Saltar al contenido principal

Paraguay, un país rehén del agua

Una casa se ve parcialmente sumergida en una calle inundada después de las fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay, en un vecindario a las afueras de Asunción, Paraguay, el 25 de mayo de 2019.
Una casa se ve parcialmente sumergida en una calle inundada después de las fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay, en un vecindario a las afueras de Asunción, Paraguay, el 25 de mayo de 2019. Jorge Adorno / Reuters

En la periferia de Asunción, dos metros de agua sumergen a la mayoría de las casas de los barrios de Bañado Sur y Bañado Norte. Allí unos 70.000 desplazados esperan pacientemente que el agua baje.

Anuncios

Desde marz,o Asunción es una ciudad dividida por el muro invisible de la desigualdad. En la periferia dos metros de agua sumergen a la mayoría de las casas de los barrios de Bañado Sur y Bañado Norte. Allí, unos 70.000 desplazados esperan pacientemente que el agua baje. Mientras tanto, sobreviven en refugios precarios que ocupan las calzadas de las calles y de los parques públicos de los alrededores.

Desde el coche se pueden divisar varios kilómetros de barracas humildes, hechas de forma artesanal con placas de madera y chapa, en las que el saneamiento básico brilla por su ausencia. “Yo tengo que tomar baño con un balde dentro del único cuarto en el que vivo con toda mi familia”, explica María Esquivel, una ama de casa que describe la falta de privacidad con resignación y serenidad.

En la zona oriental de la ciudad, donde se encuentran los barrios más exclusivos de Asunción y sus elegantes casas coloniales, como Villa Morra y Recoleta, todo sigue como siempre. La crisis hídrica que asola Paraguay queda patente solo por la presencia masiva de mosquitos, que se multiplican a la velocidad de un rayo gracias a la humedad, al mismo tiempo que aumenta el riesgo de contraer enfermedades tropicales como el dengue y el zika.

Los restaurantes y bares exclusivos de las zonas más chic de Asunción están a rebosar de clientes acicalados, aparentemente ajenos a la situación de emergencia que ha postrado una parte de la capital y del país.

El caudal del río baja, sin esperanzas para los miles de desplazados

Desde el inicio de junio, el río Paraguay está descendiendo de manera paulatina, con un promedio de tres centímetros por día. Sin embargo, las cerca de 14.000 familias que se amontonan en las calles de Asunción tendrán que esperar semanas o incluso meses para poder volver a sus casas.

Los expertos de la Dirección Nacional de Hidrología calculan que las inundaciones pueden durar hasta septiembre. “Lo peor es que el agua enseguida vuelve. En los últimos cinco años pudimos regresar a casa solo por unos pocos meses, porque las inundaciones siempre recomienzan. Ni siquiera vale la pena desmontar la barraca, porque te arriesgas a perder el lugar que te asigna el Ayuntamiento”, relata Mónica Pinto, refugiada en un campamento en el parque Mburicao.

Los residentes son transportados en un bote a través de una calle inundada después de fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay , en Asunción, Paraguay, el 25 de mayo de 2019.
Los residentes son transportados en un bote a través de una calle inundada después de fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay , en Asunción, Paraguay, el 25 de mayo de 2019. Jorge Adorno / Reuters

Las inundaciones se han convertido en un fenómeno crónico, capaz incluso de sepultar ciudades enteras bajo el agua. Aconteció en Nanawa, un municipio de 6.000 habitantes situado en la frontera con Argentina, a la orilla del río Pilcomayo. Sus calles eran un bullicio de gente y de mercancías hasta que las lluvias torrenciales congelaron toda actividad económica.

Cerca 5.000 personas tuvieron que huir, dejando atrás todo lo que tenían. Las riadas se han ensañado con ricos y pobres, sin distinción de clase. Solo queda un centenar de casas habitadas. “Esta clase de inundaciones normalmente acontecía cada 10 ó 12 años. Sin embargo, desde el año 2014 se repiten cada año. Yo creo que es por el cambio climático que estamos sufriendo en carne propia”, asegura Javier Nuñez, alcalde de Nanawa.

Al igual que en los Bañados de Asunción, en Nanawa solo se puede circular en barco o en canoa. Pequeños negocios han surgido gracias a la crisis, como tiendas de alimentación improvisadas en los balcones o servicio de taxi en barcos que ofrecen movilidad a aquellos que se resisten a convertirse en refugiados ambientales, aferrados a la efímera seguridad que les brinda el piso más alto de sus residencias.

