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El Brexit cumple tres años, sin dos primeros ministros y con un caos político que augura la peor salida

El manifestante anti-Brexit Steve Bray protesta frente a Downing Street en Londres, Reino Unido, el 11 de junio de 2019.
El manifestante anti-Brexit Steve Bray protesta frente a Downing Street en Londres, Reino Unido, el 11 de junio de 2019. Henry Nicholls / Reuters

El referendo de 2016 ha dibujado un Reino Unido con una política desunida, una economía debilitada y una sociedad confrontada que aún espera una salida. ¿Podrá Boris Johnson o Jeremy Hunt dar un vuelco a un divorcio que se antoja radical?

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Un 23 de junio de hace tres años, una parte de Reino Unido brincaba y celebraba el haber conseguido el famoso Brexit. En concreto, un 51,9% de los británicos esperaba salir de la Unión Europea y encontrarse con las promesas de independencia económica, liberación del dictamen de Bruselas y menor acogida de migrantes. Un 23 de junio de 2019, no se ha dado ese ‘exit’, la economía no es autónoma sino débil, no hay rastro de un rumbo político, y las sonrisas, las de 2016, están más que borradas.

El trayecto desde la votación del referendo hasta hoy podría tildarse de fatídica odisea, sin que la salida de Europa se haya efectuado. Más bien, estos tres años han traído consigo desunión, frustración, pena y abatimiento, lo que ha generado, en primer lugar, que la política, la economía y la sociedad decaigan, y, en segundo lugar, que la política, la economía y la sociedad respondan a posturas extremas.

Partidarios de la Unión Europea y partidarios del Brexit sostienen pancartas durante una manifestación contra el Brexit en Green Park en Londres, el 9 de julio de 2016.
Partidarios de la Unión Europea y partidarios del Brexit sostienen pancartas durante una manifestación contra el Brexit en Green Park en Londres, el 9 de julio de 2016. Daniel Leal-Olivas / AFP

“Me parece muy triste lo que están haciendo. Su papel en el mundo se va a reducir, su economía va a sufrir y el impacto en la sociedad será enorme”, valoraba esta semana el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, quien pese a sus palabras es gran defensor del país en la Unión Europea.

Mientras que BritainThinks y The Economist han hecho su propia conclusión: el sondeo nombra una grieta política, geográfica y social en Reino Unido; el medio ha acuñado los términos de ‘Brexitlandia’ (a favor de la salida) y ‘Remania’ (en pro de la permanencia) como si se tratara de dos naciones separadas. Pero no solo, porque la separación entre generaciones también está, entre los mayores euroescépticos desencantados y los jóvenes que temen una catástrofe ante la UE que tal vez no tenga marcha atrás.

Tres años de acercamientos y separaciones con Bruselas

El trienio se ha caracterizado por viajes a Bruselas en los que la hoy ex primera ministra Theresa May intentó alcanzar un pacto definitivo y ordenado con la Unión Europea, que evitara un no acuerdo, que después debía ser aprobado por los parlamentarios de la Cámara de los Comunes. Ni lo uno ni lo otro lograron darse plenamente, hasta el punto que la fecha inicial de salida, el 29 de marzo de este año, tuvo que posponerse hasta abril, luego se valoró para junio y finalmente llegó hasta este 31 de octubre.

Un panorama que obligó a Reino Unido a participar en las elecciones europeas del pasado mes de mayo, en las que el Partido del Brexit, del ultranacionalista Nigel Farage, salió de nuevo vencedor en el país. Nadie deseaba tener que vivir esos comicios comunitarios, y una vez más los antieuropeos ganaron, mientras que la izquierda quedó de capa caída con Jeremy Corbyn y los conservadores pagaron su guerra interna quedando en un quinto puesto, por detrás del Partido Verde.

Esta situación en torno al Brexit, con votaciones reiteradas en el Parlamento, gritos y desacuerdos se cobró una nueva víctima, que recordaba a la de 2016: la imagen de David Cameron renunciando al 10 de Downing Street, invocando un mejor líder para la opción de salida, volvía a repetirse con una Theresa May sin respaldo, que en mayo comunicó su renuncia y el 7 de junio la hizo efectiva en lágrimas y con el mensaje de “hice todo lo que pude”.

La primera ministra británica, Theresa May, hace una declaración para anunciar su renuncia en Londres, Reino Unido, el 24 de mayo de 2019.
La primera ministra británica, Theresa May, hace una declaración para anunciar su renuncia en Londres, Reino Unido, el 24 de mayo de 2019. Toby Melville / Reuters

Un Reino Unido más extremista que en 2016

La dimisión de May ha dejado la puerta abierta a un mayor extremismo, representado por personajes como Farage o Boris Johnson, los mismos que en un inicio crearon el espejismo del Brexit sin una ruta clara de salida. Con ellos, los ciudadanos han optado por opiniones radicalizadas que hoy podrían ser una realidad si Johnson, favorito sucesor de May, logra ser el próximo jefe de los ‘tories’ y el próximo primer ministro.

Un estudio del King’s College de Londres, citado por el medio El Periódico, llegó a mostrar tras las europeas que una radicalización solo haría más difícil un futuro pacto con la UE, del que ya no se habla sobre si será suave o duro, sino que será o será. Y precisamente, esta es la propuesta de Johnson como candidato conservador frente a Jeremy Hunt: sea como sea, “con o sin acuerdo”, el 31 de octubre, renovada fecha de partida, Reino Unido abandonará la comunidad europea, aunque lo haga de forma abrupta.

Y es que, en el fondo, pese a que los matices y los partidos importen menos que el propio Brexit, al Partido Conservador le importa alcanzar su promesa, sean cuales sean sus consecuencias, para no perder a sus votantes. Y esa posibilidad siempre será más factible con Johnson que con Hunt, quien ha anunciado con más ánimo que intentará renegociar con Bruselas el pacto perfilado durante estos años.

Los veintisiete han advertido que, sea quien sea el nuevo primer ministro, el acuerdo no se reabrirá con su llegada en julio. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, señaló el 21 de junio que el tratado fue cerrado con May y que solo están “abiertos a negociaciones sobre la declaración de las relaciones futuras entre el Reino Unido y la Unión Europea”.

Entre la elección del nuevo líder y el verano institucional europeo, los próximos meses se antojan tranquilos para Reino Unido. Sin embargo, una vez llegue octubre con una nueva cumbre europea y con su fecha límite, los cimientos del país volverán a temblar si no hay decisiones concretas.

Los bancos de inversión ya lo vaticinan, al elevar del 15% al 25% las posibilidades de una salida hostil, que afectaría a la libra esterlina. Pero, más allá de lo económico, están en juego la unidad nacional en Escocia e Irlanda del Norte, además del auge del populismo, que solo es uno de los síntomas del caos en el que vive hoy Reino Unido por el Brexit.

Con EFE, Reuters y medios nacionales

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