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En foco

¿Transformación urbana de Beijing o expulsión masiva del migrante obrero?

Beijing es la capital de los contrastes. A causa del rápido desarrollo conviven en la ciudad realidades totalmente distintas: barrios modernos con luminosos rascacielos y al lado, barrios enteros de casas sencillas que han construido sin permiso. Siendo ahora China la segunda potencia mundial, Beijing no quiere ser una ciudad desordenada. Reportaje de Olatz Urkia.

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Beijing ya no quiere ser la ciudad caótica que era. Siendo China la segunda potencia mundial, las autoridades quieren mejorar la imagen de la capital.

A raíz de un incendio a finales del 2018 en el barrio Daxing, a las afueras de la capital, el Gobierno puso en marcha una campaña de desalojos derribando barrios enteros cuyos edificios no cumplían las medidas de seguridad. Decenas de miles de obreros migrantes tuvieron que desalojar sus casas en menos de una semana. Muchos denuncian que la seguridad de las viviendas es solo una excusa del Gobierno para una campaña xenófoba y así librarse de los migrantes de clase baja.

En las afueras de Beijing, el barrio Daxing es ahora un barrio fantasma. Donde antes había casas quedan redes de plástico verde que cubren los ladrillos rotos. Las zonas de edificios destruidos han sido tapiadas y tienen en cada entrada a un guardia de seguridad que por un sueldo mínimo se ocupa de echar a los migrantes que insisten en quedarse donde antes estaba su casa. El señor Wang es uno de ellos, con su uniforme azul claro pasa horas vigilando la entrada. Él es también un migrante pobre de Anhui. Como muchos otros, no tiene críticas contra el Gobierno, opina que para los migrantes que vivían en construcciones ilegales, es mejor renunciar al sueño de construir una vida en la capital y volver a sus pueblos natales.

Son cientos de miles los migrantes que, con la esperanza de dar un futuro mejor a sus hijos, han viajado a Beijing en las dos últimas décadas. Pero cada vez más están teniendo que volver a las zonas rurales, la vida en la capital es dura. A pesar de que la capital ha crecido en gran parte gracias a la mano de obra barata de las provincias rurales, no ofrece a los migrantes una vida estable.

El empadronamiento en China se conoce como "hukou", pero es mucho más que eso, es casi como un pasaporte. Muy difícil de conseguir para los migrantes y sin el cual no se tiene acceso ni a la educación ni a la sanidad públicas.

Las brechas económicas se suman a la creciente xenofobia entre los locales

En los suburbios de la capital se encuentra la única escuela privada que acepta a los hijos de los migrantes más pobres. Es una escuela humilde creada por una pareja de migrantes que, a cambio de 600 dólares estadounidenses al año, proporciona a los niños educación primaria y comidas de lunes a viernes.

Es un gasto grande para los padres que ganan de media 300 dólares al mes, pero como pueden salen adelante, con la esperanza de que sus hijos algún día podrán integrarse realmente en la capital.

Por ahora es difícil, en parte también por una xenofobia creciente entre los locales de avanzada edad. Los que nacieron en la zona más cara de Beijing, en la parte antigua conocida como zona de hutongs, se quejan de que con la llegada de los migrantes la capital se ha vuelto más desordenada. Los más jóvenes empatizan más con los migrantes y defienden que son ellos los que se ocupan de los trabajos que los de clase media no quieren hacer: los limpiadores, los obreros, los mensajeros… todos son migrantes.

Por ejemplo, Xiaohua es una obrera de la provincia sureña de Sichuan que limpia a diario finos ladrillos grises de construcción al estilo chino. Sentada en el suelo con un casco amarillo pasa las horas desde las seis de la mañana hasta las siete de la noche y como muchos otros vive en Beijing para poder enviar dinero mensualmente a su marido e hijo, que ganan 200 y 300 dólares al mes en su ciudad natal. Ella no se queja, se alegra de poder tener trabajo en la capital.

Todavía quedan muchos migrantes en Beijing y es que la capital sigue necesitando la mano de obra barata de provincias, pero muchos se lamentan por que Beijing no les da la calidad de vida que merecen y no se sienten seguros, piensan que en cualquier momento pueden ser también víctimas de otra campaña de desalojos masivos.

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