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Colombia: un posconflicto agridulce, según el último informe de una organización civil

La gente sostiene carteles con la fotografía de Temístocles Machado, líder social colombiano asesinado, durante una protesta contra el asesinato de activistas sociales, en Bogotá, Colombia, el 26 de julio de 2019.
La gente sostiene carteles con la fotografía de Temístocles Machado, líder social colombiano asesinado, durante una protesta contra el asesinato de activistas sociales, en Bogotá, Colombia, el 26 de julio de 2019. Luisa Gonzalez / Reuters

Tras un año de Gobierno de Iván Duque, el balance tiene más sombras que luces, según la Fundación Paz y Reconciliación. Pero no todo es pesimismo. La Colombia del posconflicto ha tenido importantes avances.

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No es la Colombia en guerra de los primeros años del siglo XXI. Y los indicadores lo avalan, según el informe de una de las organizaciones civiles más reputada para el análisis del conflicto en ese país sudamericano, la Fundación Paz y Reconciliación. Sin embargo, todavía no es tiempo para celebrar.

Los secuestros, los homicidios y todos los indicadores relacionados con el conflicto cayeron dramáticamente en comparación con los años previos al acuerdo de La Habana. Pero si el Estado no llega a tomar decisiones más fuertes en cuanto la implementación de los acuerdos, Colombia podría volver a escenarios del pasado.

“Entre 2012 (año del comienzo de las negociaciones) y 2017 cayeron todos los indicadores de seguridad asociados al conflicto” confirmó Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación.

Sin embargo, Ávila alertó sobre el crecimiento de grupos armados ilegales en muchas de las zonas que dejó la antigua guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Los principales actores son variados: guerrillas tradicionales como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), nuevas disidencias de las FARC que no se acogieron al acuerdo y ejércitos de grupos armados ilegales que operan como franquicias asociadas al narcotráfico.

Ávila advierte que antes de que las FARC entregaran las armas, llegaron “a operar en casi 300 municipios. Hoy hay 123 donde hay copamiento criminal”. Aunque el informe también destaca que en 150 de esos municipios el posconflicto se asentó y la violencia política no retornó.

Y no es el único logro. La reducción de los índices de violencia, en un panorama más amplio, es notable. Solo basta ver las cifras de Colombia cuando estaba en el pico de la guerra, a comienzos del siglo XXI. El homicidio se redujo. De una tasa de 34 por cada 100.000 habitantes en 2012, pasó a 24, y el secuestro pasó de casi 3.300 casos al año en 2002, a 40 en lo que va corrido de 2019.

La caída de la cifra de desplazamiento forzado también es impresionante. En 2002, un año donde se recrudeció la violencia paramilitar y la exguerrilla de las FARC estaba en expansión, la población que fue víctima de desplazamiento forzado ese año casi alcanza los 800.000 colombianos. En 2018, la cifra, aunque todavía alta, fue de 157.000.

Las sombras de la Colombia del posconflicto

Según Ávila, la principal preocupación es el crecimiento de los grupos de disidencia de las FARC que no se acogieron al proceso de paz o que decidieron mantener su control de economías ilegales en las regiones.

“Las disidencias pasaron de 58 municipios en octubre del año pasado a 85 municipios”, afirmó Ariel Ávila a uno de los medios locales. Y la fundación estima que son cerca de 2.000 guerrilleros distribuidos en 23 grupos de disidencia. La relación entre los cultivos de coca y esos grupos también parece una variable directa.

Presencia de grupos ilegales en Colombia y zonas con cultivos de coca
Cruce de mapas de las zonas con más cultivos de coca en Colombia y la presencia de grupos armados ilegales. Fuente Fundación Paz y Reconciliación France24

Las zonas con más alta densidad de cultivos de coca, sufren la mayor parte de la presencia de esos persistentes grupos ilegales. Esos grupos estarían mayoritariamente en cinco subregiones: Nariño y Cauca,  Catatumbo frontera con Venezuela; la circundante al Nudo de Paramillo, el sur del Meta  Guaviare y la Sierra Nevada de Santa Marta.

La Fundación Paz y Reconciliación advierte que el mayor riesgo es el posible rearme de una nueva guerrilla que una a la disidencia política de los excomandantes de las FARC, que evadieron sus compromisos con el acuerdo, y las disidencias militares del Guaviare al mando de Gentil Duarte. Según Ávila, este sería el peor escenario y “dependería de la cantidad de mandos que reincidan. Ya hubo una reunión entre ellos el 2 de mayo cerca de la frontera con Venezuela”.

El presidente Iván Duque ha insistido en una política que llama “paz con legalidad” que busca llevar el Estado a lugares tradicionales de los ciclos de violencia, es decir, sitios donde el abandono ha sido histórico. El 27 de agosto de 2019, el presidente pidió a la ciudadanía y las fuerzas políticas reunidas que denunciarán cualquier información relevante para desarticular a los que denomina “grupos ligados al narcotráfico”.

En Colombia habrá elecciones regionales en octubre, un periodo particularmente violento y de alto riesgo. Tras el anuncio, el mandatario, que hace parte del partido Centro Democrático, que se opuso a las negociaciones con las FARC, firmó simbólicamente un pacto de unión entre las fuerzas políticas en este periodo pre-electoral. Otro de los firmantes fue Rodrigo Londoño, principal líder del hoy partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC). Un escenario impensable hace unos años.

Sin embargo, el pacto puede quedar en letra muerta si otros aspectos del acuerdo no se implementan. Los críticos de Duque advierten que los avances en el punto de desarrollo rural son escasos, un punto fundamental de los acuerdos de La Habana. El Centro de Memoria Histórica de Colombia señala en su informe Basta Ya señala que una de las causas principales del largo conflicto en el país fue el atraso en el campo y la desigualdad en la propiedad rural.

Ese atraso se suma al asesinato de excombatientes que le apostaron a la paz, al de líderes sociales que son arquitectos de los acuerdos en las regiones y al crecimiento exponencial de los cultivos de uso ilícito. En ese panorama de implementación a medias del acuerdo, el escenario de posconflicto en Colombia arroja más sombras que luces. Pero los años de la violencia y guerra más cruentas, están lejos.

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