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En medio del silencio europeo, varias ONG rescataron a 400 migrantes en el Mediterráneo

Migrantes sudaneses sentados en el suelo, mientras esperan ser deportados a su país, en el Aeropuerto Internacional de Benina. en Bengasi, Libia, el 8 de agosto de 2019.
Migrantes sudaneses sentados en el suelo, mientras esperan ser deportados a su país, en el Aeropuerto Internacional de Benina. en Bengasi, Libia, el 8 de agosto de 2019. Esam Omran Al-Fetori / Reuters

El Open Arms y el Ocean Viking están en alta mar para tratar de impedir naufragios. Los barcos realizaron tres rescates en tres días y ningún país se ha pronunciado sobre una eventual acogida, salvo Italia, que ya lo rechazó.

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“Golpe tras golpe, ellos no nos quieren”, relató Bintu, de 28 años, con su hijo en los brazos, a Anne Chaon, periodista de la AFP que se encuentra a bordo del Ocean Viking. “Hacía mucho tiempo que no había dormido tan bien, sin miedo, sin disparos”, dijo la joven madre.

Bintu es costamarfileña y forma parte de los 251 rescatados por el barco de  Médicos Sin Fronteras (MSF) y S.O.S Méditerranée. Le resulta mucho menos molesto estar sin solución en medio del mar que estar un día más en Libia, un país arrasado por la guerra.

“Preferimos morir en el mar en lugar de regresar a Libia”, afirmó, “te agarran donde sea y te echan a la cárcel”, refiriéndose a los centros de retención de migrantes libios, donde la violencia y maltrato por parte de los guardias locales son el pan de cada día, según describió.

El 3 de julio, unas bombas cayeron sobre el lugar donde se encontraba recluida. “El edificio fue afectado, nos escapamos pisando cadáveres. Los guardias nos dispararon”, contó Bintu.

Sobrevivir a la travesía migratoria: la historia de Bintu

Luego de esconderse en la casa de un sudanés, embarcó junto a otras 85 personas en una precaria lancha. Era su segundo intento. En mayo, las autoridades costeras de Libia la devolvieron. Al ver el Ocean Viking acercarse, tras tres días en el mar, ella y sus compañeros de deriva se asustaron e intentaron huir: “pensamos que eran los guardacostas libios” quienes “esconden su bandera y hablan inglés para engañarnos”, explicó.

La historia de Bintu, es una entre miles. Huyó en marzo de Costa de Marfil de un esposo violento con el cual fue obligada a casarse a sus 16 años. Dejó a sus cuatro hijos mayores en su país, pero se fue con Mohamed, de tres años, y Usman, de un año, rumbo a Libia con la esperanza de ser contratada como ama de casa por una familia adinerada, al igual que muchas mujeres de África occidental.

Fue una travesía de 90 días por Mali, Níger, Argelia, en bus, a pie, con su bebe sobre la espalda. Hasta llegar a Libia, “cruzamos la frontera a cuatro patas, a veces incluso arrastrándonos por el suelo”. Bintu no sabe qué va a suceder con ella, donde la va a dejar el Ocean Viking, ni que hará de su vida y de la de sus crías, pero al menos ya está lejos de Trípoli, el infierno de los migrantes, pero la apuesta de los europeos para frenar los flujos de exiliados.

Centenares de migrantes rescatados del mar sin solución

"Las personas rescatadas sufren de deshidratación y muchas tienen sarna", explicó un miembro de la tripulación del barco de MSF, que busca ahora donde desembarcar a todas estas personas, en riesgo de muerte.

"Estas embarcaciones están hechas a mano por contrabandistas que ensamblan unas pocas piezas de goma juntas, jamás obtendrían la certificación para transportar pasajeros", explicó otro, "somos los únicos en la zona, los guardacostas libios no contestan."

Por su parte, la ONG española Open Arms cubre otro sector, y ya socorrió a 160, lo que lleva a 401 el número de migrantes recuperados en el Mediterráneo desde el viernes. “Mejor pagar multas que ser cómplices”, dijo Oscar Camps, director de esta organización, refiriéndose a las medidas que prevé interponer el ultraderechista ministro italiano, Matteo Salvini .

Oscar Camps denunció también que la mayoría de los rescatados llevan más de 10 días a bordo, por falta de solución, en medio de la “canícula de agosto”. “Vergüenza para ti, Europa”, aseveró.

Quizás ocupados en aprovechar de sus vacaciones, ningún país de la Unión Europea se ha expresado al respecto de estos migrantes sin destino. Aparte de Salvini. El ministro italiano del Interior arranca su campaña para tratar de gobernar el país solo, tras hacer caer su coalición, y repite a gusto, a modo de lema, que “los puertos están cerrados” a los barcos humanitarios.

Con AFP y EFE

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