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EL BUS DE EUROPA

#BusEuropaF24: etapa final en Molenbeek, la ciudad belga que trata de superar el trauma del terrorismo

El bar "Les Beguines", propiedad de Brahim Abdeslam, uno de los terroristas suicidas implicados en los ataques de París, el 17 de noviembre de 2015 en el vecindario de Molenbeek, Bruselas.
El bar "Les Beguines", propiedad de Brahim Abdeslam, uno de los terroristas suicidas implicados en los ataques de París, el 17 de noviembre de 2015 en el vecindario de Molenbeek, Bruselas. Emmanuel Dunand / AFP

Ciudad de origen de varios perpetradores de los sangrientos atentados de París, en noviembre de 2015, este suburbio popular de Bruselas busca despegarse de la imagen de cuna del extremismo que algunos le quisieron instalar.

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Polacos, italianos, marroquíes, son múltiples las nacionalidades que confluyen en Molenbeek, hoy de unos de los 19 municipios de la aglomeración de Bruselas-Capital. A partir del siglo XIX y hasta la segunda mitad del siglo XX, las necesidades de las industrias llevaron a las autoridades belgas a fomentar la inmigración.

Constituir un tejido obrero era entonces una prioridad, así que el Gobierno llegó a firmar convenios con los países de origen de los recién llegados. En 1946, el acuerdo con Italia planteó la llegada semanal de unos 2.000 trabajadores a cambio del suministro anual de tres millones de toneladas de carbón, ya que, al igual que el norte de Francia, los suelos belgas abundan de este material que impulsó el desarrollo de toda Europa.

Organizados en sindicatos y sin temor en aguantar el pulso con sus empleadores, los locales solían rechazar las arduas condiciones de trabajo en las minas. Mientras tanto, el desarrollo de Bruselas siguió de largo, así como la falta de mano de obra. Por lo cual, entre las décadas de los 50 y 70 florecieron los acuerdos bilaterales; con España, Grecia, Argelia, Turquía, Marruecos y Yugoslavia.

El punto central de los inmigrantes mano de obra

Molenbeek se volvió el punto central de esta nueva clase popular. Los edificios se levantan unos tras otrao para hospedar a estos trabajadores y sus familias cerca de los centros de producción.

Mercado de Molenbeek, el 8 de mayo de 2018.
Mercado de Molenbeek, el 8 de mayo de 2018. Nicolas Maeterlinck / Belga / AFP

Sin embargo, la desindustrialización del final del siglo XX que golpeó a todo el viejo continente no ignoró a Bélgica. La actividad del sector primario, que había sido sacado adelante por los inmigrantes, se derrumbó.

En las torres de Molenbeek la miseria social empezó a prosperar. En este enclave de seis kilómetros cuadrados, donde viven hoy 97.000 personas, el desempleo juvenil alcanza el 60 % en algunas, el fracaso escolar es frecuente y el aislamiento comunitario se convirtió en una problemática que las autoridades subestimaron.

En un vecindario compuesto por una aplastante mayoría de musulmanes y donde se combinan pobreza y oportunidades casi nulas. Allí el adoctrinamiento extremista no tuvo mucha dificultad en instalarse. Desde la crecida del islamismo radical en el mundo, desde el 2000, numerosos autoproclamados “Jeques”, jefes religiosos, a menudo formados en el exterior, impartieron sin mucha dificultad ‘clases’ de yihadismo a los jóvenes.

Afganistán, Pakistán, Siria, a muchos escenarios de guerra ajena se fueron para morir aquellos que crecieron en Molenbeek, sin que se prendieran las debidas alarmas de la policía o los servicios de inteligencia.

La tardanza de las autoridades en entender el fenómeno yihadista

El 13 de noviembre de 2015, el horror se toma París. En varios puntos de la capital murieron 130 personas a causa del actuar mortífero de nueve terroristas, quienes sembraron violencia en nombre del autodenominado Estado Islámico.

Personas reuniéndose para observar un minuto de silencio, el 16 de noviembre de 2015, el día después de los atentados, en París, Francia.
Personas reuniéndose para observar un minuto de silencio, el 16 de noviembre de 2015, el día después de los atentados, en París, Francia. Bertrand Guay / AFP

Una semana después, las investigaciones de los diferentes servicios de seguridad llevaron a la policía belga a cercar Molenbeek, debido al temor de un inminente atentado. Finalmente, fue en esta comuna en la que se arrestó a Salah Abdeslam, único sobreviviente de los ataques de París, el 18 de marzo de 2016.

Una detención que precipitó la ofensiva kamikaze sobre Bruselas, cuatro días más tarde, perpetrada por cercanos de Abdeslam.

Generalmente entre las filas de la delincuencia común, pero a veces con el gran bandidismo, el perfil de los terroristas tiene particularidades similares. Franceses, belgas, hijos de la inmigración, son sobre todo hijos de la miseria que facilitó una radicalización sectaria.

Los mismos Estados que dejaron la segregación social instalarse en pedazos enteros de sus territorios menospreciaron las consecuencias de esta, al igual que otros factores. Hoy, pese a las inversiones, Molenbeek sigue estancado, pero aún así, sus habitantes luchan para salvarse de los estigmas.

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