El fantasma de una caza de brujas planea sobre la aerolínea hongkonesa Cathay Pacific

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Pekín (AFP)

El miedo crece en la compañía aérea hongkonesa Cathay Pacific que a pesar de afirmar que "ni se imaginaba" destituir a sus empleados que apoyan las manifestaciones prodemocracia, está empezando a despedirlos bajo la presión de Pekín.

Hong Kong, región semiautónoma del sur de China, vive desde junio su peor crisis política en los últimos veinte años tras una ola de protestas casi diarias contra el ejecutivo local, lo que hace temer una injerencia creciente del poder central chino.

Este terremoto político también salpicó a Cathay Pacific, cuyos dirigentes se preguntan si deben autorizar a sus trabajadores a apoyar públicamente las manifestaciones aunque esto pueda indignar a las autoridades chinas y poner en riesgo sus actividades comerciales en China continental.

Hasta mediados de agosto la posición de la aerolínea, una de las empresas hongkonesas más conocidas en el resto del mundo, consistía en defender la libertad de expresión, un valor anclado en esta excolonia británica.

"Tenemos a 27.000 empleados en Hong Kong. (...) En nuestro personal hay prácticamente todos los puntos de vista", había declarado John Slosar, presidente de la compañía.

"No nos imaginamos imponerles lo que tienen que pensar", había defendido.

Sin embargo, la posición de la empresa dio un giro de 180 grados después de que la dirección general de la aviación civil china exigiera que aquellos empleados favorables a las protestas no pudieran formar parte del personal de abordo en los vuelos que se dirijan a China continental o atraviesen su espacio aéreo.

- "Alimentar a un lobo hambriento" -

En agosto la compañía ya despidió por motivos políticos a cuatro empleados, entre ellos dos pilotos.

Rebecca Sy, una delegada sindical y azafata del aire, aseguró la semana pasada haber sido despedida sin aviso previo ni ninguna explicación.

"A partir de ahora es como si tuvieran que alimentar a un lobo hambriento", explicó Sy describiendo la actitud de Cathay Pacific ante las autoridades chinas.

"¿A cuántas personas tendrán que echar para satisfacerles?", se preguntaba en declaraciones a la AFP durante una manifestación contra el cambio de posición de la dirección de la aerolínea.

Sus empleados denuncian una caza de brujas contra todo aquel que muestre algún tipo de apoyo a las manifestaciones.

"Estamos vigilados, es evidente", indica un miembro del sindicato del personal de abordo, que prefiere conservar su anonimato.

En un correo electrónico enviado al personal, el director de Cathay Pacific, Tom Owen, les advirtió del riesgo de participar en la huelga prevista para el lunes y martes de la semana que viene.

La compañía ya advirtió en un comunicado a sus trabajadores antes de la manifestación no autorizada del miércoles de que "mantenía una política de tolerancia cero ante cualquier apoyo o participación en manifestaciones ilegales".

Además, la autocensura se impregnó entre los empleados que borraron los mensajes que publicaron en las redes sociales en apoyo a las protestas.

"Antes éramos un buen equipo (...). Pero ahora nadie confía con ningún compañero y durante los vuelos prácticamente no hablamos sobre los asuntos de Hong Kong", lamentó un empleado en declaraciones a la AFP.

- Dimisión del presidente -

Este clima del miedo en la aerolínea muestra la situación más que delicada de las empresas hongkonesas.

El presidente director general de Cathay Pacific, Rupert Hogg, dimitió a mediados de agosto y las acciones del grupo cayeron.

Intentando satisfacer las exigencias de Pekín, esta compañía corre el riesgo de manchar su buena reputación, que se ve reflejada en su 4ª plaza en el ranking Skytrax, una clasificación de referencia de las aerolíneas.

En torno al 20% de los vuelos de Cathay Pacific se dirigen o parten de China continental, según los expertos. Muchos turistas chinos utilizan el aeropuerto de Hong Kong para beneficiarse de las conexiones internacionales de la aerolínea hongkonesa.

"China representa ahora un mercado muy grande y las empresas no pueden ignorarlo", recuerda Terence Tai-Leung Chong, economista de la Universidad China de Hong Kong.

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