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¿Por qué se quema la Amazonía?

Incendio en la Amazonía brasileña, cerca de Humaita, el 22 de agosto de 2019.
Incendio en la Amazonía brasileña, cerca de Humaita, el 22 de agosto de 2019. Ueslei Marcelino / Reuters

Entre los expertos hay unanimidad sobre la causa por la que la selva tropical arde con tanta virulencia: el aumento de la deforestación.

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La Amazonía brasileña arde ante los ojos atónitos e impotentes del planeta. Se trata de una de las peores oleadas de incendios de la historia. Desde el 1 de enero de 2019, Brasil ha contabilizado más de 74.000 focos de fuego, lo que supone un aumento del 84 % con respecto al mismo periodo del año anterior. Son datos del Programa de Incendios del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) en Brasil, que contabiliza estos fenómenos desde 2013.

El 56,2 % de los focos están localizados en la Amazonía, con el estado de Mato Grosso a la cabeza. Estas cifras revelan un incremento del 60 % con respecto a la media de los últimos tres años. Entre los expertos hay unanimidad sobre la causa por la que la selva tropical arde con tanta virulencia: el aumento de la deforestación.Según el centro de investigación Imazon, en julio de 2019 la destrucción de las masas forestales creció un 66 %. Ya el INPE, que usa otra metodología, apuntó a un alza del 276 % en el mismo mes.

Cabe recordar que a principios de agosto el director de este organismo, Ricardo Galvão, fue relevado de su cargo. Ocurrió después de un enfrentamiento con el presidente Jair Bolsonaro y tras divulgar datos sobre la deforestación que contradecían el discurso oficial del Gobieno, que niega la existencia de una crisis. El despido fue noticiado por muchos medios de comunicación brasileños como un caso de censura.

Los datos recabados por la agencia espacial de Brasil revelan una deforestación de 4.565 kilómetros cuadrados, lo que supone un 15 % más de destrucción respecto al año anterior. La información recogida por los satélites no deja lugar a dudas: cada minuto desaparece una superficie de selva equivalente a un campo de fútbol. Hasta julio, se habían deforestado 2.255 kilómetros cuadrados, un 278 % más que en el mismo periodo del año anterior, según el INPE.

No solo la deforestación alimenta los incendios, también la mano del hombre

Decir que la proliferación de los incendios tiene su origen en la deforestación no es suficiente para explicar lo que está aconteciendo en la Amazonía. El fuego es usado tradicionalmente en esta región para limpiar grandes áreas y posteriormente destinarlas a la agricultura y al pasto. Al mismo tiempo, los campesinos dueños de pequeños lotes de tierra también queman la vegetación para preparar el suelo para la siembra.

“Los incendios tienen siempre un origen humano. El fuego es utilizado para limpiar zonas que ya han sido deforestadas, para abrir pistas o para preparar tierras para la agricultura”, confirma Paulo Moutinho, investigador en el Instituto de Investigación Medioambiental sobre la Amazonia (IPAM).“Muchas veces, la falta de prevención hace que esos incendios se propaguen a zonas que no estaba previsto quemar y el fuego solo se frena por la lluvia o al encontrar barreras de vegetación más densas y más húmedas”, añade.

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Sin embargo, en condiciones de sequía y de vientos contrarios, pueden perder el control de estos fuegos controlados. Entonces, incendios de grandes proporciones arrasan enormes porciones de selva. Es lo que ocurrió en 2015, cuando solo en el estado de Amazonas se registraron más de 15.000 focos, un 268 % más que la media anual registrada desde 1998. 2015 fue un año especialmente seco, que proporcionó las condiciones propicias para la propagación del fuego. El INPE llegó a contabilizar 10.000 ocurrencias por día.

De hecho, el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, atribuyó el excepcional número de incendios de este año a la sequía. Sin embargo, los expertos aseguran que esta no puede ser la explicación para el fenómeno que se está produciendo ahora en la Amazonía. “Este año no tenemos una sequía extrema, como en 2015 y 2016. En 2017 y 2018 tuvimos un periodo de lluvias suficientes. En 2019 no tenemos eventos climáticos que provocan sequías, como El Niño, o por lo menos no están aconteciendo con intensidad. No se puede usar el clima para explicar este aumento de los incendios”, señala la directora de ciencia del Ipam, Ane Alencar.

El desmantelamiento de los órganos de fiscalización ambiental

Otra razón de peso para explicar el desastre ambiental que está calcinando la selva es la merma que a lo largo de este año han sufridos los órganos de fiscalización como el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) y el Instituto Chico Mendes (ICMBio). Desde que Bolsonaro llegó al Gobierno, se ha producido un desmonte sistemáticos de estos organismos, con despidos forzosos y una prohibición tajante de hablar con los medios de comunicación nacionales y extranjeros. El ICMBio incluso pasó a depender de mandos militares.

Están faltando fiscales y los que sobraron se sienten perseguidos”, afirma el coordinador de Políticas Públicas de Greenpeace, Márcio Astrini. Según sus estimaciones, se ha producido una reducción del 30 % a de las operaciones de combate a la deforestación realizadas por el Ibama y una reducción del 65 % de las multas. “Es un mensaje del Gobierno a los colectivos que practican la deforestación, que por eso se están sintiendo empoderados”, añade.

