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A propósito de Groenlandia, ¿entró Estados Unidos en la carrera por el Ártico?

Un helicóptero del rompehielos sueco Oden aterriza en un témpano de hielo en el Ártico canadiense, el pasado 25 de julio de 2019.
Un helicóptero del rompehielos sueco Oden aterriza en un témpano de hielo en el Ártico canadiense, el pasado 25 de julio de 2019. Inner Space Center / vía Reuters

Donald Trump intentó, al tratar de comprar Groenlandia, ganar influencia en una zona clave en las próximas décadas por los recursos naturales que alberga y por las nuevas rutas comerciales que posibilite el deshielo... Pero Rusia lleva la ventaja.

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Donald Trump quiere comprar Groenlandia. El movimiento geoestratégico planteado por el mandatario sorprendió a muchos, en lo que pareció una maniobra de distracción del líder republicano. Pero oculta la intención de tener más presencia en una región que en el futuro será clave a la hora de explotar recursos estratégicos y controlar rutas comerciales.

El progresivo deshielo del océano Ártico parece que será difícil de revertir en las próximas décadas. Esto, además de provocar un desastre ecológico y medioambiental, cambiará una región que, hasta el momento, cuenta con zonas prácticamente inexpugnables y, desde luego, no rentables económicamente.

Los países directamente implicados sobre lo que ocurra en el Ártico son cinco. Rusia es la gran potencia porque es el Estado que más terreno tiene limitando con el norte; después iría Canadá gracias a su límite continental y una serie de archipiélagos; Dinamarca, por su soberanía en la isla de Groenlandia; Estados Unidos tiene derechos en la zona por Alaska y, por último, Noruega y su potestad sobre el archipiélago de Svalbard.

Estados Unidos, por tanto, sabe que tiene una posición en clara desventaja respecto a Rusia y Canadá, de cara a los próximos años, tal y como opina el profesor de relaciones internacionales, especializado en Rusia, de la Universidad ICESI, Vladimir Rouvinsky. "Donald Trump se ha dado cuenta de la importancia estratégica que tiene la zona, pero sabe que Rusia y Canadá parten con ventaja porque empezaron a invertir en la zona hace años", dice Rouvinsky.

El territorio de Alaska es la única soberanía que EE.UU. ejerce en la región y ante una escalada del interés en la zona se antoja insuficiente, de ahí la intentona, aunque fuera de forma inocente, de conseguir Groenlandia. Además, como señala Rouvinsky, "la rentabilidad histórica con Alaska fue enorme, algo que empujó a Trump a intentar lo mismo con Groenlandia".

Hacerse con Groenlandia es algo que ya se sondeaba entre los círculos de los asesores del presidente Trump en los últimos meses. No es la primera vez que un mandatario de Estados Unidos trata comprar la isla más grande del hemisferio norte. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos invadió el territorio para evitar que los nazis se hicieran con él, y en 1946, el presidente Truman ofreció 100 millones de dólares por ella.

La soberanía marítima ártica no está definida y Rusia presiona desde hace años

El hielo se derrite y los intereses aumentan. Fuentes de Greenpeace afirman que el grosor del casquete polar mermó un 40% en los últimos 30 años; paso previo significativo que indica que puede llegar a desaparecer. Sin aguas congeladas, la disputa por ejercer sobre esas zonas será mayor. Actualmente, no hay legislación sobre la mayoría de ellas, ya que apenas pasan barcos y nunca vivieron seres humanos.

Así lo considera también el profesor de la facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, Jochen Kleinschmidt, que asegura que "lo único que puede resolver las diferencias son los conceptos geológicos, pero que estos, a menudo, no están bien definidos ni correctamente explorados".

Lo único que está acordado en la zona es que cada Estado puede poseer hasta 200 millas marítimas mar adentro, en lo que se conoce como "Zona Económica Exclusiva" tal y como recoge la Convención de Naciones Unidas de Derechos sobre el Mar. Pero como se aprecia en la siguiente imagen, hay muchos kilómetros cuadrados que quedan fuera de cualquier soberanía.

El espacio que no abarcan las 200 millas marítimas de la ZEE aún está congelado, pero en el futuro podría no estarlo, y es una gran cantidad de territorio que en la actualidad no pertenece a nadie.
El espacio que no abarcan las 200 millas marítimas de la ZEE aún está congelado, pero en el futuro podría no estarlo, y es una gran cantidad de territorio que en la actualidad no pertenece a nadie. FRANCE 24

Rusia quiere ampliar su territorio hasta más allá de las 350 millas marítimas y lleva envuelta décadas en litigios para demostrar que esas aguas son suyas. "El interés de Putin es enorme, llegaron a mandar submarinos para evidenciar que la plataforma continental se extiende mucho más allá de las 200 millas", asegura el profesor Rouvinsky.

Vladimir Putin sabe que la legislación internacional, por medio de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental, podría darle la razón si demuestra que esas aguas pertenecen a la placa euroasiática, ocupada al norte por Rusia. El problema es que la mayoría del océano Ártico tiene una profundidad baja –de apenas 500 metros- y es difícil determinar a qué placa pertenece cada porción de territorio.

