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Reflexiones de un veterano alemán a 75 años del Día-D: "gracias a Dios la invasión fue exitosa"

Paul Golz volvió a Normandía 75 años después del Día-D.
Paul Golz volvió a Normandía 75 años después del Día-D. Pascal Rossignol / Reuters

El veterano de guerra Paul Golz volvió a Normandía 75 años después del desembarco. En el cementerio alemán de La Cambe reconoció que la batalla también ayudó a liberar a Alemania de la propia tiranía.

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Los homenajes, después de todo, se convierten en espacios de reflexión. A Golz el tiempo le enseñó la lección, que el desembarco no fue una condena, sino una bendición: para él, para su país, para Europa y para el mundo. Alemania se despojó del nazismo, Europa fue liberada y él pasó de cargar metrallas a trabajar años después en un puesto fronterizo de un aeropuerto en Alemania: "el éxito del ataque forjó mi destino".

El día del asalto estaba en las playas de Normandía de guardia. Tenía solo 19 años y había sido reclutado por la maquinaria nazi para luchar en una guerra que no era suya, la que libraba Adolf Hitler contra casi toda Europa.

Dijo que nunca había apoyado a Hitler, pero que debió permanecer en silencio para evitar ser "acusado de socavar la fuerza militar". "En una dictadura es importante mantener la boca cerrada", lo dijo en alemán y en inglés, el idioma que aprendería en una cárcel en Estados Unidos y que más adelante le abriría las puertas.

Estuvo obligado a permanecer en la línea de batalla en los días más crudos del conflicto. "Me asignaron a un grupo SMG (Schweres Maschinengewehr, una ametralladora pesada). Éramos cuatro soldados: uno y dos disparaban y tres y cuatro cargaban las cajas de municiones. Yo era el número cuatro, cargué las cajas de municiones pero nunca disparé a una tropa francesa, no era algo que quería hacer", dijo el veterano de 94 años. Fue enviado allí porque se rehusó a entrar en las SS, el ala armada del partido Nazi.

El éxito del ataque forjó mi destino”

Paul Golz

Recuerda al primer soldado aliado que encontró poco después de los desembarcos en la playa. El paracaidista estaba sediento, asustado y listo para rendirse."Le dije con calma que no tuviera miedo. Le habían dicho que los alemanes mataban a todos", dijo Golz durante el aniversario del Día-D, de pie en medio de las lápidas de los compañeros caídos.

"Comprendió que no queríamos hacerle daño. Le dejé mis cigarrillos. Fuimos a buscar paracaidistas dispersos por toda la región. Encontré a un paracaidista blanco con los ojos abiertos que estaba muerto cuando lo toqué".

Del horror de la guerra a las lecciones en prisión

Golz recorre las tumbas haciendo una especie de viaje al pasado mientras continúa su relato. Recuerda el momento en que fue apresado y trasladado a una cárcel en Estados Unidos. Allí aprovechó el tiempo para aprender inglés.

Foto de archivo del 2º Batallón de los Guardabosques del Ejército de EE. UU., encargado de capturar la batería de defensa costera pesada alemana al oeste de la zona de desembarque del Día D en la playa de Omaha, en Weymouth, Inglaterra, el 5 de junio en 1944.
Foto de archivo del 2º Batallón de los Guardabosques del Ejército de EE. UU., encargado de capturar la batería de defensa costera pesada alemana al oeste de la zona de desembarque del Día D en la playa de Omaha, en Weymouth, Inglaterra, el 5 de junio en 1944. Archivos Nacionales de EE. UU. / vía Reuters

"Gracias a Dios la invasión fue exitosa. El hecho de que fuera exitoso también influyó en mi destino personal. Era solo un joven agricultor alemán, no tenía profesión. Cuando tenía 22 años volví de la cárcel y le agradezco a Dios que aprendí inglés y comencé a trabajar para la policía fronteriza alemana, la policía que ves en los aeropuertos. Hice eso durante siete u ocho años. Todo eso porque aprendí inglés en prisión", aseguró.

Atrás quedó la vida del soldado alemán que antes había sido un granjero sin educación. De la guerra vino para él progreso, libertad y por supuesto, el dolor, lecciones que ahora transmite a los más pequeños: "mantengan la paz, eso es lo importante', eso es lo que siempre digo cuando visito escuelas”.

En Francia también hay un lugar para recordar a los alemanes caídos

Al cementerio de La Cambe llegaron veteranos y políticos este 6 de junio para conmemorar los 75 años de la ofensiva que cambió la historia de su país. Allí están enterrados 21.000 soldados vecinos, en su mayoría combatientes comunes, pero también criminales de guerra.

"Los soldados alemanes caídos descansan en tierras extranjeras porque no vinieron como libertadores sino como ocupantes", dijo Wolfgang Scheneiderhan, presidente de la Comisión Alemana de tumbas de Guerra Volksbund.

En el mismo homenaje el embajador de Alemania en Francia recordó que "los alemanes conocemos nuestra historia, conocemos nuestros horrores y el terror del holocausto". Los alemanes no olvidan su pasado, pero abrazan con esperanza un presente conciliador y miran a un futuro donde exista la comunión entre los países.

Konrad Scheucher, un alemán veterano de la Segunda Guerra Mundial posa con una foto suya de joven en el cementerio de guerra alemán en La Cambe, en Normandía, Francia el 5 de junio de 2019, en medio de homenajes.
Konrad Scheucher, un alemán veterano de la Segunda Guerra Mundial posa con una foto suya de joven en el cementerio de guerra alemán en La Cambe, en Normandía, Francia el 5 de junio de 2019, en medio de homenajes. Pascal Rossignol / Reuters

Así lo dejó ver la canciller alemana, Ángela Merkel, que, al asistir a otra conmemoración en el sur de Inglaterra, elogió el sacrificio de decenas de miles de soldados en una operación militar que liberó a Alemania de la ideología autocrática del nacionalsocialismo.

"Que yo, como canciller alemán, pueda estar hoy aquí, que hoy nos unamos por la paz y la libertad, es un regalo de la Historia que debe cuidarse y protegerse", dijo Merkel.

Millones de soldados dejaron la piel en esa batalla. Ahora, 75 años después, el mundo conmemora su sacrificio. Las playas que para entonces se tiñeron de sangre, hoy rebosan esperanza.

Con Reuters

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