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Døds or alive: desafiar la gravedad con los "saltos de la muerte" en Oslo

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Oslo (AFP)

Lanzarse desde diez metros de alto, someter el cuerpo a una llegada dolorosa, encogerse antes del impacto con el agua: el "døds", pasatiempo concebido al principio para impresionar a las chicas, seduce a impetuosos decididos a desafiar las leyes de la gravedad.

Esta disciplina nacida en el seno de una banda de amigos en Noruega hace casi medio siglo, que se podría llamar "saltos de la muerte", ya aparece tímidamente más allá de las fronteras del reino.

Esbeltos y tatuados, jóvenes y menos jóvenes, unos cuarenta "dødsers" muy saludables rivalizaron en audacia en el "campeonato mundial de døds" el 17 de agosto en Oslo. Participaron noruegos, suecos, un español, un danés y un finlandés.

Primera secuencia. En el complejo municipal Frognerbadet, junto a un gran trampolín blanco, se preparan, se calientan, hacen ejercicio.

"Se siente un poco el nerviosismo, claro", dice Morten Falteng, de casi 60 años, el competidor más decano y uno de los pioneros de la disciplina, que comenzó a practicar con cuatro compañeros en 1972.

"No se reflexionaba mucho en la época, queríamos divertirnos. Nos lanzábamos, saltábamos, queríamos hacer algo nuevo", recuerda, vestido con un bañador a la antigua con rayas rojas y blancas. "Y estaban siempre las cinco chicas que venían a vernos..."

La práctica siguió hasta que otro grupo de amigos noruegos creó en 2008 el primer "campeonato mundial". Un nombre entonces muy pomposo que solo se justificaba porque uno de los participantes había sido adoptado en Guatemala.

- Domar los elementos -

Segunda secuencia. A diez metros de la piscina se muestran los músculos, se anima a los espectadores galvanizados por una poderosa música. El motor de los "dødsers es la adrenalina".

"Cuando estoy arriba en una competición, todo el miedo desaparece. Podría hacer lo que fuera. Pero si no hubiera espectadores, estaría petrificada", dice Miriam Hamberg, sueca de 22 años.

Desde hace dos años la prueba fue abierta a las mujeres que compiten en su categoría. Siempre ha ganado esta joven sueca.

"Mis hermanos hacen esto desde siempre y yo quiero hacer como ellos, de ninguna manera seré menos buena", señala.

Tercera secuencia: se lanzan...

Adiós a la tierra firme. Los cuerpos se propulsan hacia dos elementos, aire y agua, que deben ser domados.

El tiempo suspende su vuelo, o tal vez mejor, volar suspende el tiempo.

- Espíritu de compañerismo -

Dos pruebas se suceden.

El "døds" clásico, donde uno se lanza al vacío, con los brazos cruzados como en el salto del ángel, antes de cerrarse al último momento con el cuerpo haciendo una especie de bola o en forma de camarón, con los pies y las manos por delante, para luego abrirse tras el impacto y producir un gran splash y salpicar de agua a lo máximo.

Y el "freestyle", o saltos espectaculares, piruetas insensatas y efectos "slow motion" que dan la impresión de flotar en el aire lentamente. Figuras normalmente improvisadas en el último segundo.

"Es difícil de describir", indica Joan "Fly" Fuster, español de 29 años que vino de Menorca para la competición. "Me encanta verdaderamente esta sensación de volar y ser libre. Como si no hubiera gravedad durante un segundo".

A 70 km/h cuando se entra al agua, no se permite el error. Por supuesto estamos lejos de los peligrosos saltos mortales desde los acantilados realizados en México u otras partes del mundo, pero el precio a pagar aquí son las contusiones, los vértigos o los golpes de la rodilla contra la nariz.

Cuarta secuencia. Se sale de la piscina, hay alegría, claudicaciones, felicitaciones o consuelos. El espíritu de compañerismo de los inicios reina todavía. Felicitaciones y abrazos entre "competidores" parecen sinceros.

En el borde de la piscina, un jurado otorga las calificaciones según el estilo, el tiempo, la originalidad, el tamaño del salto.

Secuencia final. Beben cerveza, se abrazan otra vez, se hace la fiesta.

"No es un deporte que requiera mucho", afirma el franco-noruego Paul Rigault, responsable de la Federación de "døds". "Es suficiente tener una pantaloneta, un pequeño trampolín y todo el mundo se divierte".

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