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Nicaragua arriba a 40 años de Revolución en medio de una nueva rebelión cívica

Los simpatizantes sandinistas celebran el 23 aniversario de la revolución, en Managua, el 19 de julio de 2002, reunidos en la plaza "Juan Pablo II" para conmemorar la caída de la dictadura de Somoza.
Los simpatizantes sandinistas celebran el 23 aniversario de la revolución, en Managua, el 19 de julio de 2002, reunidos en la plaza "Juan Pablo II" para conmemorar la caída de la dictadura de Somoza. Aleman Miranda / AFP

A 40 años de la Revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza y dejó el camino libre a jóvenes guerrilleros para reescribir la historia del país, esta parece repetirse: ahora nuevos disidentes afirman vivir una revolución similar.

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Dos protagonistas principales de aquella gesta histórica tienen versiones encontradas respecto a lo que hoy representa la Revolución sandinista. Uno de ellos, Edén Pastora, hoy hombre de confianza del presidente Daniel Ortega afirma que la “militancia” sandinista celebra un “triunfo”, pero Moisés Hassan, exintegrante de la Junta de Gobierno posterior al triunfo de 1979, asegura que Ortega se convirtió en otro Somoza, contra quien lucharon juntos en la época.

“La Revolución nunca fue una auténtica revolución. Fue la revancha de un grupo de gente encabezado por los dos hermanos Ortega y por Tomás Borge. Un grupo de gente que tenía revancha contra una sociedad que les había negado las cosas que ellos envidiaban a los otros”, expresa Moisés Hassan, doctor en física y autor del libro ‘La maldición del Güegüense’, donde cuenta detalles de aquellos días como influyente líder del país centroamericano en los años 80.

El exguerrillero acusó a sus antiguos compañeros de “repartirse” bienes que pertenecían a la élite Somocista, quienes en su mayoría huyeron del país tras el triunfo de la guerrilla armada. “Logré que se aprobara un decreto que prohibía expresamente que las mansiones ocupadas a los somocistas fueran empleadas para vivienda de la gente del Frente (sandinista) o del Gobierno”, asegura, al tiempo que admite que “nadie hizo caso”. Según él, “la caída de Somoza produjo un éxtasis en Nicaragua. La gente se puso casi histérica de la alegría y eso cerró muchos ojos”.

Una multitud se reúne frente a la Plaza de la Revolución en Managua, Nicaragua, en el vigésimo aniversario del triunfo del Frente Sandinista, el 19 de julio de 1999.
Una multitud se reúne frente a la Plaza de la Revolución en Managua, Nicaragua, en el vigésimo aniversario del triunfo del Frente Sandinista, el 19 de julio de 1999. Miguel Álvarez / AFP

En ese momento se creó una junta denominada de Reconstrucción Nacional, liderada por nueve combatientes que representaban las tendencias del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN. Carlos Núñez, Luis Carrión, Víctor Tirado, Bayardo Arce, Jaime Wheelock, Tomás Borge, Henry Ruíz y los hermanos Humberto y Daniel Ortega, estos últimos con gran influencia, según relata Hassan.

En 1984 los dirigentes sandinistas eligieron a la figura de Daniel Ortega como candidato a la presidencia y junto a su hermano Humberto, entonces jefe del recién creado Ejército Popular Sandinista, lidiaron con la “Contra”, un grupo guerrillero conformado por campesinos y antiguos somocistas que no veían con agrado las nuevas medidas comunistas que el Gobierno propuso. La guerra de los 80 dejó unos 50.000 muertos, contrajo el Producto Interno Bruto en 55% y generó una hiperinflación que, en 1987, alcanzó el récord histórico del 33,557%.

Tras años de bloqueo económico impuesto por Estados Unidos en los 80, el sandinismo perdió las elecciones en 1990 y pasaron a conformar la oposición a gobiernos de derecha hasta 2007, cuando Ortega retornó al poder con un discurso de “reconciliación”, ganando popularidad entre los más jóvenes y la clase obrera.

Edén Pastora: “Daniel se está convirtiendo en un caudillo”

Sergio Ramírez, exvicepresidente de Ortega en los 80, ahora convertido en célebre escritor, narró en el prólogo del libro ‘Adiós Muchachos’ la asunción del poder de Daniel Ortega: “Supo ir articulando al Frente Sandinista a su alrededor en base a lealtades personales más que a las lealtades ideológicas de antaño, mientras se deshacía de sus adversarios”, explicó Ramírez, agregando que “nada de eso hubiera sido suficiente sin el pacto político con Arnoldo Alemán, el caudillo liberal condenado a veinte años de prisión por lavado de dinero en 2003, según actos ilícitos cometidos durante su presidencia”.

