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Comenzó la campaña para las elecciones primarias en Argentina: ¿cómo llegan los principales candidatos?

El presidente Mauricio Macri y su contendor en las presidenciales de este año, Alberto Fernández.
El presidente Mauricio Macri y su contendor en las presidenciales de este año, Alberto Fernández. AFP y EFE

Esta semana comenzó oficialmente en Argentina la campaña para las elecciones primarias, que tendrán lugar el 11 de agosto de este año, y que en el caso de las fórmulas presidenciales servirá para medir fuerzas entre los aspirantes.

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En las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de 2019 en Argentina cada coalición presentará una sola fórmula para ocupar la cabeza del Ejecutivo nacional y algo similar ocurrirá con varias listas para las elecciones de legisladores nacionales y provinciales. Sin embargo habrá algo de competencia, ya que en 17 de las 24 provincias habrá primarias para definir las listas legislativas.

De todos modos, el foco principal, por el impacto que tiene en un país con tanta concentración de poder y recursos en el Estado nacional, se encuentra en la contienda presidencial.

Las principales fórmulas a presidente son la del actual primer mandatario, Mauricio Macri, que busca la reelección junto al senador peronista Miguel Ángel Pichetto por Juntos por el Cambio; Alberto Fernández, quien va como candidato a presidente junto a la expresidenta Cristina Fernández, quien lo designó como cabeza de fórmula de Frente de Todos para ella quedarse como candidata a 'vice'; y la que se presentan como una fuerza alternativa, Consenso Federal, con Roberto Lavagna (quien fuera ministro de Economía de Néstor Kirchner, antecesor y fallecido esposo de Cristina Fernández) como candidato a presidente y Juan Manuel Urtubey, gobernador de la provincia norteña de Salta como candidato a vice.

Una curiosidad: todos los candidatos de las tres principales fórmulas, menos Macri, son peronistas. Y la mayoría son porteños (nacidos en la capital argentina) o viven desde hace mucho tiempo en la Ciudad de Buenos Aires.

Hay otras seis fórmulas presidenciales, a la izquierda y derecha de las anteriores, pero ninguna cuenta con posibilidades reales de ganar los comicios.

En un segundo plano quedan, no sin una gran importancia, la disputa por los lugares en el Congreso nacional, para la que las principales coaliciones se aseguraron de llenar las listas de cuadros fieles (para mantener la disciplina legislativa para potenciales cuatro años de mandato que se prevén complejos) y en la gobernación de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad de Buenos Aires, los distritos que, en conjunto suman cerca de un tercio de la población argentina y en los que se espera que la pelea sea –también– entre los candidatos de Juntos por el Cambio, que hoy gobiernan ambos distritos, y los del Frente de Todos.

Grabaciones caseras, ordenar el caos y una alternativa a las dos mayores fuerzas

Los primeros avisos de campaña presentados por los candidatos dan cuenta de cuál es, al menos en esta primera etapa, el mensaje central con el que buscan presentarse a los electores.

El spot de la fórmula Macri-Pichetto juega con dos elementos habituales de la comunicación del actual presidente: grabaciones hechas con celular, como caseras, y un mensaje que habla de la obra pública, de infraestructura, de cómo llegó después de tantos años de espera (según el argumento del aviso de campaña). La pieza asegura que el Gobierno ha logrado construir las bases e invita, en voz del presidente: "Imagínense lo que vamos a lograr en los próximos años, con un poco de viento a favor". Curiosamente, en esa pieza audiovisual no utiliza la referencia a la corrupción, de la que señala insistentemente a miembros del gobierno que lo precedió, el de la precandidata a la vicepresidencia Cristina Fernández.

Justamente, el de su fuerza, Frente de Todos, busca instalar la imagen del candidato presidencial, Alberto Fernández, cuyo rostro es la primera imagen que aparece en su aviso y cuya voz le habla al espectador, se presenta, se muestra a la vez cercano a Cristina y capaz de tomar distancia. Tal como ya venía diciendo su compañera de fórmula, el principal eslogan es: "Voy ordenar el caos que nos están dejando", apelando a la crisis económica que atraviesa hoy Argentina, con una alta inflación, recesión y aumento de la desocupación.

El de la fórmula Lavagna-Urtubey busca, previsiblemente, colocarlos en un lugar alternativo a las otras dos: prometen salir de la crisis y evitar la corrupción. La frase central es una interrogación: "¿Los vas a dejar volver? ¿Los vas a dejar seguir?". Volver a Cristina Fernández, seguir a Mauricio Macri. El aviso presenta a Lavagna y Urtubey como una alternativa a elegir "entre el miedo y el dolor".

