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Evelyn Hernández reclama un aborto despenalizado en El Salvador

Evelyn Hernández se dirige a la prensa nacional e internacional en una rueda de prensa celebrada dos días después de su absolución tras abortar.
Evelyn Hernández se dirige a la prensa nacional e internacional en una rueda de prensa celebrada dos días después de su absolución tras abortar. José Cabezas / Reuters

La joven, condenada a treinta años de prisión, y después absuelta por un supuesto aborto tras sufrir una violación, reclamó la necesidad de regular el aborto en uno de los países más conservadores de Latinoamérica.

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Evelyn Hernández se dirigió a la clase política para pedir que abortar no sea castigado por el código penal de El Salvador. Este país centroamericano tiene una de las legislaciones más conservadoras sobre el aborto. Esta chica de 21 años la sufrió durante tres años, tras ser condenada a 30 años de cárcel por dar a luz a un bebé sin vida tras un embarazo causado por una violación por parte de un pandillero.

Pero el lunes 19 de agosto la historia de El Salvador cambió cuando en una repetición de su juicio, el magistrado decidió absolverla de todos los cargos y la puso en libertad. Esta noticia fue recibida como una victoria por ONG y asociaciones de mujeres de todo el mundo.

Pero también puso el foco en las leyes salvadoreñas, que casi resultan anacrónicas, porque prohíben el aborto en todas las situaciones, incluidas el peligro de muerte para la madre, malformación del feto o la violación.

"Ahora con mi libertad siento que he revivido y mis planes son seguir estudiando y seguir ayudando a mis compañeras que aún están en la cárcel para que ellas también tengan justicia", expresó la salvadoreña que vive en una zona rural del municipio de El Carmen, en el central departamento de Cuscatlán.

Una mujer sostiene un cartel que reza "libertad, justicia y reparación" durante las protestas en apoyo de Evelyn Hernández el pasado lunes 19 de agosto.
Una mujer sostiene un cartel que reza "libertad, justicia y reparación" durante las protestas en apoyo de Evelyn Hernández el pasado lunes 19 de agosto. José Cabezas / Reuters

En abril de 2016, Hernández fue encontrada en el piso de su baño empapada en sangre. Su madre y un vecino decidieron llevarla al hospital y allí los médicos observaron que había signos evidentes de parto, pero que el feto no estaba, por lo que denunciaron a la joven. Cuando la Policía entró a su apartamento descubrieron que el feto estaba muerto y ahí empezaron los problemas de Hernández.

La joven aprovechó la oportunidad para pedir al presidente, Nayib Bukele, que apoye la despenalización el aborto y a la Asamblea Legislativa que analice un anteproyecto de ley, presentado por diversas organizaciones sociales, que busca reformar el Código Penal para permitir la interrupción del embarazo en cuatro causas.

"Yo quisiera que Bukele viera como nos discriminan. Siento que él debe de apoyarnos, para que se despenalizara el aborto y llamo a la Asamblea Legislativa a que analice las cuatro causales", apuntó. Hernández señalo que sus 33 meses en prisión fueron “extremadamente duros” por las constantes vejaciones que sufría por supuestamente abortar.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, apenas lleva dos meses y medio en el cargo, pero durante su campaña dijo que estaba a favor del aborto legal en casos donde la vida de la madre está en riesgo, una posición que representó un cambio significativo para la política del aborto en el país abrumadoramente católico y evangélico.

Sin embargo, los legisladores aún tienen que aceptar una propuesta presentada al Congreso en 2016 que legalizaría el aborto en casos de embarazos de alto riesgo o violación.

El Salvador es ya casi más evangelista que católico

Una razón por la cual El Salvador tiene una legislación tan restrictiva con respecto al aborto es el poder de la Iglesia evangélica en el país. Los datos en los últimos años del Gobierno señalan que aproximadamente el 40% de la población del país sigue los dogmas evangélicos, concretamente los de la rama pentecostal. Mientras que solo el 55% se sigue declarando católica.

Estas cifras contrastan con los datos recogidos hace 20 años, donde el catolicismo era la religión predominante. Pero es un fenómeno que sucede en toda Latinoamérica, pero que toma especial relevancia en países de Centroamérica como Guatemala, Honduras o Costa Rica.

Con posiciones muy radicales anti-abortistas, rechazo de los matrimonios del mismo sexo y postulados muy tradicionales, estos dogmas han logrado penetrar en la política. Algunos ejemplos son el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, la llegada a la segunda ronda de las elecciones de Costa Rica de Fabricio Alvarado.

Según el Pew Research Center, en 1970 apenas el 4% de la población latinoamericana era evangelista, pero ahora hasta el 20% se definen seguidores de esta rama del cristianismo.

 

Con EFE y Reuters

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