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En Foco

Cómo vivir en un Estado no reconocido de Europa del este

Azerbaiyán y Armenia viven enfrentados desde hace 25 años por un territorio montañoso llamado Nagorno-Karabaj. Un espacio autoproclamado como república independiente en 1992 en plena caída de la Unión Soviética. Tiempo después de aquel acto aún busca el reconocimiento internacional. Un reportaje de Ethel Bonet y Diego Ibarra.

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Boris Papayán recorrió con su violín los frentes para avivar el espíritu abatido de los soldados. El violinista de 69 años es la memoria viva de la guerra de Nagorno-Karabaj (1988-1994), un conflicto separatista entre Azerbaiyán y Armenia que dejó 30.000 muertos en los dos bandos y una herida abierta que todavía no ha cicatrizado.

El óblast (provincia en ruso) autónomo del Nagorno-Karabaj fue creado en tiempos soviéticos,  dentro de las fronteras de Azerbaiyán. En él vivía una mayoría armenia cristiana frente una minoría azarí. En 1992, cuando la Unión Soviética se estaba derrumbando, se autoproclamó república independiente y desde ese entonces ninguna nación del mundo lo ha reconocido.

Ninguno de los dos bandos ha respetado el alto el fuego y cada año muere algún soldado. Los últimos enfrentamientos ocurrieron entre el 1 y 6 de abril de 2016, la acción es conocida como 'la guerra de los cuatro días' y trajo a la memoria colectiva fantasmas del pasado.

De niños aprenden que están en una guerra existencial contra Azerbaiyán y que luchar es para ellos una cuestión de supervivencia. Se trata de una sociedad militarizada en la que a los 13 años se aprende en la escuela a ensamblar y desensamblar un fusil y a los 15 años muchos chicos y chicas tienen claro que quieren servir a su país y empiezan su carrera militar.

El patriotismo en el Nagorno-Karabaj no es tanto defender la patria sino el hecho de estar a la altura, de no defraudar a aquellos que sacrificaron su vida por la independencia de este trozo de tierra habitado por bosques negros y 150.000 personas.

El hecho de estar anclado en un limbo geopolítico, ni guerra ni paz, entre la independencia y el no reconocimiento, convierte al Karabaj en un lugar singular.
Este Estado de facto, a espaldas de la comunidad internacional, sobrevive gracias a la cooperación política y económica con Armenia y el dinero que llega de la diáspora armenia.

Stepanakert funciona como cualquier otra capital europea con sede de Gobierno, instituciones,  televisión pública, universidad estatal y aeropuerto internacional. Sin embargo, cualquier intento de progreso, de desarrollo queda limitado a sus fronteras no reconocidas.

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