“Las personas más humildes consideran este tipo de desastre casi un castigo bíblico”

El alcalde de esta pequeña localidad devastada por las lluvia exige al Gobierno central que construya una franja costera que pueda funcionar como muro de contención. Es algo que ya se hizo en la vecina ciudad de Clorinda, en Argentina, donde muchos paraguayos han encontrado cobijo. Por esta razón, Clorinda no está inundada. “Es la única forma para que Nanawa tenga alguna expectativa de sobrevivir como ciudad”, señala Javier Nuñez.

Al otro lado del río Irma González, una refugiada paraguaya madre de siete hijos, prepara la comida en el refugio habilitado por las autoridades argentinas. “Ya tuve que dejar mi casa varias veces por causa de las lluvias. Este año decidí venir a Clorinda por mi hijo, porque aquí puede seguir en la escuela”, explica esta mujer con dulzura. Su marido estibador solo consigue pequeños trabajo precarios desde que se declaró la emergencia.

Una iglesia se ve parcialmente sumergida en una calle inundada después de las fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay, en un vecindario en las afueras de Asunción, Paraguay, el 25 de mayo de 2019.
Una iglesia se ve parcialmente sumergida en una calle inundada después de las fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay, en un vecindario en las afueras de Asunción, Paraguay, el 25 de mayo de 2019. Jorge Adorno / Reuters

Llama la atención la resignación de los afectados, que apenas se quejan por las privaciones a las que están sometidos. “En Paraguay las personas más humildes consideran este tipo de desastre casi un castigo bíblico. La presencia de la cultura católica es tan fuerte que se ha impuesto la idea de que ser sufridor equivale a ser un buen cristiano”, asegura una periodista local.

Las consecuencias de esta emergencia pesan aún más en una sociedad como la paraguaya, donde el 24,2% de la población es pobre. Según los datos oficiales, se trata de 1.679.000 personas, de las que al menos 335.000 se encuentran en una situación de extrema pobreza, lo que equivale al 4,8% de la población.

Según el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF), las inundaciones en Paraguay son el retrato vivo del cambio climático y están directamente relacionadas con la deforestación, a su vez responsable del calentamiento global. Es sabido que la temperatura media del planeta subió 1,5 grados en los últimos 50 años. Los datos publicados por la ONU y por otras organizaciones internacionales, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), no dejan lugar a dudas.

Las inundaciones, un desastre que deja perdidas a todo nivel para Paraguay

El coste de las inundaciones, tanto el humano como el económico, es muy alto. “Gran parte del país en este momento está con las rutas cortadas. Las poblaciones con menos recursos tuvieron que abandonar sus hogares a razón de miles de personas. Hay estudios en nuestro país que indican que de aquí a 15 ó 20 años casi el 3% del PIB nacional va a ser afectado por el cambio climático”, explica Óscar Rodas, director de Cambio Climático y Políticas de WWF Paraguay.

Por su parte, los responsables de la Dirección Nacional de Hidrología se resisten hablar de cambio climático y prefieren achacar las riadas al fenómeno meteorológico de ‘El Niño’, responsable de las lluvias de intensidad excepcional que cayeron en marzo.

Las señales se ven en una calle inundada después de las fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay, en un vecindario en las afueras de Asunción, Paraguay, el 26 de mayo de 2019.
Las señales se ven en una calle inundada después de las fuertes lluvias que causaron el desbordamiento del río Paraguay, en un vecindario en las afueras de Asunción, Paraguay, el 26 de mayo de 2019. Jorge Adorno / Reuters

Pero Óscar Rodas insiste en que el calentamiento global hace que fenómenos naturales cíclicos como ‘El Niño’ se vuelvan más virulentos y dañinos para el medio ambiente. “La tendencia es tener lluvias y sequías cada vez más frecuentes e intensas, con hasta 20 días de olas de calor por año”, afirma Rodas.

Entre los paraguayos hay una clara conciencia de que algo serio está pasando con el clima y el medio ambiente. El Alto Paraguay soporta desde hace tres meses el aislamiento debido a la critica situación de los caminos tras las fuertes lluvias de los últimos meses.

En 2014, cuando el río Paraguay alcanzó niveles históricos, fue creada una Secretaría de Emergencia Nacional que desde entonces no ha parado de trabajar para paliar los efectos de las lluvias en la población y en el campo, donde la agricultura y la ganadería también han sido damnificados. Solo en el mes de febrero, el Gobierno paraguayo gastó un millón de dólares en la evacuación y el mantenimiento de unas 8.000 familias en Asunción. La cuenta final de esta última emergencia puede ser millonaria.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.