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ARTE+FRANCE 24

La integración pendiente de los rastafaris en Etiopía

A 250 km al sur de Adís Abeba se halla Shashamane. La ciudad acoge a las familias de los rastafaris que decidieron regresar a Etiopía. Pero el acceso a esta "tierra prometida" no es tarea fácil...
A 250 km al sur de Adís Abeba se halla Shashamane. La ciudad acoge a las familias de los rastafaris que decidieron regresar a Etiopía. Pero el acceso a esta "tierra prometida" no es tarea fácil... ARTE

Inspirados por el panafricanista Marcus Garvey, miles de afroamericanos retornaron hacia Etiopía. El auge de esta migración ocurrió hace más de 50 años. Hoy todavía se enfrentan al reconocimiento de país que los ve como extraños.

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El sueño comenzó con el pastor Marcus Garvey. Hacia comienzos de la década de 1920, el teórico panafricanista creó la compañía Black Star Line con la que planeaba transportar en barcos de vapor a la población negra desde América hacia sus territorios ancestrales en África. El proyecto fracasó, pero el deseo de retorno profesado por Garvey perduró por décadas. Se dice que Garvey pronunció una frase premonitoria en aquella época: "miren a África, cuando un rey negro sea coronado, porque el día de la liberación está cerca".

El 2 de noviembre de 1930, Ras Tafari Makonnen fue coronado emperador de Etiopía y pasó a llamarse Haile Selassie I. Para muchos, el ascenso al trono de este monarca reconocido como descendiente del rey Salomón y la reina de Saba marcó el comienzo del rastafarismo como religión y movimiento político. Pero el reconocimiento de sus seguidores en ese país ha tardado mucho tiempo en llegar.

En plena Segunda Guerra Mundial, Benito Mussolini intentó una vez más (Italia ya había intentado colonizar Etiopía a finales del siglo XIX) conquistar este país. Haile Selassie tuvo que exiliarse en el Reino Unido y como uno de los primeros países africanos en haber respaldado la Liga de las Naciones se dirigió al pleno del organismo predecesor de las Naciones Unidas en 1936:

"Es mi deber informar a los gobiernos reunidos en Ginebra, responsables como son de la vida de millones de hombres, mujeres y niños, del mortífero peligro que los amenaza, describiéndoles el destino que ha sufrido Etiopía. No es solo sobre los soldados que el Gobierno de Italia ha hecho la guerra. Es sobre todas las poblaciones atacadas, alejadas de las hostilidades, para aterrorizarlas y exterminarlas", sentenció el emperador en el exilio, quien también relató a la asamblea cómo las fuerzas italianas atacaron a sus unidades con gas mostaza.

Por aquella época, parte de la población afroamericana, influida por el panafricanismo, la conexión de sus raíces con el continente africano y la idea de retorno a sus territorios ancestrales, donó recursos para el sostenimiento de las defensas etíopes. Su solidaridad sería recompensada.

El retorno de Haile Selassie I y el desencantamiento de un ícono

Tras cinco años de exilio, el emperador volvió a Etiopía en 1941, luego de recibir el apoyo de tropas británicas e indias ante el debilitamiento de Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Según el portal 'Jeune Afrique', su regreso estuvo en parte cargado del rencor de quienes se sintieron abandonados durante la invasión. Pero eso no impidió que Selassie I continuara con su proyecto de modernización que generó sentimientos encontrados dentro y fuera del país.

A la comunidad rastafari, el emperador entregó 250 hectáreas en Shashamane, sur del país. Desde Jamaica, Estados Unidos y el Caribe en general, cientos iniciaron un viaje que para ellos suponía el regreso a Sion, la tierra prometida. Para los rastafari, Haile Selassie I era un dios vivo, aunque su gestión en gran parte del país no era recibida como la de una deidad.

La creación de la Unión Africana en 1963 es parte del legado del emperador que todavía hoy se sigue celebrando. Pero al margen de su proyección internacional como monarca progresista y el crecimiento modernista de Adís Abeba, que sigue siendo una de las ciudades más grandes del continente, Haile Selassie I enfrentaba el rechazo de los jóvenes y algunos sectores políticos. Tres años antes de la creación de la Unión Africana, el rey ya había enfrentado el primer intento de golpe de Estado.

El periodista polaco Ryszard Kapuscinski cuenta en 'El Emperador' que en paralelo a la opulencia del monarca (entre otras cuenta que tenía un servidor encargado exclusivamente de mostrarse en su despacho para marcarle el paso de las horas), el país caía en el hambre.

En 1974, meses antes del golpe de Estado que lo retiraría definitivamente del poder, 'The New York Times' escribió sobre el emperador y su país "en comparación con algunos de sus Estados hermanos africanos, Etiopía sigue siendo un país extremadamente pobre que sufre una economía atrasada basada en un sistema de tenencia de tierras casi medieval".

En septiembre de ese año, el general del Derg (como se conoció a la junta militar que gobernaría por varias décadas) tomó el poder y el emperador murió en extrañas circunstancias un año después.

El retorno rastafari vuelve a obtener reconocimiento

En los años siguientes al golpe de 1974, el gobierno militar expropió parte de los terrenos que habían sido concedidos a los rastafaris. Y con el paso de los años su situación obtuvo cada vez menos atención de las autoridades etíopes.

En 2017, no obstante, el gobierno les otorgó documentos de residencia, que los reconoce como extranjeros pero reivindica su origen etíope. La norma no los convierte en ciudadanos, pero les otorga buena parte de los derechos de cualquier otro nacional.

Pero más allá del papeleo legal, para la cada vez más pequeña comunidad rastafari en Shashamane todavía hay muchos retos para su integración. Su cultura contrasta con las creencias etíopes y en algunos casos se han visto tensiones entre las dos comunidades. En aquella población al sur de Etiopía, no obstante, todavía se profesan las creencias de Garvey y del emperador que facilitó su regreso a la tierra prometida.

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