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Tierras raras: ¿el arma secreta de Beijing en su guerra comercial contra Washington?

Muestras de cerio, bastnasita, neodimio y lantánido de la única mina de tierras raras en Estados Unidos.
Muestras de cerio, bastnasita, neodimio y lantánido de la única mina de tierras raras en Estados Unidos. David Becker / Reuters

China está considerando prohibir la exportación de tierras raras hacia EE.UU. para responder a la ofensiva contra Huawei. Beijing es el primer productor mundial de estos minerales, esenciales para una buena cantidad de productos de tecnología.

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Son 17 y tienen nombres que podrían desesperar a un disléxico, como el praseodimio, el disprosio o incluso el iterbio. Estos elementos, llamados “tierras raras”, acaban de hacer su entrada en el conflicto comercial entre China y Estados Unidos.

“China está considerando seriamente restringir las exportaciones de tierras raras para los estadounidenses”, afirmó en Twitter Hu Xjin, el muy influyente y bien informado jefe de redacción del tabloide chino Global Times, el martes 29 de mayo.

"Vitamina" de la innovación tecnológica

Para Beijing esta sería una manera de responder a la ofensiva del presidente estadounidense Donald Trump contra Huawei, el gigante chino de la electrónica.

El 21 de mayo, al día siguiente de la decisión de Google de cortar los vínculos con Huawei, el presidente Xi Jinping le hizo una visita muy oportuna a una de las principales fábricas de JL Mag, uno de los seis gigantes públicos chinos de la extracción y refinería de estos elementos. Una manera de recordarle a Washington quién es el dueño de estos minerales. Más del 80% de todas las tierras raras son, efectivamente, extraídas en China. Y el 90% de estos elementos luego son refinados en estas fábricas chinas… incluyendo los que provienen de la única mina estadounidense de tierras raras, ubicada en California.

La perspectiva de acabar de golpe las exportaciones chinas tiene, en teoría, con qué asustar a Washington. Estos minerales con frecuencia son comparados a “vitaminas” que alimentan las innovaciones tecnológicas y las industrias “verdes”. Los paneles solares, los carros eléctricos o híbridos, los discos duros y los smartphones, todos contienen tierras raras.

China es incluso el único productor en el mundo de disprosio, el cual es esencial para la fabricación de imanes permanentes. Unos componentes que, a su vez, son ampliamente utilizados en el material médico para las resonancias, en los aerogeneradores o incluso en los carros eléctricos. También están muy presentes en el complejo industrial-militar, que los utiliza para fabricar los sistemas de dirección de misiles, por ejemplo.

¿Chantajista reincidente?

Una razón más para tomarse en serio la amenaza china: Beijing ya fue acusado de haber utilizado esos recursos como un arma diplomática. En 2010, China habría privado de tierras raras a Japón, quien había detenido a un pescador chino acusándolo de haber robado dos barcos de patrullas japonesas a lo largo de las islas Senkaku, en medio de un conflicto territorial entre Beijing y Tokio.

De la noche a la mañana, decenas de empresas de alta tecnología japonesas se habían quejado de ya no estar siendo abastecidas, provocando pánico en el archipiélago y un importante aumento de los precios de estos minerales. Un episodio que demostró que la dependencia de las nuevas tecnologías conllevaba a una dependencia de China.

Desde entonces, el Congreso estadounidense publicó varios aportes para alertar al ejecutivo ante la tentación china de transformarse en chantajista. “El cuasi monopolio de la China (en la producción de tierras raras, NDLR) corre el riesgo de volverse una amenaza para la seguridad nacional”, se lee en una nota del Congreso publicada en 2013.

"Tierras raras" abundantes

Pero aún no hemos llegado a eso, considera John Seeman, investigador del Centro Asiático del Instituto francés de relaciones internacionales (Ifri). “Por ahora, las autoridades chinas quieren, sobre todo, enviarle un mensaje a Donald Trump para indicarle que todavía tienen municiones que no han utilizado en el conflicto comercial”, asegura este experto en geopolítica de los recursos naturales en Asia, contactado por France 24.

Según él, ponerle un freno a las exportaciones de las tierras raras hacia Estados Unidos no desplomaría la economía estadounidense. En realidad, “Estados Unidos solo depende directamente de estos recursos para la refinería del petróleo y la fabricación de convertidores catalíticos. Todos los demás productos estadounidenses que contienen estos elementos –como los smartphones o los paneles solares– no son construidos en suelo estadounidense”, recuerda este especialista.

Además, tras el incidente de 2010, la comunidad internacional se dio cuenta que era necesario diversificar los recursos de abastecimiento. La ventaja de las tierras raras es que son… abundantes. Si China se labró una posición de cuasi monopolio es principalmente porque a partir de los años 1980 otros países productores –entre esos Estados Unidos, que durante mucho tiempo fue el rey de las tierras raras– abandonaron sus actividades por razones sociales y de protección del medio ambiente.

En efecto, estas minas son muy contaminantes y representan un riesgo sanitario importante pues los “yacimientos contienen con frecuencia elementos radioactivos como el torio o el plutonio”, resalta John Seeman en un estudio de enero de 2019, dedicado al rol de China en la nueva economía. Pero después de 2010, países como Australia o Brasil volvieron a empezar a explotar los yacimientos para ofrecer una alternativa además de China.

Sin embargo, estos países están lejos de poder satisfacer todas las necesidades estadounidenses, aunque solo se trate de algunos minerales como el disprosio, que solo existe en China. Para completar lo que únicamente puede comprarse en el exterior, “los estadounidenses también podrían servirse de intermediarios que no se verían afectados por la detención de las exportaciones chinas”, precisa John Seeman. De esta manera, por ejemplo, Washington puede comprarle las tierras raras que le hacen falta a un operador japonés quien puede, a su vez, importarlas desde China.

Batalla por la imagen

“La principal consecuencia de una prohibición de las exportaciones hacia los Estados Unidos sería complicarle la tarea a los importadores estadounidenses, les costaría más caro”, resume el especialista del Ifri.

Para realmente desestabilizar a Tesla, Apple y otros grandes grupos estadounidenses cuyos productos contienen tierras raras, sería necesario que China limitara las exportaciones para todos. Pero este es un límite que Beijing no cruzaría a menos de ser la última opción. Semejante decisión sería considerada una agresión contra todos los países que necesitan estos recursos, lo cual “no correspondería a su discurso oficial que es ser la víctima de Estados Unidos”, apunta John Seeman. Esto podría tal vez permitirles ganar la guerra comercial, pero Beijing estaría perdiendo en términos de imagen, mientras que por ahora China puede aún presumir de tener un buen papel de país atado al libre comercio.

China también se resiste a ser el gran comerciante chantajista, porque esto simplemente arriesga “que se acelere el movimiento para encontrar alternativas”, asegura Ryan Castilloux, director de Ademas Intelligence, una oficina neerlandesa de consultoría en recursos estratégicos, entrevistado por el South China Morning Post. Fabricantes de carros electrónicos, como Tesla, ya están tratando de utilizar baterías que no contengan tierras raras, mientras que otros le apuntan cada vez más al reciclaje para recuperar una parte de los recursos.

“Los fabricantes de imanes japoneses han podido recuperar hasta el 30% de las tierras raras utilizadas en un principio, reciclando sus productos”, destaca John Seeman. Económicamente, Beijing no quiere que a largo plazo nadie compre sus tierras raras, incluso aunque esto le permita a corto plazo dejar callados a los estadounidenses.

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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