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La cartera que da vida a una aldea siberiana a bordo de un camión monstruo

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Pikhtovoye (Russie) (AFP)

Solo otras cinco personas viven en Pikhtovoyé, la aldea rusa de la cartera Galina Ermolova aislada del mundo por la densa taiga y un pantano. Y una de ellas es su marido.

Una vez por semana, Galina se sube al 4x4 y cruza los bosques siberianos para ir a la oficina de correo más cercana con el objetivo de recoger las cartas, cobrar las pensiones y hacer las compras para sus vecinos.

"Estábamos acostumbrados a ir en tractor. Tardábamos tres horas para un trayecto de 16 kilómetros", cuenta esta mujer que vive en Pikhtovoyé con su marido.

Su vida cambió hace unos meses. Su hijo les regaló un todoterreno transformado por un amigo en un "camión monstruo" de competición con ruedas gigantescas. Ahora cruza la vegetación sin miedo a los enormes charcos de lodo.

Con su marido al volante, Galina tarda una hora en llegar a Imchegal, una localidad de 100 habitantes.

Las vacas vagan por los alrededores de la oficina de correos, uno de los pocos edificios de esta aldea de isbas de madera. En este local, que también hace las veces de tienda, Galina compra azúcar, detergente o champú para sus vecinos.

En los años 1980, unas 450 personas vivían en Pikhtovoyé, situada a unos 300 km al norte de Omsk, la principal ciudad de esta región de Siberia occidental.

Pero el colegio cerró en la década de los 90 y los más jóvenes se fueron.

Galina trabajó sucesivamente como profesora, bibliotecaria y vendedora. "Cuando todos estos oficios dejaron de existir tuve que pasar a la oficina de correos", explica.

Galina y su marido, que trabaja en la industria forestal, son los únicos habitantes de Pikhtovoyé con un empleo: "Sólo somos seis. A mí este trabajo me sirve para poder hablar con gente".

Para sus vecinos Galina Ermolova es mucho más que una cartera. Además de las cartas y los víveres les trae algo primordial: noticias de lo que pasa en los alrededores.

"Galia (diminutivo de Galina) se informa sobre las noticias de las aldeas cercanas, de lo que ha ocurrido", precisa Vladimir Negoyev, de 58 años, con un cigarrillo en la mano. "¿Cómo nos íbamos a enterar si no? Tenemos televisión con 120 cadenas, pero ¿cómo íbamos a estar al tanto de lo que sucede por aquí?"

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