Soberanía necesaria para explotar recursos

Se estima que el Ártico posee el 30% de las reservas mundiales de gas natural y el 13% de las de petróleo. La mayoría no son rentables por su difícil acceso en la actualidad, pero podrían llegar a serlo en las próximas décadas si el calentamiento global continúa disminuyendo la placa de hielo.

Groenlandia es una de las zonas que más riqueza en combustibles fósiles posee, pero las necesidades de Estados Unidos no van tan encaminadas hacia la obtención de petróleo y gas, por varias razones. En primer lugar, Estados Unidos podría alcanzar la autonomía energética si se consolida el uso de la técnica del fracking.

Plataforma petrolífera instalada dentro de la zona ártica.
Plataforma petrolífera instalada dentro de la zona ártica. iStock

Además, se está hablando de que no podrán extraerse estos recursos hasta dentro de varias décadas y es probable que el modelo de consumo haya cambiado para ese entonces.

Lo que puede interesar más a Estados Unidos es la alta concentración de tierras raras que existe en Groenlandia. Esta isla podría contener un tercio del total de los 120 millones de toneladas de tierras raras del planeta y aunque el país norteamericano ya firmó un convenio de extracción, le interesaría tener un acceso ilimitado a ellas.

Con estos óxidos minerales se fabrican infinidad de materiales electrónicos, algo que posee una mayor rentabilidad temporal que los combustibles fósiles, y Estados Unidos se enfrenta en la actualidad a que China posee el monopolio de las extracciones de estos productos, al poseer 17 minerales raros diferentes dentro de sus fronteras.

Con el deshielo, las rutas comerciales podrían cambiar (y China y Rusia lo saben)

Sin hielo, o con capas mucho más finas, se liberarán millones de kilómetros cuadrados que se podrán aprovechar para nuevas rutas comerciales. En la actualidad son fundamentales los canales de Panamá y Suez para conectar al Atlántico con el océano Pacífico e Índico, pero todo hace indicar que dos rutas alternativas reducirán los tiempos de viaje: la ruta del noroeste y la del noreste.

En ambos casos será, como se observa en el mapa, imprescindible el paso por Groenlandia, ya sea por la bahía de Baffin, que comparte junto a Canadá, o por el mar de Groenlandia, en el caso de la ruta del noreste. En la actualidad, Estados Unidos solo posee el control sobre el estrecho de Bering, que comparte con Rusia.

En verde la futura ruta del noreste, que está llamada a reemplazar el paso por el canal de Suez con su ruta por la costa norte rusa. En rojo la ruta noroeste, que cumplirá la función de dar alternativa al canal de Panamá.
En verde la futura ruta del noreste, que está llamada a reemplazar el paso por el canal de Suez con su ruta por la costa norte rusa. En rojo la ruta noroeste, que cumplirá la función de dar alternativa al canal de Panamá. FRANCE 24

La relevancia que alcanzarán estas rutas tiene opiniones diversas. Para el profesor Kleinschmidt, es difícil que estas rutas quiten protagonismo a otras como la Ruta de la Seda china porque "se debe considerar que la Ruta del Mar del Norte apenas tiene infraestructura de búsqueda y rescate, y que es extremadamente costoso asegurar el tráfico de carga marítima all".

Sin embargo, el profesor Rouvinsky opina que estas rutas "pueden suponer un 'plan B' para China que hagan que sus productos se alejen de las tensiones del estrecho de Malaca y del terrorismo y conflicto que puedan surgir a su paso por el Golfo de Adén y el Mar Rojo". Todo ello conllevaría una inversión muy grande de China en Rusia para construir instalaciones portuarias que le permitan controlar la zona y ayudar a dar salida a los productos siberianos.

Cambia el comercio, pero también la seguridad de los Estados

Cuatro de los cinco estados árticos son miembros de la OTAN. Rusia está sola en el control militar de la zona, pero sin embargo es la única que se movilizó en este aspecto hasta ahora. Desde hace 10 años, el Gobierno ruso ha reforzado la presencia militar en la zona y rehabilitado antiguas bases construidas durante la época soviética que fueron abandonadas.

Vladimir Putin es consciente de que a lo largo de la historia su país fue prácticamente inexpugnable por el norte, pero que ahora esa situación puede cambiar y para ello se debe reforzar esa zona.

Pero la realidad es que, a día de hoy, y aún a pesar de que los miembros de la OTAN no aseguraron posiciones en la zona todavía, la capacidad militar rusa no es lo suficientemente grande para aprovechar las oportunidades que se brindan a la hora de crear una armada más potente para aprovechar la liberación de hielo de sus puertos.

Para todos estos problemas tan solo hay una institución internacional creada, El Consejo del Ártico. Con una capacidad de actuación muy limitada, son los propios Estados los que deciden no otorgar competencias a esta organización, que dista mucho de poder resolver las posibles diferencias que surjan a lo largo de los próximos años entre los países con reclamaciones territoriales en la zona.

La carrera por el Ártico va avanzada y Estados Unidos quiere más.

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