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Prisionera de su deuda, Grecia vota apostando por sus élites

Una mujer se prepara para votar en las elecciones generales en Atenas, Grecia, el 7 de julio de 2019.
Una mujer se prepara para votar en las elecciones generales en Atenas, Grecia, el 7 de julio de 2019. Alkis Konstantinidis / Reuters

Los griegos votarán el 7 de julio de 2019 en una elección general, que es la primera en la era posterior al rescate del país. El actual primer ministro griego, Alexis Tsipras, ya es anunciado como probable gran perdedor por las encuestas.

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Los griegos participan este domingo en una de las elecciones más significativas de sus últimos años. Unos 9,9 millones de personas están convocadas a elegir a su próximo gobierno, en unos comicios que se celebran a 10 años del estallido de una crisis económica que amenazó con sacar al país de la Unión Europea, supuso luego enormes recortes y medidas de austeridad, y lo ha dejado prisionero de su gigantesca deuda pública.

En este panorama, el partido izquierdista Syriza, que en 2015 aceptó el tercer y último rescate financiero -el último cóctel de medidas de austeridad a cambio de préstamos-, se prepara para perder las elecciones generales.

Kyriakos Mitsotakis, líder de la centroderechista Nueva Democracia (ND) y uno de los herederos de las grandes familias conservadoras de Grecia, ha ido recortando la ventaja desde que el partido de izquierda obtuvo la mayoría absoluta en dos elecciones celebradas en 2015.

En mayo pasado, en las elecciones para elegir a los representantes griegos en el Parlamento europeo, Mitsotakis ganó por unos nueves puntos de diferencia a Syriza. El mismo porcentaje que ahora los sondeos vaticinan que los conservadores podrían obtener sobre sus rivales de izquierda.

Los votantes de Syriza se sienten traicionados por Alexis Tsipras

Decepción. Rabia. Frustración. Son estas algunas de las palabras que más repiten los votantes desengañados con Alexis Tsipras, el líder de Syriza y probable gran perdedor de los nuevos comicios, según las encuestas.

El primer ministro griego y líder del partido izquierdista Syriza, Alexis Tsipras.
El primer ministro griego y líder del partido izquierdista Syriza, Alexis Tsipras. AFP/Louisa Gouliamaki

“Mi madre y sus amigas de 70 años son de izquierda, pero esta vez no les votarán. ¿La razón? Se sienten traicionadas por un partido que prometió acabar con la austeridad y no lo hizo”, explica Lefteris, un funcionario público. “Es difícil saber qué tienen las personas en la cabeza. Lo que es seguro que es están muy afectados por el desgaste que han supuesto tantos años de crisis económica”, razona Dimitri Deliolanes, periodista y escritor griego.

“Es cierto que en 2015 hubo un referéndum en el que la población rechazó rotundamente el tercer rescate pero después de eso Tsipras convocó elecciones en septiembre de ese mismo año y las ganó”, añade Deliolanes. “Creo que eso ocurrió porque la gente se encontraba en un estado de shock. Ahora, en cambio, todo eso está pasando factura”, opina la artista Danae Stratou, esposa del exministro de Finanzas Yanis Varoufakis y candidata del también izquierdista Frente Europeo de Desobediencia Realista (Mera25).

Las buenas cifras de Alexis Tsipras no bastan

De nada, al parecer, ha servido incluso que la economía ahora esté registrando su mayor crecimiento económico de los últimos años, el PIB crezca un promedio anual del 2%, y el desempleo haya bajado del 27,5% de 2013 al 19,3% de 2018, según los datos más recientes de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat). O incluso que Grecia aprobara, durante el mandato de Tsipras, las uniones de personas del mismo sexo, un avance que llegó al país después de que ocurriese en la mayoría de los otros países europeos y que se produjo pese a la fuerte oposición de la Iglesia ortodoxa.

“La gente responsabiliza a Tsipras de cosas absurdas. Incluso de no haber gestionado adecuadamente los terribles incendios del año pasado en Mati (en la región de Ática), que se produjeron en unas condiciones climáticas extraordinarias”, cuenta Yorgos, un anciano trabajador humanitario. “La gente no irá a votar a favor de Mitsotakis. Votarán para castigar a Syriza”, añade.

No ha habido mayores sobresaltos en la campaña electoral, convocada tres meses antes del final del mandato de Syriza por su dura derrota sufrida en las elecciones europeas. Hábilmente, Mitsotakis se presentó como un político moderado y evitó fomentar los mensajes que pudiesen polarizar la sociedad o alarmar a la instituciones europeas.

Por el contrario, insistió, como si de un mantra se tratara, en promover una economía competitiva, atraer nuevos inversores y bajar de manera generalizada los impuestos a las familias y las empresas.

Tema, este último, que supone una reducción de los ingresos del Estado y por tanto ha suscitado muchas dudas de los analistas, por la todavía altísima deuda pública del país (176% de su PIB, según Eurostat) y el compromiso pactado por Grecia de seguir bajo la vigilancia de la llamada troika -la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- para que las reformas continúen y se mantenga controlada la situación fiscal del país.

“Syriza perdió una excelente oportunidad para girar hacia las políticas de la socialdemocracia”

Menos importancia ha tenido, según algunos observadores, el acuerdo entre Tsipras y el primer ministro de Macedonia, Zoran Zaev, que cambió el nombre del país vecino en Macedonia del Norte y puso fin a casi tres décadas de disputa entre los dos Estados, algo que provocó protestas de rechazo de muchos griegos. “La derrota de Syriza no se debe solo al acuerdo sobre Macedonia del Norte. (…) Syriza perdió una excelente oportunidad para girar hacia las políticas de la socialdemocracia”, ha comentado Vassilis Nedos, experto en cuestiones diplomáticas y de defensa, en las páginas del diario Ekathemerini.

Un cartel que representa al primer ministro griego Tsipras, en el quiosco electoral del partido izquierdista Syriza, en Atenas.
Un cartel que representa al primer ministro griego Tsipras, en el quiosco electoral del partido izquierdista Syriza, en Atenas. Reuters/Alkis Konstantinidis

Tampoco de mucho ha valido que Mitsotakis pertenezca a una de las dinastías de familias conservadoras que por más tiempo han gobernado el país, en la época de bonanza y derroches. Su difunto padre Constantinos Mitsotakis ejerció como primer ministro entre 1990 y 1993, su hermana, Dora Bakoyannis, fue ministra de Cultura (1992-1993) y Exteriores (2006-2009), y su sobrino Kostas Bakoyannis es el nuevo alcalde de Atenas.

De ahí que, en verdad, entre sus detractores Mitsotakis encarne los peores males de Grecia: los del viejo sistema político griego, basado en el clientelismo y del nepotismo que, en años pasados, han llevado a Grecia casi al borde de la bancarrota. El sistema que muchos habían creído que Syriza, una coalición de partidos de la izquierda radical marginal hasta 2012, derrotaría.

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