“La diferencia entre un caudillo y un líder. Al líder le obedecemos por disciplina partidaria y al caudillo le obedecemos porque lo queremos, y ese es el caso de Daniel. Daniel se está convirtiendo en un caudillo, ya lo sentimos porque lo queremos y ahora obedecemos por cariño, por amor a nuestro presidente”, comenta Edén Pastora al respecto.

Ortega, permanente líder y candidato a presidente del partido FSLN, se reeligió tres veces en el poder con reformas a la Constitución en la que denominó la “segunda etapa de la Revolución”. Distanciado de aquel controversial líder guerrillero mostró una versión más conciliadora con el sector privado, con quienes desarrolló un modelo de alianzas para crear políticas públicas en conjunto que mantuvo una crecimiento económico de entre 4 a 5% anual, según reportes oficiales. Sin embargo, todo cambió en abril de 2018, cuando los empresarios se distanciaron de unas reformas a la seguridad social promovidas por el Gobierno, que aumentaba el aporte de pensionados, trabajadores y empresarios.

La represión a esas protestas dejó un saldo de 325 muertos, según reportes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, “invitados” a abandonar el país al igual que la misión de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, OACNUDH, quienes documentaron el uso de “fuerza letal” de parte del Gobierno para desarticular los bloqueos de carreteras que levantaron los manifestantes conocidos como ‘tranques’.

Un grupo de manifestantes antigubernamentales grita consignas al partidario progubernamental durante una marcha llamada "Marcha de los globos" en Managua, Nicaragua , el 9 de septiembre de 2018.
Un grupo de manifestantes antigubernamentales grita consignas al partidario progubernamental durante una marcha llamada "Marcha de los globos" en Managua, Nicaragua , el 9 de septiembre de 2018. Oswaldo Rivas / Reuters

En uno de esos ‘tranques’ se encontraba Marvin López, de 48 años, el 17 de julio de 2018, cuando el comando armado identificado como ‘progobierno’ y la Policía, atacaron a disparos a los rebeldes de Masaya. López, ingeniero agrónomo que laboraba como taxista a falta de empleo, apoyaba a jóvenes de su comunidad en las protestas. El hombre había participado en la guerra de los 80 junto a los sandinistas pero según su esposa, su descontento detonó a raíz de la rebelión de abril de 2018.

“Él se sentía traicionado. Sentía que lo que él había hecho no había servido de nada porque él soñaba con una Nicaragua donde hubiera derechos ciudadanos”, explica Sobeyda García, esposa de Marvin. Hace un año García recibía una llamada desde el celular de su esposo pero quien hablaba era su hijo, informándole que Marvin recibió un disparo en la cabeza y en el puesto médico improvisado pedían llevarlo a un hospital para salvarle la vida.

“Yo llamaba a los bomberos, a la Cruz Roja, yo llamaba a todos lados y lo que me decían era que no podíamos ir. Porque ellos tenían orden de no ayudar. Y no lo podíamos llevar a ningún hospital porque también tenían orden de no atender”, narra la mujer con el recuerdo aún vivo de aquella trágica mañana.

La versión oficial que el Gobierno aún sostiene es que se defendían de “grupos terroristas” que pretendían desestabilizar el país. El día siguiente del operativo en Masaya, Rosario Murillo, vicepresidenta y primera dama, declaraba en cadena nacional “Hoy 18 de Julio, proclamamos nuestra victoria, nuestro avance, sobre esas Fuerzas tenebrosas, diabólicas, terroristas, criminales, que durante tres meses (...) azotaron, quisieron secuestrar la Paz en Nicaragua… Secuestraron la Paz en Nicaragua!”.

La Iglesia católica como daño colateral

“Aquí no estamos hablando de dos fuerzas, como el tiempo de 1979, que eran dos grupos armados: los sandinistas contra la guardia de Somoza. Esto, es otro contexto, es una ciudadanía que se levantó sin armas”, refuta el padre Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel y quien testifica que la Iglesia católica ha sufrido más de 30 agresiones de parte de afines al Gobierno durante el conflicto. Según él, por dar asistencia humanitaria a los manifestantes.

