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Túnez: falleció el presidente Béji Caïd Essebsi a los 92 años de edad

El presidente tunecino, Béji Caïd Essebsi, durante una cumbre entre la Liga Árabe y Estados miembros de la Unión Europea, en el balneario del Mar Rojo de Sharm el-Sheikh, Egipto, el 24 de febrero de 2019.
El presidente tunecino, Béji Caïd Essebsi, durante una cumbre entre la Liga Árabe y Estados miembros de la Unión Europea, en el balneario del Mar Rojo de Sharm el-Sheikh, Egipto, el 24 de febrero de 2019. Mohamed Abd El Ghany / Reuters

El primer mandatario elegido mediante un escrutinio libre murió a sus 92 años. Este veterano de la política se enfrentó a los islamistas y trató de estabilizar las instituciones. Su desaparición deja un vacío constitucional sin precedentes.

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Fue internado en cuidados intensivos tras deteriorarse su estado de salud, menos de un mes después de una primera hospitalización crítica. Béji Caïd Essebsi falleció este jueves 25 de julio, antes de que terminara su mandato, que inició en 2014. El presidente de la Asamblea de los Representantes del Pueblo y jefe del partido oficialista, Mohamed Ennaceur, fue designado jefe del Estado interino.

Essebsi era un pedazo vivo de la historia de Túnez. Se graduó de la Facultad de Derecho de París en 1950 y empezó a ejercer como abogado en su país dos años después, el mismo periodo a partir del cual se sumó a la lucha anticolonial. Una implicación que no fue casual, ya que era un cercano de Habib Burguiba, el padre de la independencia tunecina del yugo colonial francés.

Béji Caïd Essebsi, “BCE” como lo apodan en su país, formó parte del primer Gobierno soberano del país como primer ministro, en 1956. El año siguiente, la República fue proclama, el último bey fue derrocado, poniendo fin a la dinastía husaynita que permanecía desde 1705, Burguiba se alzó a la Presidencia y BCE se impuso como un actor clave del nuevo régimen. Ocupó sucesivamente varios ministerios hasta la cartera de Asuntos Exteriores, a partir de 1981.

Un hombre de Estado desde la independencia

Bajo esta función, tuvo que lidiar con varias crisis internacionales, como la llegada masiva de refugiados palestinos, expulsados del Líbano en plena guerra, en 1982, un conflicto que se importó en suelo tunecino cuando Israel bombardeó en el norte del país a la recién reubicada sede de la Organización para la Liberación de Palestina, dejando a decenas de muertos.

En 1987, arguyendo la incapacidad de gobernar de Burguiba debido a su estado de salud, el ministro del Interior, Zine El Abidine Ben Ali, se acaparó de las riendas del poder. En un primer tiempo, BCE se unió a las filas del nuevo mandatario, incluso presidió el Parlamento entre 1990 y 1991.

Sin embargo, terminó apartándose del régimen autoritario de Ben Ali, y no regresó hasta 2011, cuando este cayó por la presión popular,  haciendo estallar la llamada ‘Primavera Árabe’.

Una primavera que finalmente floreció solamente en Túnez, mediante una transición que contó con la participación activa de BCE, visto como un garante de estabilidad y de los ideales de Burguiba.

Un regreso luego de la revolución de 2011

En 2012, fundó su propio partido, Nidaa Tounes, "el llamado de Túnez", que ha buscado desde un principio defender la visión de un Estado secular ante la crecida de influencia de los islamistas en el periodo posrevolución. De hecho, las primeras elecciones libres, organizadas pocas semanas después de la fuga de Ben Ali, los islamoconservadores de Ennahda, el "Renacimiento", dominaron las votaciones.

En medio de las tensiones entre liberales, religiosos y laicos, esta Asamblea constituyente sacó adelante la más moderna ley fundamental que cuenta el mundo árabe. Una Constitución de compromisos entre las partes que reconoce la libertad de conciencia a la vez que erige el Islam como religión oficial, un equilibrio promovido por BCE.

En 2014, en las legislativas, Nidaa Tounes se alzó como primera fuerza de Túnez, y Essebsi terminó siendo, unos meses después, el primer presidente democráticamente elegido del país.

Una de los principales retos de BCE fue lidiar con la amenaza terrorista. En 2015, tres ataques sangrientos golpearon al país, dejando decenas de muertos, principalmente turistas. El mandatario trató tanto de incrementar la eficacia de sus fuerzas de seguridad como la de sus servicios de inteligencia, hasta lograr frenar el fenómeno. Una tarea difícil para un pequeño país vecino de una Libia en plena convulsión.

El mismo día de su fallecimiento, este 25 de julio, es tradición en Túnez para el presidente pronunciar un discurso en ocasión de la abolición de la monarquía, ocurrida hace 62 años.

Las elecciones previstas en octubre y noviembre deberán ahora ser adelantadas, ya que el mandatario interino, Mohamed Ennaceur, tiene solo 90 días de ejercicio de poder previsto por la Constitución.

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