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La incertidumbre se apodera de los argentinos ante nueva ola inflacionaria

Un cliente camina afuera de una verdulería en Buenos Aires, Argentina, el 14 de agosto de 2019.
Un cliente camina afuera de una verdulería en Buenos Aires, Argentina, el 14 de agosto de 2019. Agustin Marcarian / Reuters

Algo de calma llegó a los mercados luego de que el presidente Mauricio Macri y quien lo derrotó en las primarias del 11 de agosto, Alberto Fernández, hablaran; pero la población aún no pierde el temor ante la incertidumbre que se apoderó del país.

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El pasado miércoles 14 de agosto, el presidente Mauricio Macri anunció que había hablado con Alberto Fernández, quien tiene a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner como compañera de fórmula.

Macri escribió en Twitter: "Él se comprometió a colaborar en todo lo posible para que este proceso electoral, y la incertidumbre política que genera, afecte lo menos posible a la economía de los argentinos".

Por su parte, Fernández, aunque aclaró que tiene una idea de país diferente a la del presidente, dijo en conferencia de prensa: "Le manifesté mi voluntad de ayudarlo en lo que estuviera a mi alcance".

Ese acercamiento llevó cierta calma, al menos por ahora, a los mercados.

El precio del dólar retrocedió por debajo de los 60 pesos, luego de haber superado los 62; la bolsa recuperó algo de valor; y lo mismo ocurrió con los bonos argentinos.

"Tengo miedo a que vengan cosas feas, no llegar a poder pagar el alquiler"

Pero en la economía cotidiana de los argentinos ya se desató el impacto del cimbronazo del lunes y todavía no se ha detenido.

Se frenaron operaciones inmobiliarias, como ventas y alquileres; los mayoristas y distribuidores bien decidieron suspender despachos por no saber qué precios fijar o aplicaron importantes aumentos.

La inflación empieza a impactar en la población, también el temor a un escenario aún abierto.

Una panadería que vende en una de las ferias de alimentos de la Ciudad de Buenos Aires aumentó el precio de sus productos; unos panes pasaron de 110 a 120 pesos el kilo, una proporción menor que el aumento de la bolsa de harina que sufrió la planificadora, que pasó de 1.000 a 1.400 pesos (el trigo es exportable y por lo tanto sigue más de cerca los vaivenes del dólar).

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Pero los aumentos no son nuevos: en los últimos 12 meses la inflación ha sido de más del 54%.

"A mí me aumentó el alquiler antes de que pasara esto", le dijo a France 24 Doris, de 34 años, que atiende la panadería de la feria.

Pero el nuevo sacudón profundizó su preocupación: "Tengo miedo a que vengan cosas feas, no llegar a poder pagar el alquiler y que me echen de mi casa".

Mariana, una empresaria de 30 años, debió cerrar uno de sus dos locales aún antes de la debacle del lunes, por la situación de crisis que ya afectaba al país.

Ahora se acentuó su preocupación: "La realidad es que estoy muy muy preocupada, tengo 32 personas a mi cargo, realmente no sé lo que va a pasar".

El fantasma de 2001 y el corralito está presente

Y Gabriel, un abogado de 58 años, recuerda que este tipo de situaciones son recurrentes en el país. Sobre la actual dijo: "Por el momento no es tan salvaje como la de 2001".

Y aunque las condiciones económicas, financieras y sociales de hoy no son comparables a las de entonces, el fantasma de lo ocurrido sigue presente.

El recuerdo de un corralito bancario por el que los ahorristas no podían disponer de sus depósitos, llevó a algunos a retirar dólares del sistema bancario y llevarlos a sus casas o ponerlos en cajas de seguridad.

Otros decidieron asegurar provisiones y apuraron una visita al supermercado, comprando en cantidad, para acumular productos y protegerse de los aumentos que se esperan.

Paradójicamente, la inflación de julio, la más baja en más de un año, fue del 2,2%, según informó el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos).

Pero todos saben que esa tendencia no se mantendrá, sino que la suba de precios volverá a acelerarse.

Para intentar contener el impacto que esto puede causar, el presidents anunció el jueves que se eliminará temporalmente el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a un grupo de productos de la canasta básica, lo que se suma a otras medidas ya anunciadas, como el congelamiento por 90 días del precio de los combustibles.

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