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A la sombra de la reina Isabel II, el duque de Edimburgo cumple 98 años

El Duque de Edimburgo habla con el Duque de Sussex cuando se van después de la boda de Lady Gabriella Windsor y Thomas Kingston en la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor, cerca de Londres, Gran Bretaña, 18 de mayo de 2019.
El Duque de Edimburgo habla con el Duque de Sussex cuando se van después de la boda de Lady Gabriella Windsor y Thomas Kingston en la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor, cerca de Londres, Gran Bretaña, 18 de mayo de 2019. Steve Parsons / Reuters

El duque de Edimburgo es altamente respetado en Reino Unido por ser el gran apoyo de la reina durante 70 años... pero también criticado con intensidad por sus bromas y comentarios inapropiados.

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Aunque ya no acude a compromisos oficiales, sigue apareciendo en los eventos familiares con la misma vitalidad de la que ha hecho gala durante toda su vida. A pesar de su avanzada edad, no da muestras de un gran impacto físico. Sigue caminando aceleradamente con las manos atrás y conduciendo su propio auto.  
En enero de 2019, fue protagonista de titulares por un accidente de tránsito en Sandringham del que salió ileso, pero que dejó varios heridos. El duque parece haberse retirado de los flashes de la vida pública, pero no de sus rutinas.

A Felipe se le reconoce por promover la modernización de la casa real británica y ser el gran apoyo de su esposa Isabel en los momentos más duros de su longevo reinado.

El reconocido fotógrafo real del periódico ‘The Sun’, Arthur Edwards dijo en entrevista con France 24 que la figura de Felipe, a quien describe como “como hombre de acción”, ha sido “increíble” para la monarquía.

Felipe Mountbatten, el militar y el consorte

Tuvo una carrera brillante como integrante de la Marina británica, especialmente destacada durante la Segunda Guerra Mundial, pero tuvo que renunciar a ella para dedicarse por completo a acompañar a su esposa en sus labores como reina y jefa de Estado.

Nació en Grecia el 10 de junio de 1921. Es descendiente de la Familia Real de Grecia y Dinamarca. Fue educado en Alemania, Francia y Gran Bretaña. Desde muy niño fue separado de sus padres, su madre sufría de esquizofrenia, y por ello creció al lado de sus hermanas casadas con hombres vinculados al nazismo, que le ocasionó dificultades para ser aceptado por el establecimiento británico.
En 1947 se casó con Isabel II y siguió con su vida militar hasta que ella ascendió al trono.

Compromiso de la princesa Elizabeth y el teniente Philip Mountbatten, en 1947.
Compromiso de la princesa Elizabeth y el teniente Philip Mountbatten, en 1947. British Monarchy / Flickr

Antes tuvo que renunciar a sus propios títulos reales y se convirtió entonces en Felipe Mountbatten, hoy conocido como el Duque de Edimburgo.

En su larga carrera como príncipe consorte asistió a más de 20 mil compromisos. Hoy sigue siendo patrón de 800 organizaciones de caridad y miembro de otras 780 en todo el país.

Felipe, el hombre de la casa

Son pocos los detalles que se conocen del día a día de este matrimonio. Lo que se tiene claro es que la reina Isabel II, al ser la jefa de Estado del Reino Unido, delegó en su esposo Felipe la educación de sus cuatro hijos: Carlos, Ana, Andrés y Eduardo, así como los asuntos más domésticos.

Arthur Edwards ha estado tan cerca de la familia real como pocas personas. Los ha fotografiado a todos. Dice que los consejos del Duque han sido fundamentales para la Reina.  

“Él ha sido la fortaleza que la Reina ha necesitado”, dice y agrega que “lo que él ha contribuido con este país es enorme. Sobretodo ayudando a que la monarquía mantenga su misterio y magia porque él nunca dio a la prensa lo que quieren”.
Su formación como militar le han dado la disciplina y pragmatismo para los asuntos día a día. Fue el primer miembro de la familia real en utilizar un computador y en conducir un automóvil eléctrico, recuerda Edwards.

La familia real en los jardines de Frogmore House en 1968. De izquierda a derecha: el duque de Edimburgo, la princesa Ana, el príncipe Eduardo, la reina, el príncipe Carlos y el príncipe Andrés.
La familia real en los jardines de Frogmore House en 1968. De izquierda a derecha: el duque de Edimburgo, la princesa Ana, el príncipe Eduardo, la reina, el príncipe Carlos y el príncipe Andrés. AP - British Monarchy / Flickr

Felipe ha sido muy criticado, especialmente por su propio hijo, el príncipe Carlos, por su trato estricto durante su niñez y adolescencia. Lo envió a estudiar al internado Gordonstoun, reconocido por la disciplina en la fría Escocia, donde él mismo cursó sus estudios, y no a la escuela Eton, que acoge a los aristócratas del país.

Los medios locales afirman que tiene una gran relación con sus ocho nietos. Muestra de ello fue el homenaje que, el que se cree es su nieto favorito, el príncipe Harry, le rindió llamando con el apellido de Felipe a su primer hijo con Meghan Markle, Archie Harrison Mountbatten Windsor.

Un duque al filo de la polémica

Son incontables los episodios en los que los chistes o declaraciones del duque de Edimburgo han sido criticados. Quienes lo conocen dicen que es franco, muy directo, dice casi todo lo que piensa –un comportamiento muy alejado al protocolo de la familia real- y dueño de un sentido del humor más allá de lo sarcástico.
Trascendió que Felipe, en una ocasión, les preguntó a sus guardaespaldas si un joven con barba al que vio cerca de una residencia real era un terrorista.

También es muy recordado y polémico su comentario a un estudiante británico durante una visita a China en el año 86, en la que le dijo que si permanecía mucho tiempo en ese país terminaría con los ojos rasgados.

Arthur Edwards cubrió esa visita y recuerda que el duque les contó a los periodistas que lo acompañaban que “esa fue una conversación privada. Se suponía que ustedes no iban a escuchar eso”.

Así como sus palabras de alto calibre durante una sesión de fotos en la que el Duque se mostró desesperado por la cantidad de imágenes tomadas: “¡Just take the f***ing picture!”, dijo Felipe.

Retirado de la vida pública hace dos años, Felipe cumple 98 años, gran parte de ellos siendo el bastón de la reina. Y mientras, a su sombra y con la prensa pendiente de cada movimiento, no deja de demostrar su incomodidad con el estricto protocolo de la realeza inglesa.

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