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Jair Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales con el apoyo del lobby agrario y para muchos representantes de la oposición, los incendios en la Amazonía serían el resultado directo de su visión desarrollista y su falta de interés por las cuestiones medioambientales. El ministro Ricardo Salles llegó a afirmar recientemente que la Amazonía precisa “soluciones capitalistas”. Por su parte, el presidente ha culpado a las ONGs de estar detrás de estos incendios, sin aportar pruebas.

“¿Son los indígenas? ¿Quieren que culpe a los indígenas? ¿Mañana van a escribir que fueron los indígenas? ¿Quieren que culpe a los marcianos? Por lo que entiendo, (los incendios) son un indicio fortísimo de que esta gente de las ONGs perdió su sustento. Es simple”, dijo a los periodistas que le preguntaron sobre la emergencia en la Amazonía. Sobre una posible responsabilidad de los granjeros señaló: “puede ser. Todo el mundo es sospechoso, pero las mayores sospechas vienen de las ONGs”.

¿Los incendios fueron peores en gobiernos anteriores?

Los datos históricos demuestran que hubo épocas bastante peores en la región de la Amazonía en Brasil. Los años más críticos fueron 2002, 2004, 2007 y 2010, durante la época en la que gobernaba Luiz Inácio Lula da Silva. En 2004 se llegaron a detectar 270.295 focos de fuego. La película ‘La década de la destrucción’ muestra que la deforestación masiva comenzó en los años 80 del siglo pasado, cuando campesinos sin tierra procedentes del estado de Mato Grosso y de otras regiones del sur del país obtuvieron del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) 40 hectáreas de tierra para deforestar y plantar. Los títulos definitivos de propiedad eran entregados solo después de la deforestación de la tierra concedida.

Atrás de ellos iban los madereiros, que recogían la madera noble mientras los campesinos quemaban el bosque para crear pasto y tierras cultivables. Fue la década en la que se quemó gran parte de la floresta del estado de Rondonia.

Poco a poco, campesinos y empresarios de la madera fueron colonizando otros Estados de la región, como Pará y Amazonas. De hecho, en Brasil se llegó a llamar a este fenómeno de “rondonización” de la Amazonía. El número de colonos sin tierra que migraban hacia el norte pasó de 20.000 a una media de casi 200.000 por año.

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Entre 2005 y 2015, Brasil consiguió reducir la deforestación un 78 %. Tras un periodo de impasse, la destrucción de la selva tropical volvió a crecer bajo el mandato de Michel Temer, que reemplazó a Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, tras el impeachment de 2016.

Activistas ambientales denuncian ahora que el apoyo incondicional de Jair Bolsonaro al poderoso sector agrícola equivale a una carta blanca para los enemigos de la selva, que se sienten blindados por una sensación de impunidad. “Este Gobierno es suyo”, dijo el presidente a principios de julio en un desayuno realizando con diputados del Frente Parlamentario Agropecuario.

La destrucción masiva de la selva tropical más grande del planeta es un problema recurrente y estructural que ha empeorado en la era Bolsonaro, en el que creció la ocupación ilegal de tierras y su deforestación con el fin de especular y venderlas. Frente a esta situación, el Observatorio del Clima, una coalición de 50 ONGs brasileñas que promueven acciones contra el cambio climático, ha publicado un comunicado en el que denuncia que “el récord de incendios refleja la irresponsabilidad de Bolsonaro”.

"La selva podría convertirse en una sabana seca inhabitable"

Activistas medioambientales y organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) alertan de que si la Amazonía alcanza un punto de no retorno, la selva podría convertirse en una sabana seca inhabitable para muchos de sus animales autóctonos. Si eso ocurriese, en vez de ser una fuente de oxígeno, la Amazonía podría comenzar a emitir carbono, lo que la convertiría en el mayor impulsor del cambio climático en el mundo.

El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó que está profundamente preocupado con los incendios forestales en la Amazonía y destacó que no podemos permitirnos más daños en una de las mayores fuentes de oxígeno y de biodiversidad.

Por su parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, tildó la situación de “crisis internacional” y de “emergencia”, y sugirió que la cúpula del G-7 precisa debatir sobre los incendios y el futuro de la Amazonía. Mientras tanto, Noruega y Alemania han revocado las donaciones de equivalentes a 74 millones de dólares para el Fondo Amazonia de Brasil, responsable de preservar el bioma nativo de la región. Es la respuesta de ambos países al discurso beligerante de Bolsonaro.

“De forma plural y superpartidaria, sin ningún tipo de interés político, es preciso decir basta a la invasión y al robo de tierras públicas, al robo de madera, al corte y quema de árboles, a la violencia contra los indígenas y los pueblos locales, a los daños económicos, políticos y sociales que ya estamos sufriendo, dentro y fuera de Brasil. La Amazonía está siendo quemada por una mezcla de ignorancia con intereses truculentos.

El Gobierno está inaugurando un periodo "libre de delincuencia", en que se puede agredir la naturaleza y las comunidades sin recelo de ser punidos. No ignoremos este presagio, como en el pasado, pues lo que amenaza de acontecer de nuevo es, tanto por el resultado, “todo quemado”, cuanto por el carácter sistemático da destruición, la tragedia de las tragedias: el Holocausto”, escribe Marina Silva, ex ministra de Medio Ambiente en la época de Lula y candidata a las elecciones presidenciales el año pasado.

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