“Yo no soy enemigo del Estado, pero sí como decía hoy en la homilía debemos ser profetas, y profeta es el que anuncia el reino de Dios, pero también denuncia”, sostiene.

Uno de los episodios más tensos durante estos meses ocurrió el 9 de julio de 2018, cuando una comitiva de Obispos del clero católico, acompañados del Nuncio Apostólico, Stanislaw Waldemar Sommertag, intentaban rescatar a un grupo de médicos y voluntarios que por más de 12 horas permanecieron rodeados por paramilitares armados en una iglesia en Carazo, fueron agredidos verbal y físicamente mientras los acusaban de “golpistas”.

“Ese día yo vi golpes fuertes a sacerdotes, a monseñor Silvio (Báez), le dieron con un tubo y le hicieron un hoyo en su brazo izquierdo. Yo sufrí un golpe en el estómago, puñetazos en la cabeza. Dos heridas aquí en este brazo. Me agarraron del cuello, me derribaron de espalda”, recuerda el cura, quien vio cómo en medio del caos, el nuncio apostólico marcó al celular de Rosario Murillo, le habló fuertemente y le dijo que como diplomático le pedía protección de parte de la Policía.

Murillo, vocera del Gobierno, justificó la acción de sus simpatizantes diciendo que “nosotros entendemos que se expresen esas emociones y ese sufrimiento. Y estamos seguros que el señor nuncio, que el señor secretario de la nunciatura, entienden cómo se expresa y precisamente como cristianos que damos testimonio, expresamos nuestro sentimiento”, manifestó.

Edén Pastora, consultado sobre el motivo de sus críticas en medios locales hacia los jerarcas católicos, respondió que “me resentía mucho el daño que estos obispos que promovían el odio, la guerra, que promovían el espanto, el terrorismo. Promovían todo esto y se aliaban con abortistas, con lesbianas, con maricones, con traficantes de drogas. Ellos lo dijeron, que se podían aliar con todos queriendo derrotar la Revolución”.

El partido sandinista se alista este 19 de julio a celebrar lo que consideran una doble victoria: la primera, la de 1979 con el derrocamiento de la dinastía familiar de los Somoza que duró 40 años, y lo que consideran un “intento fallido de golpe de Estado”, que inició en abril de 2018 y que afirman, han superado exitosamente. Pese a ello, la crisis social y económica que atraviesa el país es latente.

Las reacciones a nivel internacional han derivado en sanciones individuales a funcionarios del círculo más cercano del presidente Ortega, entre ellos, sus hijos y esposa. Países como Canadá y Estados Unidos hacen presión para que Ortega realice reformas democráticas en el país, entre ello, el adelanto de elecciones que solicita la oposición y que el mandatario de 73 años ha negado en repetidas ocasiones, en cambio, ya se promueve entre los seguidores sandinistas lo que sería su cuarta reelección para el 2021.

El 28 de junio pasado durante la cuadragésima asamblea general de los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos, OEA, se aprobó con el voto de 20 países la creación de una comitiva de alto nivel de parte del Consejo Permanente para gestionar una solución a la crisis nicaragüense.La OEA dio un plazo de 75 días para brindar un informe y solicitó el retorno de los organismos internacionales de Derechos Humanos al país. Además, el país enfrenta una grave crisis económica que el Gobierno pretende contener aprobando las reformas que quedaron pendientes en abril de 2018, aumentando los aportes fiscales y de seguridad social de empresas y trabajadores.

“Entre abril de 2018 y febrero de 2019 (durante la crisis), la actividad económica se redujo en 5.2 por ciento en comparación con el mismo periodo del año anterior”, revela un reciente informe de coyuntura de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, FUNIDES.

Aunque los opositores, impedidos de manifestarse desde septiembre pasado tras un decreto policial, han convocado a cerrar sus puertas y no salir de sus hogares en rechazo a la celebración oficialista, nada parece detener la celebración de los 40 años de los sandinistas, quienes aglomerados hoy en una plaza junto al lago de Managua, ondean sus banderas rojinegras, con sentimientos victoriosos ante cualquier adversidad, o como explica el “Comandante Cero”, Edén Pastora, están dispuestos a “defender la Revolución” de todas las formas posibles, “cívicamente” e incluso, “militarmente”.

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