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Migrantes

Migrantes en Grecia: el infierno en la puerta de Europa

Las imágenes de Aylan Kurdi conmocionaron al mundo en 2015. Su cuerpo fue encontrado en una playa de Turquía después de naufragar junto a su familia en un viaje a Grecia. El caso puso de relieve la crisis migratoria hacia Europa. Hoy, en Grecia, las consecuencias de esa ola migratoria se evidencian en las calles de Atenas. Los menores de edad que no logran el refugio son víctimas de abuso y quienes intentan otras rutas para entrar al país se encuentran con la deportación en el camino.

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"Cuando la policía griega nos detuvo, nos llevó a una cárcel. Allí nos quitaron todos nuestros objetos, destruyeron nuestros teléfonos y nos pegaron". De esta forma, Firas*, menor de edad, resume la pesadilla que han sido sus intentos por llegar a Europa.

Salió de Siria hace un año y viajó a Turquía con el objetivo de cruzar hacia Grecia y finalmente llegar a Alemania, donde vive su hermano. Pero hoy en día, permanece en Estambul, después de ser deportado por las autoridades griegas que niegan abusos en su trato hacia los migrantes. Pero los testimonios contradicen sus buenas prácticas: "los policías y militares nos golpearon, luego nos llevaron en carro hasta la frontera y antes de enviarnos al otro lado, nos dieron una última paliza", cuenta Firas, quien pidió cambiar su nombre por temor a represalias.

Firas no viajó por el Mediterráneo ni cruzó el mar Egeo para llegar a Grecia, lo hizo por el río Evros, una frontera natural que separa al país de Turquía. Solo son entre 100 o 200 metros de recorrido en un barco ilegal que transporta a más personas de las que puede soportar. Un viaje corto, pero peligroso, que los lleva a Europa. Según estimaciones de la ONU, al menos 50 personas murieron al tratar de cruzar el río en 2018.

Al otro lado del Evros está el campo de refugiados de Fylakio, que actualmente alberga a 200 personas; 112 de ellas menores de edad. Firas estuvo allí durante dos meses y luego fue deportado de forma ilegal a Turquía. "A lo largo de los años hemos documentado un gran número de retornos forzados desde Grecia a Turquía, a través de la frontera terrestre", asegura Margaritis Petritzikis, miembro de ACNUR en la región del Evros.

Firas teme volver a intentarlo pero dice que lo hará de nuevo, hasta que logre su objetivo.

A kilómetros, en Atenas, la situación de los menores refugiados en las calles es preocupante. El abandono de las instituciones los ha llevado a caer en redes de prostitución. “Es muy difícil para mí. No tengo dinero, no tengo trabajo porque soy menor de 18 ¿qué puedo hacer?”, relata un menor refugiado que tuvo que acceder a trabajar en las calles para sobrevivir.

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