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De las playas de Normandía a Berlín: cómo el Día-D aceleró la victoria contra Hitler

Un vehículo militar anfibio estadounidense debarcando tropas de la Compañía E del 16º regimiento de infantería de la 1ª División de Infantería Americana, en la mañana del 6 de junio de 1944 en Omaha Beach.
Un vehículo militar anfibio estadounidense debarcando tropas de la Compañía E del 16º regimiento de infantería de la 1ª División de Infantería Americana, en la mañana del 6 de junio de 1944 en Omaha Beach. Robert F. Sargent / National Archives and Records Administration

El 6 de junio de 1944, los Aliados tumbaron la fortaleza alemana en Europa occidental gracias al mayor desembarco militar de la historia. En pocas semanas se concretó la liberación de Francia, que abrió el paso a la batalla final contra los nazis.

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"El enemigo combatirá con el coraje del desespero. Utilizará todos los medios, incluso los más crueles, para tratar de frenar nuestro progreso. Pero nuestra causa es justa, nuestras armas potentes. Junto a nuestros valientes aliados rusos, estamos marchando hacia una victoria", concluía el mensaje del general Dwight Eisenhower a los ciudadanos franceses, difundido justo después de que sus tropas pisaran el suelo de Normandía, hace 75 años.

Eisenhower fue el jefe del desembarco en las costas francesas, llamado “operación Neptuno”, la mayor maniobra militar anfibia de la historia. Salidos desde Reino Unido, en la noche del 5 al 6 de junio de 1944, una primera salva de 132.000 hombres estuvo de cara a cara con las defensas de la Alemania nazi.

Justo antes de que los soldados pusieran la piel frente a las ametralladoras del Reich, los aviones soltaron unas 5.000 toneladas de bombas a lo largo de esa parte del litoral francés, con el doble objetivo de no revelar el lugar exacto de llegada y reducir la capacidad de respuesta del enemigo. Una primera etapa eficaz, pero que tuvo sus fallas, como en el caso de Omaha Beach, donde el armamento alemán permaneció intacto y causó las mayores pérdidas estadounidenses.

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Una Batalla de Normandía que desembocó sobre una sangrienta derrota alemana

En tierra, los civiles soo conocían rumores y se enteraron del desembarco el día mismo, ya que las fuerzas de ocupación habían confiscado los puestos de radio y controlaban cualquier flujo de información. En esa zona clave del “muro atlántico” del régimen nazi, ubicada a unos 150 kilómetros de las costas británicas, las personas vivían bajo la estricta autoridad de los soldados alemanes.

En el calor de la acción, el fuego de los bombarderos sembró la destrucción, como en Caen, ciudad que quedó en un 73% destruida. Se estima en 20.000 y 50.000 el número de civiles locales que murieron tras haber quedado entre balas y proyectiles cruzados.

El desembarco del Día-D marcó el inicio de la decisiva Batalla de Normandía, que se alargó hasta el 1 de septiembre de 1944. En los pueblos y bosquecillos de esa región rural los combates fueron intensos. Pero rápidamente, la relación de fuerza quedó a favor de las 15 naciones aliadas que participaron en esta operación.

Avisados por mensaje encriptado por radio, las decenas de miles de resistentes franceses que formaban las múltiples células presentes en el país también libraron enfrentamientos clave.

Una batalla que fue una hemorragia para el Ejército alemán y que terminó con 200.000 fallecidos o heridos y 250.000 prisioneros, mientras que sus oponentes tuvieron a 37.000 muertos y más de 160.000 heridos. Pero la ofensiva no quedó sin recursos, ya que, en total, 2.052.299 soldados fueron movilizados en Normandía.

Hitler contra la pared en el frente oriental

El adversario nazi se agotaba lentamente pero con seguridad. Tras la batalla perdida en Stalingrado, entre 1942 y 1943, que cobró la vida de más de millón y medio de combatientes soviéticos y del Reich, nada andaba bien en la estrategia de Hitler. Fue precisamente el frente oriental el que le causó las mayores pérdidas, teniendo al otro lado a la Unión Soviética que soltó a todas sus fuerzas en esa guerra.

El Ejército Rojo se encontraba determinado en caminar hacia Berlín, lo cual constituyó una ganga para el resto de los Aliados, que pudieron aprovechar de la relativa debilidad del frente occidental.

En el sur, dos días antes del ‘D-Day’, el 4 de junio de 1944, fue liberada Roma y, por ende, cayó el régimen fascista de Mussolini, principal aliado del Reich en Europa. Sumado al debilitamiento de su otro socio, Hungría, el Eje se componía cada vez más.

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Sin la campaña exitosa en Italia, llevada a cabo en buena medida por tropas coloniales, oriundas de la India, de África subsahariana o de otros potentados, la de Normandía, que abrió el segundo frente, no hubiera sido tan exitosa y quizá los nazis no hubieran perdido París el 25 de agosto.

Los combates siguieron con una fuerte intensidad en Bélgica y en los Países Bajos. El 7 de marzo de 1945, las tropas estadounidenses cruzaron el río Rhin, en pleno territorio alemán, cerca de Bonn. Cinco semanas después, los soviéticos cercaron a Berlín.

Una exitosa agrupación de fuerzas de múltiples países llevó a lo que se pensaba casi insuperable: romper la maquinaría de guerra nazi que dominó a toda Europa. Hoy en día, el desembarco de Normandía recuerda la reversión del pulso de la Segunda Guerra Mundial que llevó a las victoria de los Aliados y a la redefinición del orden internacional.

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