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FMI, pesimista frente a la previsión de crecimiento para América Latina en 2019

Cajas de agua de coco se ven en las instalaciones industriales de Frysk Industrial, una filial del grupo brasileño-estadounidense Aurantiaca, cerca de Conde, una ciudad a unos 200 km al norte de Salvador, en Brasil, el 22 de marzo de 2018.
Cajas de agua de coco se ven en las instalaciones industriales de Frysk Industrial, una filial del grupo brasileño-estadounidense Aurantiaca, cerca de Conde, una ciudad a unos 200 km al norte de Salvador, en Brasil, el 22 de marzo de 2018. Lucio Tavora / AFP

El Fondo Monetario Internacional recortó en un drástico porcentaje sus previsiones de crecimiento en Latinoamérica para este año al reducir al 0,6% la proyección de expansión económica de la región frente al 1,4% esperado.

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Latinoamérica se ha convertido en un péndulo económico. Durante los últimos años, la región ha sido objeto de robustas previsiones de crecimiento financiero en los primeros meses de cada ciclo que, conforme avanza el calendario, pierden fuerza y terminan drásticamente reducidos, como ahora, cuando la organización reporta el impacto que tendrá la desaceleración global.

Mientras que las proyecciones indicaban que en territorio latinoamericano el 2019 culminaría con una expansión financiera del 1,4%, el castillo de naipes se derrumbó nuevamente con la disminución de la previsión a 0,6%, un indicador abiertamente distante del esperado hace apenas tres meses.

Para el fondo, esta disminución representa un reflejo de la dinámica mundial que no contribuirá con la reducción de la informalidad ni la pobreza y que afectará considerablemente los flujos financieros.

En 2020 Latinoamérica tampoco acariciará el polo más positivo de las proyecciones al conseguir un crecimiento de solo un 2,3%, una décima menos que lo previsto en el informe presentado en abril.

Venezuela, Brasil, México y Argentina, en el ojo del huracán financiero

Las perspectivas apuntan a que, en el caso de Brasil, la notable reducción se sustenta en la baja de las calificaciones crediticias del país de cara a la incertidumbre ante la posible aprobación de la controvertida reforma pensional propuesta por el presidente Jair Bolsonaro.

Y es que en cada nación la tensión financiera se manifiesta de manera distinta. Lo que en Brasil se muestra como una reacción económica a una polémica política, en México se evidencia con la desaceleración del consumo privado y en la poca inversión que reciben los mercados que parecen naufragar en la marea de promesas del mandatario Andrés Manuel López Obrador, que ha sido marcada por el incremento de los costos de endeudamiento y el deterioro de la confianza en los fondos.

En medio de la desconfianza mercantil que reina en México, Argentina refleja una rotunda contracción financiera que, pese a las secuelas que deja en el panorama del país, se registró en un ritmo mucho más lento que el del año pasado.

La crisis humanitaria que vive Venezuela sigue pasándole factura a la nación petrolera con una contracción del 35% en el curso de la que ha sido descrita por expertos como una “implosión económica” que ha obligado a cerca de cuatro millones de ciudadanos a huir en busca de mejores condiciones, evitando las confrontaciones entre el Gobierno de Nicolás Maduro y la oposición.

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