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"Fue el final del mundo tal como lo conocíamos", recuerda líder que abrió la Cortina de Hierro

Varios graffitis se ven sobre el Muro de Berlín, en el lado oeste de la ciudad el 29 de abril de 1984.
Varios graffitis se ven sobre el Muro de Berlín, en el lado oeste de la ciudad el 29 de abril de 1984. Joel Robine / AFP

Después de la Segunda Guerra Mundial Europa se dividió en dos bloques. Mientras el aniversario 30 de la caída del Muro de Berlín se acerca, el exprimer ministro húngaro revela detalles de su desmantelamiento, iniciado en 1989.

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"Desde Stettin en el Báltico hasta el Trieste en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido por todo el continente". Esta fórmula metafórica, pronunciada en 1946 por Winston Churchill, simboliza la línea que divide los Estados de Europa occidental y el bloque oriental.

Diseñada por los líderes soviéticos para contrarrestar la ideología occidental, esta cortina de hierro también tuvo una realidad material. Alambre de púas, zanjas, alarmas eléctricas, instalaciones automáticas de disparos y minas: todo para evitar que los ciudadanos escaparan hacia el occidente.

Su expresión más radical es el Muro de Berlín. Cuando cayó en 1989, la Cortina de Hierro se derrumbó con él. Pero su desmantelamiento comenzó en Hungría. En mayo de 1989, el jefe del Gobierno húngaro tomó una decisión sin precedentes: abrir la frontera entre su país y Austria, permitiendo que miles de alemanes orientales cruzaran hacia occidente. Esto marcó el comienzo de la caída de la Cortina de Hierro hace treinta años.

"Modernizar, reconstruir completamente, o desmantelar" la frontera material con Austria

"Nadie pensó que iba a ser tan rápido". El exprimer ministro reformista húngaro Miklos Németh tomó esta decisión en estrecha colaboración con el líder soviético Mijaíl Gorbachov y el canciller alemán Helmut Kohl.

A partir de la primavera de 1989 empezaron las obras que precipitaron el final del bloque comunista. "La alambrada era vieja y obsoleta. Los guardias fronterizos nos pidieron decidir sobre su suerte, proponiéndonos tres opciones: modernizar, reconstruir completamente o desmantelar repensando de manera total la vigilancia de las fronteras".

Pero una demolición-reconstrucción habría costado una fortuna y Hungría no tenía dinero para eso. "Era también una cuestión de principios. Esa alambrada era un anacronismo. Nos interesaba, además, a nosotros los países reformistas -Hungría y Polonia-, debilitar los regímenes comunistas ortodoxos".

Y así empezó. El 2 de mayo de 1989, un grupo de guardias fronterizos húngaros, equipados con palancas y pinzas, cortaron el alambre y los cables eléctricos de la carretera entre Budapest y Viena que marcaban la frontera con Austria. Este sería el primer corte en la Cortina de Hierro.

El guiño histórico de Mijaíl Gorbachov

Los otros países comunistas no tardaron en reaccionar. El dirigente de Alemania Oriental, Erich Honecker vio de inmediato que pasaba algo y exigió una intervención de los soviéticos. Bulgaria, Checoslovaquia y Rumania también protestaron.

"Pero yo sabía que Gorbachov (jefe de Estado de la Unión Soviética de 1988 a 1991) no intervendría. Durante una reunión del Pacto de Varsovia, a finales de julio, pidieron una sesión extraordinaria para ver cómo 'ayudarnos', porque el proletariado internacional y el marxismo-leninismo estaban en ruinas en nuestros países. Estaba sentado frente a Gorbachov y jamás olvidaré cómo me guiñó el ojo, algo que además captaron las cámaras".

A partir de este momento, las cosas se aceleraron. Cuando el ministro de Relaciones Exteriores austriaco, Alois Mock, propuso una ceremonia simbólica de corte de la alambrada en la frontera, ya no existía más alambrada. "¡Tuvimos que reconstruir la Cortina de Hierro! No la verdadera, claro, solo 200, 300 metros de reja metálica", recuerda Miklos Németh.

"Era el final del mundo tal como lo conocíamos"

Muy rápidamente, los alemanes del este comenzaron a ir en masa al oeste. El 19 de agosto, más de 600 alemanes del este, de vacaciones en Hungría, aprovecharon la apertura de un paso fronterizo con Austria para huir hacia occidente. "A principios de agosto eran 10.000, 20.000. Luego 40.000, 45.000. Todo el mundo había decidido no volver a Alemania Oriental. Y sabían que no los expulsaríamos", recuerda.

Los regímenes comunistas de Europa del Este comenzaron a caer y la URSS, entonces dirigida por Mijaíl Gorbachov, no intervino. "Todo el mundo estaba aterrado. Yo también tenía miedo de un posible giro de 180 grados de Moscú. Era claro que nos acercábamos a un momento histórico y que el mundo estaba a punto de dar un vuelco dramático. Era el final del mundo tal como lo conocíamos"

Hace 30 años empezó el fin del bloque comunista

El 9 de noviembre, cuando se le preguntó sobre la fecha de entrada en vigor de los nuevos derechos de tráfico para los alemanes orientales, un alto funcionario de Alemania del Este no supo qué decir: "Por lo que sé, inmediatamente".

Su respuesta provocó la afluencia de miles de berlineses orientales a los puestos de control, donde cuyos guardias desorientados finalmente levantaron las barreras.

"No puedo creer que hubiera alguien que previera que dos o tres meses más tarde caería el Muro de Berlín. Es imposible. Nadie pensó que iba a ser tan rápido".

Durante esta noche de noviembre, los berlineses celebraron el acontecimiento y empezaron a destruir el muro con picos. Los dos años siguientes, la URSS implosionó. "Nosotros, los húngaros, tuvimos el papel que había previsto el destino", finaliza.

Con AFP

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