad que reúne a los mandatarios de la UE, y figura de una coalición centroderechista de cinco partidos que busca desmentir al Gobierno en las urnas.

En 2014, con 19 escaños para cada uno en el Parlamento europeo, la Plataforma Cívica (PO) de Tusk empató con Ley y Justicia (PiS), la formación ultraconservadora que ganó las elecciones nacionales del año siguiente y volvió al mando del país tras ocho años en la oposición. Así que, para el bando moderado, el reto de 2019 es imponerse en el escrutinio europeo y seguir de largo su campaña para las votaciones generales de noviembre.

No obstante, nada vislumbra una reconquista fácil, ya que el PiS continúa gozando del mayor respaldo popular. Sus posiciones firmes ante la delincuencia (el partido se pronunció a favor del restablecimiento de la pena de muerte), la corrupción o para la ‘defensa’ de los valores que considera ser intrínsecos a la nación polaca, le han valido un apoyo incondicional de una franja conservadora del país.

Unos proeuropeos que intentan desafiar a los ultraconservadores

El PiS retomó las riendas de Polonia en plena crisis migratoria en Europa. Un fenómeno que dividió profundamente a la UE, que no fue capaz repartirse unos miles de refugiados sin rumbo, y levantó unas olas xenofóbicas sin precedentes.

Con el Grupo de Visegrado, que conforma junta a la Hungría de Victor Orbán, Eslovaquia y República Checa, Polonia alzó la voz frente a Bruselas, agitando el patriotismo ante la imposición de cuotas migratorias. A finales de 2017, Varsovia y sus aliados fueron citados en la Corte Europea de Justicia por faltar a sus obligaciones en ese ámbito. Unos procedimientos que generalmente no conllevan a una sanción efectiva y que poco impresionan a los Gobiernos ultraconservadores.

Manifestantes con una pancarta  "No por la UE" en una marcha organizada por grupos de extrema derecha contra la Unión Europea  mientras mandatarios de Europa Central y Oriental se reunían en la ciudad para una cumbre, en Varsovia, Polonia, 1 de mayo de 2019.
Manifestantes con una pancarta "No por la UE" en una marcha organizada por grupos de extrema derecha contra la Unión Europea mientras mandatarios de Europa Central y Oriental se reunían en la ciudad para una cumbre, en Varsovia, Polonia, 1 de mayo de 2019. Agencja Gazeta / Dawid Zuchowicz / via Reuters

“No recibiremos inmigrantes de países de África o Medio Oriente” afirmó el actual primer ministro, Mateusz Morawiecki, al posesionarse. “En las fronteras orientales de la UE, desempeñamos un papel importante en la reducción de las tensiones: ya hemos albergado a decenas de miles de refugiados ucranianos, tal vez incluso a cien mil”, enfatizó en ese momento.

Esta nueva era del PiS ha marcado una relación vacilante con la UE y sus instituciones, pero la postura de los gobernantes polacos genera más discursos que rechazos efectivos. A cambio de Francia o Alemania, que contribuyeron respectivamente, en 2018, con 2,7 y 8,6 mil millones de euros al presupuesto europeo, Polonia recibió casi 9 mil millones en sus cajas. Así que el euroescepticismo polaco es ‘suave’, o de ‘fachada’, dependiendo las circunstancias.

Un Gobierno reprendido por la Comisión Europea

No obstante, la Comisión Europea (CE) ha denunciado una vulneración del Estado de Derecho en el país. En la mira del Ejecutivo europeo, una reforma de la Justicia polaca que implica el nombramiento por los diputados de magistrados claves. Una violación de las normas transnacionales que “consagran el derecho a un recurso efectivo ante un tribunal independiente e imparcial”, según la CE.

La ultraderecha prendió también las alarmas en materia de sociedad. Fuerte del respaldo de la Iglesia católica, el Gobierno ya lanzó dos ofensivas en contra del derecho al aborto, en 2016 y en 2018. En un país donde se estima que, anualmente, unas 150.000 mujeres interrumpen su embarazo de manera clandestina debido a la falta de marco legal, el Ejecutivo no ha cesado de plantear una mayor restricción de las condiciones para abortar.

En Polonia, las mujeres se enfrentan por el derecho al aborto

Un discurso reaccionario que ha llegado de igual manera a la comunidad LGBTI, víctima de ataques discriminatorio en nombre del tradicionalismo. En un paquete que atacaría, según el PiS, las bases de la sociedad polaca, incluyen el matrimonio igualitario pero también la educación sexual de los menores.

“¿Tendrán los padres el derecho de criar a sus hijos de la manera que quieran, o se intentará introducir programas de enseñanza LGBT en las escuelas, introduciendo elementos de política de género y sexualización infantil?”, preguntó a sus adversarios políticos del PO la viceprimera ministra Beata Szydło, en ocasión de una rueda de prensa del PiS.

Un puritanismo que movilizó a nuevos actores

Educar a los niños en sexualidad en tiempos de puritanismo ultraconservador, esa fue la batalla en la cual se lanzó la modelo polaca, Anja Rubik. “Tenemos que clases que se intitulan ‘Aprender la vida familiar’, desafortunadamente impartidos por sacerdotes o monjas y los adolescentes no aprenden nada acerca de la contracepción o de las enfermedades sexuales”, comentó a RFI esta profesional de la moda.

Ante este enfoque retrograda, que impregna, según ella, un “culto de la culpabilidad” a los niños, no dudó en elaborar su propio manual de educación sexual y promoverlo en las redes sociales, desatando la ira del oficialismo.

Todavía potente a nivel nacional pese a las protestas en su contra, el PiS ha perdido terreno a nivel local, dejando a la oposición las llaves de las principales ciudades: Varsovia, Lodz, Poznan, Lublin y Wroclaw.

Es precisamente un alcalde que busca sacudir a la ultraderecha dominante más allá de los esquemas tradicionales de la oposición. Robert Biedroń, elegido a la cabeza de un municipio norteño de menos de 100.000 habitantes lanzó el partido Wiosna, “Primavera” en polaco.

Una formación que defiende abiertamente los derechos de la comunidad LGBTI, el matrimonio igualitario y una separación estricta de la Iglesia y del Estado. Un estreno en la conservadora Polonia, que ya tal vez no lo es tanto que se cree: Wiosna llegó a más del 10 % de las intenciones de voto en algunos sondeos realizados en vísperas de estas elecciones europeas.

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