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EL BUS DE EUROPA

#BusEuropaF24, etapa 7: en Berlín, uno de los bastiones del exitoso programa Erasmus

Estudiantes de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Beuth realizan dibujos arquitectónicos de edificios cercanos a la Potsdamer Platz, en Berlín, Alemania, el 23 de abril de 2019.
Estudiantes de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Beuth realizan dibujos arquitectónicos de edificios cercanos a la Potsdamer Platz, en Berlín, Alemania, el 23 de abril de 2019. Fabrizio Bensch / Reuters

Más de tres décadas después de su creación, el sistema europeo de intercambios estudiantes se consolidó como un emblema de integración exitosa. Entre cooperación universitaria y tejido humano supranacional, el Erasmus impuso su importancia.

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Más de 9 millones de beneficiarios en 32 años de existencia. Ese es el balance de Erasmus, el programa de intercambios universitarios y profesionales que se arraigó en Europa. En plenas olas de euroescepticismo y repliegue soberanista en la casi totalidad de los escenarios políticos del viejo continente, Erasmus se ve como una excepción, un rayo de optimismo que sale de los oscuros pasillos de la cooperación transnacional.

Es una de las grandes paradojas de la Unión Europea (UE): al igual que los bienes y servicios, las personas pueden circular con una facilidad sin precedentes en un gran número de países, pero, aún así, el vecino permanece desconocido, alejado.

Salir de su país al inicio de sus 20 años no es cualquier asunto. Instalarse durante dos, seis o diez meses en una ciudad poco conocida es un reto formador para los jóvenes que pueden aprovecharlo. Terminan incorporándose a una comunidad de personas que comparten su perfil y hasta sus aspiraciones, estrechando así vínculos en toda Europa.

Descubrir al desconocido vecino y consolidar su carrera

Más allá de la experiencia personal, los promotores de Erasmus no descansan en resaltar los efectos positivos del programa sobre la trayectoria profesional. Según un estudio, tanto los exestudiantes como sus universidades de origen y sus empleadores evalúan de manera positiva el periodo de intercambio en materia de competencias y carrera. Un resultado variable según la nación de procedencia: el análisis demuestra así que los alumnos del este y centro europeo fortalecen más su recorrido que sus colegas de Europa occidental.

Como cualquier mecanismo europeo clave, Erasmus nació con dolor. La cooperación transnacional en educación se mencionó desde las primicias de la construcción europea, en el tratado de Roma de 1957. Pero fue hasta 1971 que los países se acordaron sobre los fundamentos del proyecto y solo en 1985 que las negociaciones arrancaron de manera efectiva. Obstáculos como la reticencia de las universidades a estar confrontadas a otras prácticas y la tacañería de los mismos Estados frenaron el lanzamiento.

Finalmente, en 1987, los 11 países pioneros estrenaron el programa y unos primeros 3.244 estudiantes salieron de intercambio. El nombre “Erasmus”, de las siglas por su apelación en inglés European Region Action Scheme for the Mobility of University Students (plan de acción de la comunidad europea para la movilidad de estudiantes universitarios), fue también inspirado por el intelectual holandés Erasmo de Róterdam, que recogió a toda Europa durante el siglo XV.

En 1995, el programa se extendió a los aprendices en formaciones duales, quienes pueden desde esa fecha desempeñarse en empresas extranjeras. Cuatro años más tarde la UE ratificó la unificación de los sistemas universitarios bajo la forma LMD (Licenciatura – Maestría – Doctorado), con las mismas duraciones de estudios y los mismos créditos atribuidos en cada país, con el fin que un semestre se valore de la misma forma en cualquier parte.

Un programa que busca un despliegue internacional

La red Erasmus está hoy conformada por 34 países: los 28 Estados miembros de la UE, más Islandia, Liechtenstein, Macedonia del Norte, Noruega, Serbia y Turquía, país que envió más de 17.000 estudiantes en 2016, en una señal de que la cooperación universitaria puede superar las tensiones geopolíticas. Cabe resaltar que la suerte de Reino Unido es incierta debido a las peripecias del Brexit.

Desde 2014, el programa se rebautizó “Erasmus +”, integrando a su funcionamiento una serie de esquemas existentes, no necesariamente estudiantiles. Pero, sobre todo, ha pretendido abrirse más a nivel internacional.

Así, según los oficiales, la cooperación se extiende a 168 países en el mundo. Entre estos, 18 países de América Latina que desarrollaron docenas de programas de intercambios con Europa en últimos años. De esta manera, centenares de latinoamericanos son escogidos cada año para recibir becas y estudiar en Europa, al tiempo que se multiplican las iniciativas multilaterales de análisis de la región.

Desigualdades de acceso

Los 9 millones beneficiarios de Erasmus que reivindica la Comisión Europa (CE) desde su creación se dividen entre 4,4 millones de estudiantes, 1,4 millones de colegiales, pero también 1,8 millones de profesionales de educación y “jóvenes trabajadores” e incluso 100.000 voluntarios.

FRANCE 24

Erasmus ha permitido a una generación entera descubrir nuevos horizontes, tan cercanos como desconocidos. Sin embargo, no se trata de un sistema de intercambio necesariamente accesible a todos, ya que, pese a la exoneración de las matrículas en este marco, persisten los costos para vivir lejos de su hogar.

En esta configuración, Erasmus aleja a las clases populares de la posibilidad de aprovecharlo. A la ayuda de la CE que gira entorno a 200 euros mensuales por beneficiario, se pueden agregar unos subsidios variables según el país de procedencia. En Francia, por ejemplo, las regiones facilitan ayudas a los jóvenes, pero las sumas pueden variar del doble entre lo que ofrece la administración regional de París y una región rural y menos adinerada.

Más simbólico para Europa, la CE se enorgullece, tras realizar un sondeo, que más del cuatro de los exerasmus habría encontrado su pareja durante su estancia en otro país europeo. Aunque sea difícilmente verificable, la Comisión avanzó la cifra de un millón de “Euro-babies” nacidos a raíz de este programa.

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