"Enviar su propio mensaje al electorado y evitar tener un diálogo entre sí"

De acuerdo con el politólogo Facundo Cruz, cada fórmula "está tratando de enviar su propio mensaje al electorado y evitar tener un diálogo entre sí", aunque ya comenzaron a aparecer elementos cada vez más fuertes de polarización y de mensajes negativos sobre el rival.

En un encuentro de la campaña de Juntos por el Cambio que tuvo lugar el miércoles en Buenos Aires, la polarización estuvo muy presente. El candidato a vicepresidente, Pichetto, dijo que la opción es entre "una propuesta democrática para grandes transformaciones" o "una Argentina autoritaria y cerrada". Mientras desde la fórmula Fernández-Fernández acusan al macrismo de endeudar al país y gobernar para pocos.

Cruz cree, además, que "va a haber muchísimas situaciones en las que spots de campaña que van a viralizarse en las redes sociales y uno no va a saber si son oficiales o no". Es un contexto en el que la desinformación será, como en todo el mundo, un desafío para las campañas y para los votantes.

Tanto desde el macrismo –donde tienen más experiencia en la materia– como desde el kirchnerismo utilizarán, además de la comunicación convencional de campaña, apelarán a mensajes a través de redes sociales, especialmente WhatsApp, que puedan ser viralizados por los propios usuarios de la plataforma.

En un país ya de por sí polarizado, donde hay al menos un 30% de votantes de uno y otro lado que no se moverán jamás de su elección, la apuesta de las campañas, como siempre, es conquistar a los indecisos, a aquellos que por poco pueden pasar para un lado o el otro.

Los candidatos también han comenzado a recorrer el país, cubriendo el territorio del extenso país e intentando fotos con los gobernadores, que pueden ayudarlos a traccionar votos en sus provincias.

Las encuestas están en un período de vaivén permanente

Generalmente se considera que quien está en el gobierno corre con ventaja porque, entre otras cosas, puede aprovechar el aparato del Estado para mostrar hechos concretos que respalden su gestión.

Es lo que está haciendo Macri: en estos días va de inauguración de obra en inauguración de obra (algo que como candidato deberá dejar de hacer, por ley, el 17 de julio; ya no podrá aparecer más en esas inauguraciones).

Sin embargo, a quien está en el poder también se lo puede señalar, atacar, por las falencias de su gestión o problemas que atraviesa el país.

Y la situación actual está haciendo muy difícil elaborar predicciones.

Las encuestas están en un período de vaivén permanente, en el que el viento de la economía suele llevarlas de un lado para el otro: cuando una cierta estabilidad parece haberse instalado favorecen levemente a Macri, cuando la crisis vuelve a apretar la intención de voto migra a la fórmula Fernández-Fernández.

Eso ocurre en las encuestas, donde se consulta a unos pocos cientos de personas, y con dispar eficacia en los protocolos utilizados. Pero las PASO son lo más parecido a la elección y allí los resultados sí sirven de termómetro real de qué está rumiando el electorado.

Hubo un intento de un grupo de legisladores por suspender las PASO, pero no prosperó

No obstante, algunos consideran que las PASO no deberían haberse llevado a cabo este año, al menos para aquellos cargos con listas únicas en todos los partidos, como las de presidente y vice: porque vuelve fútil el supuesto acto de dirimir con el voto una interna y todo a un costo de unos 3.000 millones de pesos (unos US$72 millones).

De hecho, hubo un intento de un grupo de legisladores por suspender las PASO, pero no prosperó, sobre todo, porque se entendió que el cronograma y forma de funcionamiento de las elecciones no se puede modificar una vez iniciado el proceso.

Para Cruz las PASO son un ejercicio positivo: "Brindan una información muy importante tanto para el dirigente político como para el electorado". A los candidatos les permite conocer la distribución del electorado en el territorio, explica, y así saber dónde hacer fuerte su campaña. Y para los votantes suele ser una oportunidad para probar al candidato que prefieren con más sinceridad y, en caso de que no resulte victorioso, elegir una opción alternativa que les resulte la menos mala.

En cualquier caso, la respuesta definitiva llegará el 27 de octubre.

O, si hay segunda vuelta (en caso de que nadie alcance el 45% de los votos o el 40% con una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el segundo), el 24 de noviembre, cuando tendría lugar la segunda vuelta.

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